Rafael Riqueni del Canto nació en Sevilla un tórrido agosto de 1962, en la calle Fabié del barrio de Triana. Luego volvería a nacer varias veces más en otros sitios. Tampoco hay que insistir en la parte oscura de su biografía. En todo caso, aquel 16 de agosto fue cuando alumbró por primera vez un genio del toque. Un genio en su más amplia acepción. Un genio callado, humilde y con un aire apesadumbrado. Como uno de esos genios malditos. Un hombre que contesta con frases cortas ideas grandes.

Riqueni presenta nuevo trabajo discográfico, Herencia, con el que homenajea a sus grandes referentes y que da continuidad a Parque de María Luisa, con el que por fin salió de un silencio de dos décadas. Pero para Riqueni, ya lo saben los buenos aficionados, el silencio es importante. Esta medianoche, en la bodega Los Apóstoles de González Byass, dentro del 24 Festival de Jerez, Toca toque. Y estará arriba un grande.

¿De quién se siente heredero Rafael Riqueni?

Heredero de todos los grandes artistas que con la guitarra, con el cante y con el baile nos han dejado su esencia, sus falsetas, sus quejíos y sus bailes. Nos han dejado esa esencia para nosotros llevarlos a nuestro terreno y aprender de ellos. 

¿Cada vez se arrincona más esa esencia?

Para mí no, porque yo he sido siempre un aficionado de todo lo que ha llegado a mis manos: desde el Niño Miguel hasta Mario Maya, al que por cierto hay una dedicatoria en el disco, o Morente, que también tiene una granaína dedicada; y después, mis compañeros, Tomatito; Paco de Lucía, por supuesto; Manolo Sanlúcar; Serranito; Joaquín Amador… en fin, todos los guitarristas que me han marcado en mi carrera.

¿Qué ha aprendido de ellos en este tiempo?

Muchísimo, claro. Todas las técnicas, el sabor, la esencia… He aportado a este trabajo mi música y mi personalidad, pero tiene pequeños guiños a ellos porque han sido mis maestros. Unas cosas sonarán a Paco, otras a Manolo… es lógico porque yo vengo de ahí.

Las influencias son inevitables hasta encontrar el camino propio.

Exactamente.

¿Falta esa personalidad?

Bueno, los chavales de hoy están buscando un camino, están mucho con la técnica, pero yo lo viví también en mi generación. Cuando éramos más jóvenes queríamos destacar y entonces queríamos impresionar mucho. Hoy la juventud lo vive igual, pero puedo decir que la guitarra joven está en un momento fantástico. Hay guitarristas jóvenes que tocan extraordinariamente y con un futuro magnífico.

¿Hasta qué punto es importante el silencio? ¿Hay demasiado ruido, también en el flamenco contemporáneo?

Llevas mucha razón en eso. Aparte se ha perdido un poco lo de la fiesta, el juntarse. Vivimos en otros tiempos. Cuando era joven después de un festival nos juntamos, nos íbamos por ahí de vinos y tal, y eso se ha ido perdiendo. En el Candela nos reuníamos Enrique Morente, Pepe Habichuela, a veces iba el maestro Paco de Lucía… y echábamos ratos increíbles.

Retrato del guitarrista de Triana, durante la charla con este medio. FOTO: MANU GARCÍA

Flamenco, clásica y jazz. ¿Cuándo ha escuchado a Falla o a Chick Corea qué le han aportado?

Sí, mi primera referencia fue la Suite Iberia de Albéniz, que cuando por primera vez la oí me quedé impresionado. A partir de ahí me enganché a la música clásica y no paré de escuchar de todo: Turina, Falla, Granados, Bach… todos los españoles, los europeos… Luego, me dediqué a escribir mi música en partitura porque pensaba que no era suficiente con tocar, tenía que saber lo que tocaba. Después vinieron algunos arreglos de cuerda para mi discos, fui avanzando y cada vez me gustaba más la escritura musical. En cuanto al jazz, no es lo mío, ni lo entiendo muy bien, pero he hecho algunas colaboraciones. Siempre he sido un músico muy abierto a las colaboraciones y a las fusiones.

¿Un maestro sigue aprendiendo?

Por supuesto. Y más con la guitarra, que es infinita. Nunca dejes de aprender, siempre estás en una lucha con ella, buscando cosas nuevas, es una maravilla poder aprender de la guitarra todos los días.

Cuando a uno le consideran uno de los grandes maestros del toque de todos los tiempos, ¿pesa más la guitarra y la responsabilidad?

Por supuesto que sí. Tienes que dar la cara de una forma a lo que corresponde y a lo que te consideran. Estamos preparados, muy serios y centrados para dar al público lo que requiere el concierto.

¿Las fatigas, las penas, ayudan a ser mejor músico?

Todas las experiencias ayudan al ser humano a desarrollarse en la vida.

Moraíto decía que el dolor, fortalece.

Sí, sabes que he tenido unas circunstancias en los últimos años muy duras, y ahora que por fin veo la luz, mi vida, gracias a Dios, funciona. Tengo a mis hijos y a mi familia contenta y eso es como un milagro. Y sí, sales más fortalecido, más maduro, y todo eso es bueno.

Riqueni, en rueda de prensa, en la previa del Festival en la Casa del Vino, este pasado viernes. FOTO: MANU GARCÍA

Y en su caso, y en estos tiempos de tanto individualismo, hasta con el cariño y la solidaridad de la profesión, el reconocimiento de los compañeros.

Sí, la verdad que los compañeros han estado siempre conmigo, han estado muy apenados y disgustados con las cosas que me han pasado, la prisión, todo, y he notado un cariño increíble. Y también del público en general. La respuesta de todo el mundo, con ese cariño, no tengo con qué pagarla.

¿Le da miedo de algo?

Sí, me da miedo ahora mismo, que estoy en un momento delicado, fallar en un concierto, o hacer algo indebido, o que no estén todos los cálculos. Hay una responsabilidad muy grande.

Pero está en un buen momento, el metrónomo funciona.

Bueno, en mi edad, que tengo 57 años (sonríe), estoy bien de salud, el metrónomo, que es el corazón, funciona bien, y eso es lo más importante. Y después, pues con la guitarra tú sabes, estudiando todo lo que puedo para que los niños no me ganen en las escalas (sonríe).

Eso es difícil, cada vez van más rápido.

Eso es difícil, cada vez van más rápido (sonríe).

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