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El éxito de David Lagos en el Festival de La Unión no puede pillar por sorpresa a nadie que más o menos siga las evoluciones del flamenco contemporáneo en general y de este curtido cantaor jerezano en particular. Al contrario, ver al artista morder la prestigiosa Lámpara Minera de la tierra levantina cual Rafa Nadal hincar el diente a la ensaladera de Roland Garros hace que muchos proclamemos un orgulloso ¡ya era hora! de honda satisfacción. David, a sus 41 años, se merecía sobradamente este reconocimiento máximo que a día de hoy puede tener un cantaor flamenco, aparte claro está de esa entelequia que es la condecoración con la mítica Llave de Oro del Cante. Su logro ha sido arrollador, pues se ha alzado con cuatro premios más gracias a su voz redonda y siempre afinada: alegrías, seguiriyas, malagueñas y cartageneras.

De natural modesto y humilde, incluso de apariencia retraída a veces en sus incursiones sobre el escenario, el menor de los Lagos artista -conviene no olvidar la portentosa guitarra de su hermano Alfredo- es un as en su oficio y un artesano integral que no sólo paladea los cantes hasta unos niveles de autoexigencia cum laude sino que, además, no es un mero recreador de estilos. No en vano, el puño inteligente y estudioso de Davile, como cariñosamente le llaman muchos de sus allegados, ha firmado algunas letras propias adaptadas a diversas variantes que han motivado un salto cualitativo en el alma de los cantes actuales.

No es raro por ejemplo oír en la voz del todopoderoso y mediático Miguel Poveda alguna de las creaciones que en su día creó Lagos. Algo acaso inédito en los últimos tiempos en la vertiente cantaora de este género patrimonio inmaterial de la humanidad cuya evolución en este terreno, el de la composición lírica, ha sido muy inferior -sin contar alguna que otra aberración comercial- frente al proceso emprendido por el toque y el baile especialmente a partir de la década 70 del siglo pasado.

El mérito de Lagos -más bien el meritazo-, por tanto, no es sólo haber conocido y aprehendido las esencias mismas de los estilos flamencos de toda la geografía jonda sin dejarse ningún palo atrás: de Huelva a Granada, pasando por Jerez, los Puertos, hasta alcanzar Levante y la ida y vuelta. Su altura artística no pasa únicamente por controlar la respiración al milímetro y dar el do de pecho si de terciar, por ejemplo, una malagueña se trata. No es sólo su exquisito savoir faire y su altísima fiabilidad en el atrás de cualquier espectáculo con la compañía del bailaor/bailaora de caché que se precie de incluirlo en su elenco -alguna vez ha contado como su inseparable Israel Galván le exigía cantar una malagueña tartamudeando en aquel montaje que recorrió medio mundo, La edad de oro, y como él se entonaba tan atónito como cumplidor-. Lo que también es encomiable y digno de elogio es su inquietud por lo que él mismo llama sus 'retoques' al cante -su segundo disco tras El espejo en que me miro se titula precisamente Mi retoque al cante jerezano- a partir de composiciones propias que siempre hunden sus raíces en lo clásico, sin estridencias ni concesiones vacuas. Letras que homenajean a los maestros y que, en paralelo, tienden puentes hacia el futuro de un arte que artistas de esta talla mantienen vivo como nunca.

¿Acaso es este payo jerezano un nuevo don Antonio Chacón en el 85 aniversario de la muerte del genial maestro? Quizás sea pronto para hacer tamaña consideración pero David Lagos ha abonado una tierra muy fértil para que sean otras generaciones las que probablemente sigan recogiendo los frutos que él se ha ganado a pulso después de casi dos décadas de siembra, tras casi 20 años en los que ha pasado por todas las etapas que debe alcanzar el cantaor, acaso cualquier artista, antes de tocar la gloria: de cantar en fiestas, pedanías, y peñas a los tablaos japoneses; de estar discreto a la sombra de maestras como Cristina Hoyos hasta llegar a protagonizar junto a su esposa, Melchora Ortega, un recital a dúo y su espectáculo Made in Jerez que en octubre próximo presentará en la Bienal sevillana.

De momento, la consagración tras prácticamente veinte años en el tajo le llega en esta nueva cuna flamenca en la que se ha convertido el certamen minero de La Unión. Quizás si alguien le escuchara con el detenimiento que merece lograríamos poner en pie ese concurso de cante que desde hace años reclama el propio Lagos para Jerez como quien pregona en el desierto. Sólo con ese tipo de iniciativas seguiremos siendo la tierra donde se dice que bien pudo acunarse el cante, con toneladas de talento, pero también con pujante porvenir. Don David Lagos ha abierto bien la senda con constancia, trabajo, respeto y talento, mucho talento. Sigan el ejemplo de este genio de la Lámpara y recuerden algunos, la unión o, en este caso La Unión, hace la fuerza.

Comunicado oficial del certamen murciano

David Lagos Aguilar se ha convertido en el nuevo ganador de la Lámpara Minera, máximo galardón del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión, dotado con 15.000 euros. Un triunfo apoteósico porque también se ha alzado con cuatro premios en las diferentes modalidades de cante: por alegrías, por siguiriyas, por malagueñas y por cartageneras. Y un triunfo muy aplaudido por el público que, una vez más, abarrotaba la Catedral del Cante. Tras recoger, entre lágrimas, su galardón, el artista repitió su minera y regaló dos cantes más a un auditorio totalmente entregado.

David Lagos ha asegurado que “al escuchar su nombre la emoción ha ido creciendo y se ha quedado sin palabras”. El premio, que ha recogido de manos del alcalde de La Unión y presidente ejecutivo de la Fundación Cante de las Minas, Francisco Bernabé, se lo ha dedicado a su mujer e hijos, y a su familia en general, teniendo un reconocimiento muy especial para el ganador de la Lámpara Minera del pasado año, Jeromo Segura, que le ha ayudado con la minera.

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