Dani Llamas: "Cuando uno echa de menos su tierra se vuelve más papista que el Papa"

En castellano y rescatando cantes flamencos de otro siglo, 'La Verdad' nació antes de la pandemia y estalla ahora en un primer directo en Málaga que ha agotado sus entradas en 15 minutos. Bunbury o Amaral ya han hecho públicamente de prescriptores del nuevo proyecto del artista de Santiago

Dani Llamas, en una imagen para una entrevista con lavozdelsur.es a finales del pasado 2019.
Dani Llamas, en una imagen para una entrevista con lavozdelsur.es a finales del pasado 2019. MANU GARCÍA

¿Cómo de peligrosamente ha vivido el último año?

Pues ha sido un año nefasto para la humanidad, pero sinceramente, a nivel personal, no me puedo quejar. Ha habido cambios y todos han sido buenos, tanto vitales como a nivel de publicar un disco con una repercusión a la que no estaba acostumbrado.

Uno de los cambios personales del último año ha sido trasladarse con su familia de Madrid a Sevilla. ¿De qué ha salido huyendo?

Era un cambio que se venía barruntando en el interior de la familia. Como emigrantes, andaluces exiliados, que no estábamos en Madrid porque nos apetecía, sino que nos fuimos incluso con una cría buscando un futuro mejor, decidimos en mitad de la pandemia pasarla en Jerez porque rodábamos un documental en Cádiz. Y ahí cambiamos de opinión. Ahora vemos que las ciudades tan grandes ya no son un lugar para vivir, aunque ya lo teníamos claro desde hacía años. Dimos el volantazo, pero no fuimos nada originales porque de la clase de mi hija se fueron de Madrid unas nueve familias. Escapando no sé de qué, pero al menos sí de una ciudad que se ha convertido en una ciudad un poco imposible para según qué gente y qué trabajo. Es muy dura, ¿eh? Te exprime muchísimo. De momento hemos tenido suerte.

Uno de los temas de ‘La Verdad’ evoca aquella letra de la Serneta, ‘Fui piedra, perdí mi centro, y al cabo de mucho tiempo, mi centro vine a encontrar’. ¿La mudanza ha tenido conexión con este tema capital en el nuevo disco?

El disco fue generándose antes y di con la clave de Fui piedra a finales de 2019, casi en el último mes que estuvimos en Madrid. Con estrofas antiguas y otras mías hice un trabajo de collage, y vi que funcionaba. A partir de ahí, casi como una revelación, tuve el disco en diez días. Lo grabé con Rafa (Camisón) y en marzo estaba masterizado y acabado, pero me estalló la pandemia en la cara.

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Cubierta de 'La Verdad', que también está disponible en vinilo.
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Bunbury y su 'playlist' de 2021.
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Tuit de Amaral sobre 'Fui piedra'.

Es el primer proyecto en castellano. ¿Necesitaba que le entendieran mejor?

Creo que en realidad es así. Es una cuestión de cabezonería y empirismo. Llevaba tantos años escribiendo y cantando en inglés que el resultado ha sido que tocaba más fuera que dentro de España. Me iba a grabar un disco a Los Ángeles porque me había fichado un sello americano. Ahora sí que es verdad que necesitaba un poco más de contacto con mi realidad diaria, con la comunicación diaria. A partir de ahí, he entendido que lo global empieza por lo particular. Pero lo que no quería era hacer un ejercicio de estilo en castellano solo por cantar en castellano… Desde el principio tenía claro que para empezar a hablar en castellano tenía que hablar en jerezano. Quería contar cosas de Jerez, de historias y leyendas de Jerez, y relacionadas con mi infancia y con un sentimiento de pertenencia a un lugar concreto con los conflictos de ese lugar. Necesitaba buscar mi voz de verdad en castellano, y eso tenía que estar necesariamente ligado a las raíces.

Algunos títulos del disco aluden a espacios físicos de Jerez, como ‘Caulina’, ‘Pozo de la Víbora’, ‘Salto al Cielo’… y entiendo que también son territorios mentales, ¿no?.

Al principio quise que fuera todo más radical, solo topónimos de la tierra, solo lugares que existen de verdad, por supuesto también en el mundo rural, pero al final vi que había una textura mucho más profunda. Pero sí tenía claro que esta ciudad que amamos y odiamos es una agrociudad y no se puede entender sin el campo, y ahí hay guiños a eso.

'La Verdad' se estrena en Málaga, las entradas se han agotado en 15 minutos

Lo que Dani Llamas (Jerez, 1980) define como "25 años haciendo raca-raca, a ver si algún mes podía pagar la luz gracias a la música”, es en realidad un cuarto de siglo de compromiso social y artístico lejos del mainstream. Lleva 14 discos a sus espaldas, es hiperactivo creando, estajanovista en el trabajo, pues lo mismo produce y realiza un documental con la productora que tiene junto a su mujer, Silvia, que se mete a grabar un disco cuando no ha empezado a rodar el último.

