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La posguerra civil española ha sido visitada en muchas ocasiones por la literatura y el cine. Con el tiempo la atmósfera gris, enrarecida, y asfixiante de aquellos años se ha convertido en un territorio cuasi mitificado parecido al de la Guerra de Secesión Americana para Hollywood.

LOBOS SUCIOS (España, Bélgica, 2015) (105 minutos). Dirección: Simón Casal
de MiguelGuión: Paula Cons, Felipe Rodríguez, Carmen Abarca, Noelia del RíoFotografía: Sergi Gallardo. Música: Sergio MoureReparto: Marian Álvarez, Manuela Vellés, Pierre Kiwitt, Isak Férriz, Thomas Coumans, Sam Louwyck.

La posguerra civil española ha sido visitada en muchas ocasiones por la literatura y el cine. En el franquismo temprano autores como Juan de Orduña (Porque te vi llorar, 1941), Lorenzo Llobet (Vida en sombras, 1948), o José Antonio Nieves Conde (Surcos, 1951) presentaban la visión oficial de esos terribles años de miseria y represión. A partir de los años 70, Saura, Borau, Erice, Gutiérrez Aragón, Fernán Gómez, etc, han ido recuperando la memoria de aquellos a los que el régimen desterró, acalló o simplemente eliminó físicamente. Con el tiempo la atmósfera gris, enrarecida, y asfixiante de aquellos años se ha convertido en un territorio cuasi mitificado parecido al de la Guerra de Secesión Americana para Hollywood. Es un fondo naturalista sobre el que se proyectan dramas costumbristas, romances, intrigas políticas, historias fantásticas o incluso relatos folletinescos por entregas.

El director novel gallego Simón Casal ha puesto en pie una historia de espías, guerrilleros, guardias civiles y nazis en la Galicia de los primeros años 40, que intenta aunar algunos de estos géneros. La época, con los nazis ocupando media Europa y tutelando la España de Franco, y los aliados inseguros sobre la deriva del régimen, se presta a los personajes extremos, a la épica del héroe anónimo, vulnerable pero incorruptible frente al villano fascista o nazi, representación del mal.

El título de la pelicula, Lobos sucios, parece hacer referencia al origen etimológico de la palabra wolframio: los mineros medievales supersticiosamente atribuían a la baba del diablo, encarnado en los lobos, las propiedades extraordinarias de ese metal.

El propio Simón Casal cuenta que la película está basada en hechos poco conocidos pero reales que los mayores de su familia y algunos supervivientes le contaron. El wolframio que se extraía de las minas gallegas era codiciado por los ingenieros alemanes para mejorar su armamento e inclinar la balanza de la guerra a su favor en un momento delicado para el ejército nazi. Ubicada en medio de un bosque de tejos centenarios, en la Mina del Eje trabajaron presos políticos y parte de la población de la zona que intentaba mejorar su míseras condiciones de vida vendiendo el mineral en el mercado negro.

Sobre este fondo histórico se desarrolla una historia de espías aliados, resistentes gallegos y el auxilio a judíos centroeuropeos huidos, una profusión de tramas en la que hay lugar para el romance, la intriga y lo sobrenatural. La principal de estas subtramas relata el compromiso de nuestra heroína, Manuela, encarnada por Marian Álvarez, con la causa de la libertad (recuerda a aquella interesante película de Paul Verhoeven, El libro negro, 2006).

El realismo mágico gallego también tiene su espacio en el personaje de Manuela: es una campesina analfabeta, pero oye a los árboles, empatiza con los lobos y presiente las desgracias. Y sobre todo, su feminidad emparentada con la tierra seduce al ingeniero nazi en busca de la trascendencia espiritual, de su santo grial (otra subtrama).

La historia es atractiva, aunque a veces prima el tono de folletín serial televisivo. Está bien contada y desarrollada con agilidad a pesar de las tramas paralelas, sin entrar en profundidad en ninguno de los temas esbozados. Los escenarios y la fotografía sugieren comedidamente, sin aspavientos, la Galicia milenaria de meigas, lobos y teixos.

Los actores está muy bien, especialmente Marian Álvarez (La herida, Cien años de perdón), que sobresale en su encarnación de la mujer total, madre abnegada, amante seductora y receptora de los mensajes de la naturaleza.

La bisoñez del director puede habernos escamoteado alguna escena interesante como el robo de los planos de la oficina del ingeniero por Manuela, o un final algo más sustancioso, pero en general la película supone una prometedora opera prima que se ve con agrado, y la confirmación de esa estupenda actriz que es Marian Álvarez.

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