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Arráncame la vida Con un último beso de amor Arráncala toma mi corazón … El estruendo apagó la voz. La botella estalló en su cara,  los cristales la abrieron con un estrépito de sillas y gritos.  Las teclas del piano se llenaron de añicos y sangre.  Una mujer llamada Estrella, hendió aquella turbia noche el dolor  hasta lo más profundo de su memoria. Yo conocí el amor, es muy hermoso,  pero en mi fue fugaz, y traicionero,  volvió canalla lo que fue glorioso,  pero fue un gran amor, y fue el primero … Estrofa a estrofa, peleándole a la miseria su fatigoso pan, llevó su voz pequeña, susurrante, salida de entre las sombras del corazón, ahogada entre melancolías, de los prostíbulos a los cabarets.

Más tarde vendrían los teatros, las revistas donde eran suyos todos los números musicales, acompañado su piano ya por orquestas y rodeado de vedettes. Con un smoking que ya no era alquilado, interpretaba sus delicados boleros y canciones al gusto del público del momento, algunas con ecos lejanos y casi exóticos, como la famosa Granada o el chotis Madrid , que compuso cuando ni siquiera soñaba con viajar a España. Llegó a escanciar la vida en días de vino y rosas, sus discos giraban en espaciosas mansiones, entre licor, lencería y diamantes,  sin embargo en cada canción fugaz asomaban los filos dolorosos de su pasado. Este escueto dandy  arrabalero,  nunca pudo  quitarse el sabor  del maquillaje barato, del tugurio oscuro, de la pasión  traicionera y canalla, le quedó como el hábito de acariciarse la cicatriz que cruzaba su desgarbado perfil, desde el lóbulo a la comisura de los labios.

Amor por ti bebí mi propio llanto amor fuiste mi cruz, mi religión Es justa la revancha y entretanto  sigamos engañando al corazón Las suturas interiores de aquellas cicatriz nunca acabaron de cerrar, el músico poeta necesitaba abrir esa herida para arrancar de ese dolor sus canciones. Nadie conocía esta agonía de hurgar en la llaga de la memoria, rascando la costra de tantas ilusiones perdidas, quedó expuesto a una devastadora nostalgia que fue ensombreciendo su vida.

Se encontró con la vejez, de repente, casi a traición, como si arrancaran un afiche de la pared , así pasó su gloria.  Pasaba las largas noches con su triste mirada vagando insomne por el techo, apenas alumbrada por los farolitos de los recuerdos, desesperadamente carnales. Un rosario que engarza  nombres de mujer donde solo se musitan  los misterios dolorosos. Vende caro tu amor aventurera  da el precio del dolor a tu pasado  Y aquel que de tu boca la miel quiera que pague con brillantes tu pecado. El mes de noviembre de 1970, a los 70 años de edad, cerró su piano definitivamente,  un cigarrillo seguiría expandiendo  el humo por su historia.  Su agotada sombra cruzo hacia la rotonda de hombres ilustres mexicanos. Él, como la pecadora del evangelio, como las que habían cruzado su corazón y sus frágiles boleros,  había amado mucho. La noche había acabado para Agustín Lara. Dos de su versos le sirven de epitafio: Pobres manos alas quebradas

Eusebio Calonge es dramaturgo y escritor.

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