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Crítica de la película 'La gran apuesta', de Adam MacKay.

La gran apuesta (The Big Short, 2015, Estados Unidos, 123 min.). Director: Adam MacKay. Guión: Adam McKay, Charles Randolph (sobre la novela de Michael Lewis). Música: Nicholas Britell. Fotografía: Barry Ackroyd. Reparto: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt, Hamish Linklater, Marisa Tomei. 

Es difícil adscribir La gran apuesta a cualquiera de los géneros tradicionales. Tiene algo de drama basado en hechos reales, de película de atraco de guante blanco, de comedia y sobre todo de docudrama. La película dirigida por Adam Mackay (1968), compartiría estante con El lobo de Wall street (Martin Scorsese, 2014), La gran estafa Americana (David O. Russell, 2013), Wall street, el dinero nunca duerme (Oliver Stone, 2010), pero también debe mucho a algunas ilustres y más antiguas como Los hombres del presidente (Alan Pakula, 1976),o incluso con ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1964).

Se trata de películas de ficción pero pobladas de personajes históricos, reales y que, a la vez que explican una situación de crisis colectiva, denuncian contradicciones, irregularidades o flagrantes fraudes cometidos al amparo de un sistema democrático. Tratan de sacar al espectador medio de la estupefacción que la situación política, financiera o social le provoca y de la cual no posee todas las claves.

La gran apuesta (su título en ingles, The Big Short, hace referencia a la operación financiera de apostar por la bajada, aparentemente inimaginable, de unos activos que parecen seguros, sólidos) muestra los momentos previos y contemporáneos a la crisis financiera de 2008: el desplome de gigantes de la banca, fondos de inversion, entidades financieras que obtenían sus beneficios con la especulación inmobiliaria y el negocio de las hipotecas.

Varios documentales han explicado las causas y las consecuencias de esta crisis. La uvas de la ira (novela y película de 1939) mostraba las consecuencias del crack de 1929 sobre la población trabajadora, no cualificada; su desamparo y la falta de cobertura social de un sistema capitalista inhumano en tiempos de crisis. En la España de 2016 el largometraje del director jerezano Juan Miguel del Castillo Techo y comida resulta demoledor en su denuncia de la ruina moral de un sistema que aboca al desahucio y la desesperación de las familias

Lo novedoso de La gran apuesta es que la lupa se pone directamente en el despacho de los tiburones de Wall street, de la gran banca o de las agencias de calificación: los despachos donde la codicia es la única ley, y el lenguaje financiero ejerce de sortilegio que convierte a indeseables matones en sacerdotes de una religión infame. La gran apuesta muestra a aquellos individuos que habitan el ático penthouse, se desplazan en limusina, el cuello de su camisa está siempre impoluto pero su conciencia está negra.

En esta jungla, un grupo de pícaros conocedores de las claves del negocio, ve lo que los expertos financieros no pueden o no quieren ver, que las costuras del sistema están a punto de reventar, y se disponen a robar a los ladrones. Un montaje vertiginoso, con Ryan Gosling como maestro de ceremonias, nos va introduciendo a cada uno de estos espabilaos, que saben cómo descodificar la combinación de la caja fuerte, como desactivar el sistema de seguridad, cómo engañar al mentiroso. La tension dramática de la historia está en saber si finalmente ganan los malos o los espabilaos.

Adam Mackay dirige con caligrafía muy personal una suerte de presentación powerpoint donde el lenguaje visual publicitario marca el ritmo de las imágenes. El montaje alterna diálogos eléctricos, para el espectador común encriptados, con exteriores de textura documental o intervenciones rápidas de celebrities a modo de spots publicitarios e intención explicativa. El ritmo febril de los operadores bursátiles, de los nuevos charlatanes, está reforzado por una banda sonora eléctrificada y deliberadamente enervante.  El trabajo de los actores es siempre efectivo; sobresalen Steve Carrell y Christian Slater, pero los demás no desmerecen.

La película de MacKay es muy interesante para aquelllos espectadores que quieren entender mejor cómo se fraguó la burbuja inmobiliaria y la enésima crisis del sistema capitalista. Aquellos espectadores interesados por el uso del lenguaje para encubrir la verdad, la encontraran igualmente paradigmática: el engaño y la codicia enmascaradas tras palabras ininteligibles para el ciudadano. Los espectadores que esperan una comedia inteligente sobre ladrones de guante blanco pueden impacientarse con la verborrea financiera y sentirse decepcionados por la falta de glamour de los protagonistas.

En cualquier caso es una película necesaria para entender nuestro tiempo, que entretiene lo justo, y funde con personalidad el lenguaje publicitario con el documental y el propiamente cinematográfico. Las palabras de Antonio Muñoz Molina en Todo lo que era sólido parecen gemelas de las de Mark Twain citadas al principio de La gran apuesta: “lo que provoca la crisis no es lo que no sabes; es lo que tienes como cierto pero que no lo es.”

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