La modernidad se impone al historicismo en la ruta por los proyectos del que fuera arquitecto municipal Fernando de la Cuadra.

Las calles de Jerez llevan el sello de un utrerano Fernando de la Cuadra e Irízar, arquitecto municipal de Jerez desde 1935 hasta 1971 y entre cuyas obras destaca el hotel los Cisnes (1938), o la Gran bodega Tío Pepe (1960). Modernidad contra historicismo, innovación frente a la arquitectura tradicional que defendía el régimen. Los arquitectos José Manuel Aladro y Manuel Castellano Román son capaces de mostrar estos rasgos característicos De la Cuadra y muchos más a un nutrido grupo que recorren junto a ellos las calles del centro, actividad enmarcada en las V Jornadas de Archivos Privados celebradas en Jerez abordando la temática Los Archivos de Arquitectura y Urbanismo.

La huella de este gigante de la arquitectura jerezana es tan honda que basta pasear desde plaza Monti hasta calle Larga para observar un resumen de su consolidada herencia en la ciudad. Ahí, en Monti, el punto de partida de la ruta De la Cuadra Yrízar, queda patente la clara evolución de las viviendas pasando del típico caserío a un edificio de viviendas del año 1973, ejemplo de modernización. Posee un patio abierto a fachada, con forma de ‘U’ que permite incrementar la ventilación y la luminosidad. Nada tenía que ver con las viviendas sociales. De la cuadra concibió un edificio resuelto con profesionalidad y enorme eficacia.

Antes de este tipo de viviendas existía entre la calle y las habitaciones privadas una pared, un límite claro entre lo público y lo privado, entre lo urbano y lo vividero. Eso desaparece con la ciudad contemporánea con edificios como este. En el proyecto original, ni siquiera existían los portones de madera que tiene ahora y el patio estaba abierto a la calle. No se trata de un mero conjunto residencial, era un reflejo de cambio en la ciudad, no solo en la arquitectura. Es por ello que en los años 60 la empresa de fotos aéreas Paisajes españoles hace un vuelo en Jerez para fotografiar este tipo de edificios “porque significaba que aquella España por fin salía del atraso, que por fin había medios y materiales para construir una arquitectura contemporánea”, cuentan los arquitectos jerezanos.

La ciudad tiene cierta prosperidad, entre otros factores propiciado por la industria del vino. El caserío de la ciudad histórica es asociado a una situación de pobreza, de insalubridad. La propia sociedad demanda edificios que representen el nuevo contexto económico y lo que se valora es eliminar las construcciones antiguas y en mal estado.

El hostal Imar es uno de los edificios que a los expertos les permite afirmar que Fernando de la Cuadra tenía una actitud continua de aprendizaje e investigación

Avanzando en el corazón de Jerez, en la céntrica plaza del Arenal, se halla el Banco Santander, también bajo la firma del utrerano, y el Hostal Imar. Los arquitectos ‘cicerones’ incluyen al último en un apartado de nuevos equipamientos “porque empiezan a hacer falta alojamientos en Jerez a mediados de los 50, algo inusitado hasta entonces”. Un solar de reducida dimensiones obliga a un ajustado desarrollo vertical del programa propio del hotel haciendo que todo el esfuerzo arquitectónico se concentre en la imagen externa del edificio. Las dos plantas fueron destinadas a recepción y cafetería y alojaba cuatro habitaciones por planta. Una hábil solución de ventilación de los aseos por encima del armario permitieron al arquitecto alternar en fachada huecos acristalados y lamas metálicas. Las fachadas definitivas destacan por su depurada composición geométrica, acentuada por su situación en vuelo respecto del basamento y por el colorido que le  imprime el mosaico cerámico al frente principal, constituyen un elemento singular en la ciudad y en la obra de este arquitecto. En la actualidad la planta baja ha sido adecuada a locales comerciales, las plantas superiores en la que se ubicaron las habitaciones, posteriormente pasaron a ser oficinas. El hostal Imar es uno de los edificios que a los expertos les permite afirmar que Fernando de la Cuadra tenía una actitud continua de aprendizaje e investigación, ya que cuando construyó lo construyó su carrera estaba más que consolidada, sin embargo, éste era único dentro de su producción. 

Según sus familiares, el arquitecto había realizado un viaje a Roma donde visitó al también arquitecto de gran prestigio nacional, José María García de Paredes. Este edificio recuerda a ciertas imágenes de la arquitectura moderna italiana.

En 1956 las denominadas barriadas blancas -La Plata, La Asunción, La Vid, La Constancia…- ya se encuentran proyectadas y en ejecución. Entonces Se la Cuadra proyecta Pío XII que junto al edificio Imar muestra un cambio en sus diseños. La clientela también era diferente, Pío XII, por ejemplo ya tiene una estructura más sólida, con un ladrillo de mayor calidad. A partir de esta época, no vuelve a hacer viviendas sociales, promovidas por la Junta Fomento del Hogar, entidad benéfico constructora.

El recorrido continúa por el centro neurálgico de la ciudad. Parada paradójica en la plaza Esteve, predecesor de Fernando de la Cuadra, donde se hallan dos de sus grandes edificios. Muestra las dos caras de su producción. Por un lado del IARA, Instituto Andaluz de Reforma Agraria (1959), que supuso la demolición de parte del mercado de abastos “que nunca debería haber sucedido porque era un edificio extraordinario". La construcción del IARA conllevó, a su vez, la demolición del convento San Francisco, del que se conserva la iglesia. “La ciudad siempre se ha construido sobre la destrucción, la demolición de edificios previos”, concluyen ambos guías.

Proporciona una imagen de arquitectura moderna que no existe en la ciudad y que tiene que hace referencia a los grandes arquitectos del siglo XX, del movimiento moderno. También ofrece soluciones en clave urbana que cada arquitecto hubiese resuelto de una manera diferente pero que han tenido cierto éxito. Con este edificio generan un espacio nuevo, más longitudinal; sustituye la planta en forma de ‘U’ de la plaza de abastos por una fachada continua que se coloca alineada con la de la iglesia, produciendo un frente continuo entre la iglesia y este edificio.

De la Cuadra introduce en él lo que se convierte en un referente icónico de la ciudad: la esquina acristalada del bar prolongando el bajo comercial más allá de donde termina el edificio para hacer una esquina curva que enlaza el espacio que se crea en el centro de la fachada con la plaza Doña Blanca de forma continua o asemejándola.

Fernando de la Cuadra, no podía desprenderse completamente del pasado al igual que el resto de los arquitectos del siglo XX. Era un profesional que se habían sumado a la arquitectura moderna y contemporánea voluntariamente, pero también entendía que los lenguajes históricos seguían teniendo vigencia, continuaban sirviendo para construir dentro de las ciudades históricas y era demandado por muchas personas. Y en plaza Esteve se encuentran ambos paradigmas de su obra. Parece que su legado dialoga cara a cara con Aníbal González, arquitecto del edificio de El Gallo Azul.

La amplia, completa y a veces caprichosa obra de la cuadra tiene cuantiosas paradas en el centro de Jerez. Una sin duda, una construcción especialmente austera la de Rianal, símbolo del progreso en la arquitectura. Los suizos Herzog y De Meuron, autores de la fallida Ciudad del Flamenco, aseguraron que éste es el único edificio de la ciudad que les interesa. Se erigió entre otros dos que nadan tienen que ver. Es uno de los primeros con visera y mediante el cual, una vez más, se refleja el afán renovador de Fernando de la Cuadra, un desconocido y olvidado Pablo Ruiz Picasso de la arquitectura.

Sobre el autor:

María Luisa Parra

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