Mateo Soleá: "Antes tenías que cantar a un señorito por fuerza; hoy no pasa fatigas nadie"

El emblemático artista de Santiago, camino del medio siglo en el cante, habla de su vida, obra y del estado actual del flamenco un día antes de regresar a los escenarios, dentro del 24 Festival de Jerez

Mateo Soleá, posa tras conversar con lavozdelsur.es, es martes en la Casa del Vino. FOTO: MANU GARCÍA
Mateo Soleá, posa tras conversar con lavozdelsur.es, es martes en la Casa del Vino. FOTO: MANU GARCÍA

Acaba de concluir la rueda de prensa para presentar los espectáculos que este miércoles, ya en la recta final, se suben a los diferentes escenarios del 24 Festival de Jerez. Uno de los protagonistas es Mateo Soleá, nombre artístico del cantaor gitano del barrio de Santiago Mateo Jiménez Soto (Jerez, 1951). Al filo del medio siglo en el cante, el artista jerezano está expectante ante el recital que ofrecerá este miércoles 4 de marzo, a las seis de la tarde y junto al toque de Malena hijo, en el Palacio de Villavicencio.

"Estoy deseando que llegue, me voy a ir dos horas antes a comer por la Alameda Vieja", dice socarrón, hiperbólico como su largura al encarar seis estilos de soleá diferentes o al ir a rebuscarse por seguiriyas. "Tengo ganas de cantar, me he llevado ocho o nueve meses que no cantaba ni en la ducha, y me encuentro con facultades para hacer todo lo que llevo aquí metido en mi cabeza", expone a lavozdelsur.es, ya fuera de los micrófonos de la conferencia de prensa en la Casa del Vino.

Maqueado, con sus anillos de oro y encorbatado, Mateo es un dandi del cante jondo de los que quedan ya pocos. Muchos le reconocen por su última etapa al frente del emblemático bar Gitanería, que clausuró sus puertas en plena calle Ancha después de grandes fiestas a puerta cerrada y de "dar de comer" al Festival. "Qué pena de mi bar...", lamenta Mateo, que aún recuerda aquella mítica fiesta inmortalizada en el documental El cante bueno, duele, con el llorado Moraíto cocinando setas a la plancha y mollejas, y Diego Carrasco amenizando la juerga.

Un momento de la conversación con este medio. FOTO: MANU GARCÍA

Ha sido de las últimas grandes fiestas imborrables de un cantaor que atesora en la memoria un legado junto a los grandes genios de la edad dorada del cante. "No se me olvida una fiesta en la que se casó una hermana de El Pipa, que vino Camarón con el pare de Paco de Lucía, con Antonio; los dichos de los gitanos de las toronjas… en Lebrija también he vivido muy buenas fiestas…", rememora.

Su referente: Antonio Mairena. "Y mira que renegaba Agujetas de él, pero luego lo escuchas y se lo cogía todo". Su credo: el cante solo se canta con dolor, con fatigas. Es decir, con verdad y necesidad. Y "escuchando mucho". "Yo llevo ya 45 años en esto. Canté en la plaza de toros, debuté con Manuel Morao, con 14 o 15 años, en los Viernes Flamenco; y yo lo he tenido todo, lo he vivido todo y he estado en todos los mejores sitios". Antes que artista, Mateo es gran aficionado. Hombre claro, es lo que te digo, artistas son muy pocos, pero todos quieren serlo. La Priñaca me sentaba y ponía la mano aquí, y yo le preguntaba ¿Tía Anica, ese cante de quién es? Y me decía, Mateíto, esto es de Frijones, esto de Juanichi… y entonces cuando hablo, hablo con propiedad. Y lo demuestro. Eso no lo hace cualquiera".

Japón es con diferencia el mejor sitio de todos, te hacen reverencias, te saludan, te preguntan por los cantes… eso es bonito

Era otra época, menos acelerada, "con otros valores". "Los niños, esta juventud de hoy, quiere saber ya, pero tienen que aprender mucho, y pasar fatigas, que eso es muy importante. Si no pasas fatigas, no eres buen cantaor", defiende. ¿No se pasan hoy fatigas con tanta crisis, tanto paro, tantos problemas para llegar a fin de mes? Responde: "Fatigas eran antes, hace 60 o 70 años, cuando estaba el Troncho, el Batato, Tío Borrico, El Serna, el Sordera… esa gente que iba a buscarse la vida a la venta Benjamín o a la Pañoleta, y ganaban dos duros y se iban corriendo pa su casa para que su mujer pusiera el café y comprara el pan. Hoy no pasa fatigas nadie. O tenerle que cantar a un señorito por fuerza, como antes... Hay que pasar hambre para ser buen cantaor".

Otro momento de la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

¿Se valora a los maestros? "¿Te digo la verdad? Hay algunos que han encontrado el camino, pero no se dejan llevar, no te preguntan, lo hacen a su forma y a su manera, y para mí eso no es. Escuchas, pides un consejo a alguien que sea auténtico, pero ¿así cómo van los niños hoy...? Porque cantan por bulerías ya se creen que son artistas. No señor". Y abunda: "¿A los maestros? Nooo, ¿aquí en Jerez? Aquí no dan el sitio, seguro. Todo está muy veleta, no vienen a preguntarte. Tío Mateo, quiero cantar por seguiriyas, ¿cómo ve esto? Entonces, si les das la información correcta pues es mejor. Muchas veces escucho a gente cantar que me pregunto: ¿esto cómo es, por qué lo haces así? Hombre, estás quitándole todo el gustito que tiene el cante, o la letra... Hay que escuchar mucho para cantar. Para mí hoy, uno es el chiquillo este, el Mijita, con buena voz para soleá y seguiriyas. Pero luego hay consagrados como Jesús Méndez y David Carpio que también".

El dueño del mítico bar Gitanería —"Oh mi bar, qué dolor. Qué buenas fiestas se han montado allí. Estaba en un mal sitio porque no podía aparcar nadie. Venían los guardias, quitaban los coches, se iban para otro lado. En mi casa estaba el Cigala, Canelita, el Marsellés… en el Festival todo el mundo comía allí…"— estuvo antes 14 años trabajando como cantaor en una academia en Suiza. Y también salió a Londres con Ana de los Reyes "tres años seguidos". "Mi mujer tenía un trabajo muy bueno, un buen sueldo, y nos hemos ido bandeando, pero yo he salido mucho a cantar fuera", asegura. Y por encima de todo, Japón. "Japón es con diferencia el mejor sitio de todos, te hacen reverencias, te saludan, te preguntan por los cantes… eso es bonito. Ahora hoy vas a una peña, cantas los seis cantes y salen corriendo los niños".

¿Hay poco interés? "Hombre claro… así es". ¿Y la política, qué hacemos? "Eso es lo más malo, eso es lo más malo… Se hace el silencio. Mira al frente. "Bueno, me voy a ir para allá, sobrino...".

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