Con un aire a un Neil Young del barrio de Santiago, menos skater que en sus tiempos mozos, menos grunge o powerpop, ha pasado (sin abandonarles) de Elliot Murphy, John Hiatt y Ryan Adam a La Serneta, El Cabrero o Tío Borrico. Este mes se estrena banda y disco en Málaga, el próximo jueves 15 de abril. Pero no pierdan el tiempo: las entradas se han agotado en 15 minutos. Quizás no se esté hablando lo suficiente de otra de las grandes revelaciones (para algunos) de la música andaluza. La música grande, verdadera y cabal de este geniecillo efervescente de la cuna del cante jondo. 

Dentro de todo esto, usted que es del barrio de Santiago, conecta además con el flamenco, que puede ser lo más parecido a géneros como el punk, el rock, el blues o el pop en la identidad cultural de Andalucía. ¿Por qué ahora?

Exacto. Es una música de verdad. Ya llega un momento que cuando te haces mayor hay cosas que te parecen de plástico y entonces tiendes a buscar solo la verdad de las cosas, ya sea en las artes o en la política. La idea era quitar la ojana y con el flamenco me ha pasado eso, que es una de las músicas que considero de verdad, que te pellizca aquí y ahora, y que era algo que llevaba muchos años escuchando y que ha ido acrecentándose desde que me fui fuera de Andalucía. De eso ya hablaba Hegel, que cuando uno echa de menos su tierra se vuelve más papista que el Papa. Ese camino que vas haciendo de vuelta ha eclosionado con este disco, con La Verdad. Por fin.

¿Qué cree que tiene esta ‘Verdad’ que ha encandilado a artistas consagrados como Bunbury o Amaral, que han halagado públicamente el trabajo?

No tengo la suerte de conocer a estos artistas en persona, por lo que creo que, de repente, teniendo en cuenta que ni he pegado un cambio tan grande, ni el disco es de flamenco, ni por asomo, este encuentro entre la música que llevo haciendo toda la vida con otra cosa que no había hecho antes, por lo que sea funciona. Hablamos de canciones pop con hondura, con profundidad. Fui piedra creo que a todo el mundo araña un poquito, pero es porque la música popular tiene una hondura tan grande que nos trasciende. Esta soleá de La Serneta, que vete a saber quién la escribió en el siglo XIX, al final la metes en el siglo XXI en una canción y sigue dándote un puñetazo en la cara.

Al final, lo moderno es bajar al pozo…

Es lo más guay de todo esto. Sigue siendo moderna, mucho más moderna que lo que hemos llamado modernidad. La cultura popular tiene muchísima importancia, es la que tiene ese sustrato, la raíz es poderosa. Hay una memoria escondida que llevamos en común y al final sale. Eso tiende puentes entre las personas.

"Lo revolucionario es crear comunidad y resistencia de pueblo, eso es muy peligroso para el poder"

¿Dónde se pone el listón?

Hace mucho tiempo que le pegue una patada al listón, no funciono en esos términos. Solo intento, cada vez más, acercarme a las cosas que intento hacer para hacerlas bien y que me gusten. En realidad, es lo que he intentado desde que empecé. Si en este disco ha sonado la flauta porque gusta, pues mejor. Estoy grabando canciones nuevas y no sé cómo van a funcionar, pero sigo indagando más en el flamenco. Tengo mucho interés en seguir investigando por esta verea.

¿Un músico llena la nevera sin bolos?

No la llena con la música, obviamente. Me gusta decir esto porque al final la música en este país no es un trabajo, no lo ha sido nunca. En ese sentido, falta mucho por valorar y apoyar. Es un sector muy precario y entiendo que muchos lo devalúen porque necesitan comer. Tengo la suerte de no depender de la música para comer y eso significa que mucha gente en este país puede dedicarse a hacer música porque tienen un piso heredado y no tienen que pagarlo, o bien porque tienen otro trabajo que les permite dedicarse a la música. A la música solo se dedica por entero ahora mismo un selecto grupo que ha podido tener un colchón para aguantar el bache.

‘La Verdad’ empieza ahora su aventura en directo. ¿Eso es vital para que cristalice el disco, no?

Me encanta el estudio, pero sobre todo me gusta tocar en directo. Este año es muy difícil prever nada, pero parece que todo pinta que a partir del verano, con esto de las vacunas, puede que volvamos a funcionar. Hay conciertos cerrados, el 15 de abril en Málaga, que es el primero primero de todos, y luego ya va habiendo goteo en Valencia, Murcia, Cádiz, algunos festivales… con muchas ganas de ir a todos sitios, pero lo importante es que se pueda hacer bien, con la gente tranquila y disfrutando.

En una época de tanta incertidumbre, catástrofe y polarización, ¿qué es lo revolucionario?

Lo revolucionario es lo de siempre, no soy nada idealista, soy muy materialista: que la gente tenga acceso a vivir mejor, que tenga cubierta sus necesidades, una buena atención sanitaria pública, un colegio público digno… mejores trabajos y derechos laborales… aspirar a eso es lo revolucionario; y luego como individuo, que la gente tenga más derechos civiles. Que nadie se moleste porque se amplíen derechos a quienes no los tienen. Eso, y crear comunidad y resistencia de pueblo, eso es muy peligroso para el poder. Hay que dejar de ser células individuales que a veces se juntan y volver a crear comunidad.

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