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A la orilla íbera del océano Atlántico y a espaldas de las marismas del Odiel, son muchas las voces expertas que sitúan los primeros asentamientos de la civilización Tartéside en nuestra tierra. Cohesionados bajo el eje vertebral del río del aceite, por aquel entonces conocido como Tartessos y bajo el cobijo de desembocadura del Tinto, esta sociedad sin precedentes encontró una incipiente progresión en su desarrollo. Desarrollo previo a un rápido decaimiento y desaparición, condenando a siglos de olvido e inadvertencia, un antiguo legado que, con toda certeza conforma nuestro presente. Se preguntará cuál es la relación entre este breve preámbulo histórico, que además nos sirve de introducción, con nuestra línea temática. Seguro que ya lo habrá adivinado. Hoy escribimos sobre la magnífica banda de los 70, Tartessos.

Permítanos por lo tanto el presente prolegómeno, no sin antes señalarles algunos curiosos paralelismos entre la banda y la acaecida cultura, a la que con toda seguridad rememoraron los miembros del conjunto. No es sólo la localización geográfica sino que, salvando las pertinentes diferencias, parece establecerse un símil entre la evolución del grupo con el devenir de la civilización Tartéside.

Tartessos es un grupo formado allá en 1968 en tierras onubenses aunque con mayor actividad en Sevilla, con una trayectoria que se pierde por la disolución del conjunto en 1976. Formado por Pepe Roca y José Barros (guitarras y cantantes), Manuel Marinelli (teclados), Eliseo Alfonso Bazo (bajo) y Antonio Tacita (batería). Es decir, el germen de la indiscutible banda posterior Alameda, sin la cual no podría ser entendido el propio rock Andaluz.

Inicialmente el conjunto se conforma bajo el nombre Keys, que mantendrán hasta 1972, a partir de ese momento serán conocidos como Tartessos, uno de los precursores por excelencia del rock en nuestra tierra.

En sus comienzos, Tartessos realizaban un rock mucho muy estándar, cantando en inglés y tocando temas de The Allman Brothers Band, con guiños a Jethro Tull o Caravan. En esa línea graban cuatro singles entre 1973 y 1974 para el sello Phillips, que después desembocaron en el elepé Tiempo muerto, publicado en 1975, y que generó un quinto single.

Tiempo muerto es un elepé de claro corte comercial, sobreproducido y acotado en lo que respecta a la libertad compositiva de los componentes. Ello genera una extraña composición de tinte collage, intercalando melodías facilonas de la escena beat inglesa con algunas canciones al más puro estilo rock progresivo con claras influencias de Genesis o Yes.

Destaca sobre las once canciones que conforman el disco la mítica y enigmática “Living for the Moon”, un tema que parece ser extraído del mismísimo Tales from Topographic Oceans y que nos da una idea bastante acertada acerca de la calidad que estos chavales de “veintipocos” venían desarrollando. Puro rock progresivo de la primera oleada (al menos en nuestra tierra), pilar o augurio de los acontecimientos venideros que estaban a punto de estallar.

El mayor éxito lo obtuvo este grupo con el tema “Bandolera”, de corte más pop y que llegó a sonar en las emisoras de radio de la época.

En 1976 se disolvieron, incorporándose Marinelli y Roca a Alameda y dejando la música el resto de los componentes.

Como anécdota hay que reseñar que mientras los primeros singles se editaron con una sola “s”, para la edición del elepé el grupo optó por poner una “s” más, no sabemos si por cuestiones legales de registro público o simplemente por considerarlo una modernidad.

Es Tartessos no sólo una referencia en lo que respecta al rock progresivo andaluz, sino una de las primeras huellas de aquel movimiento que comenzaba a dar sus primeros pasos, bajo la protección de una sociedad sedienta de libertad.

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