En una mañana de cielos grises y con una excelente oferta cultural sobre el tapete —con la exposición de Juan Ángel González de la Calle en ArteaDiario y el homenaje a Francisco Daza en los Claustros de Santo Domingo—, la Asociación Pie de Página volvió a llenar este sábado el patio del CEIP Miguel de Cervantes. Se presentaba el que viene a ser el sexto volumen de su elegante colección de poesía: Colina del limonar del malagueño Álvaro García. Fue un acto íntimo y sincero, como el propio libro, dirigido por Raúl Pizarro y presentado por el poeta y editor José Mateos.
De su autor poco se puede decir que ya no se conozca: profesor, poeta, novelista y ensayista de lucidez e inteligencia envidiables, Premio Hiperión por La noche junto al álbum (1989) y Premio Loewe por Canción en blanco (2011), poemario que fuese además elegido como "mejor libro de poesía en español en el año 2011" por El Cultural.
El libro, aunque escueto —compuesto exclusivamente por siete poemas— deleita al lector con una lectura intensa, acogedora y profunda, así como con la técnica exquisita y depurada a la que nos tiene acostumbrado el autor malagueño. Se trata, en palabras de José Mateos de «una poesía exigente que hace pocas concesiones al lector, que dice siempre más de lo que parece y produce una emoción más viva a cada nueva lectura». Esta afirmación se hace patente desde el primer verso: “la casa nos vivió y algo dejó en las manos”.
La magia del poemario, volviendo a citar a Mateos, radica en «su capacidad para transformar el dolor en una caricia, en una música». Premisa que no solo se desvela a nivel metafórico, sino que nos transporta a esa dulce musicalidad que Álvaro García sabe imprimir a cada verso. Una cadencia que lleva al lector con buen oído a encontrar breves los poemas más extensos. Así sucede con la composición que abre el poemario, la cual, aun ocupando casi la mitad del libro, es capaz de atraparnos de principio a fin con su música bien medida y su creciente intensidad.
Pero no estamos ante un libro de poemas largos, pues como contrapunto a este primer poema brota la fugacidad del haiku que le precede y de otras composiciones que ocupan apenas una página, una demostración gráfica de que es la poesía misma quien elige sus límites. En este sentido, decía el propio Álvaro en la presentación del poemario que "la poesía breve es la verdaderamente ambiciosa" y la definía como "una felicidad concreta, acuñaciones de aquello auténtico que nos resulta importante". Sabe el poeta que la poesía requiere el espacio justo para decir aquello que tiene que decir y que la calidad de un poema no se mide por el número de sus versos sino por la verdad que sea capaz de contener: "siempre aconsejo a mis alumnos, esa generación inmediata de Chat GPT, que escriban sobre lo que de verdad les importe, sobre aquello que resuena de verdad en nosotros".
Al ser preguntado por el particular uso del tiempo en su poesía, el autor expresó su intención constante de romper la sucesión lineal de las historias: "protesto ante quien defienda que la poesía debe ser lineal y homogénea, las cosas en la vida no suceden tan seguidas". Defendiendo una concepción de la poesía como el ir y venir de la marea, como el tiempo que florece ante nuestros ojos en ese efímero espacio de la acción que acontece entre los flashbacks del recuerdo y los flash forwards de aquello que está por venir, en ese “intercambio de luz entre morir y aún”.
Solo al sentirse en ese estado de tránsito puede el lector ser alcanzado de lleno por versos tan potentes como ese “ahora que tus ojos coinciden con la luz”, una línea capaz de condensar en cada palabra la proximidad de la muerte y el dolor de la perdida, o aquel otro que cierra el primer poema “otra vez te has dejado la lámpara encendida”. Una suerte de comunión que nos hace ser conscientes de que, en este tiempo prestado que es nuestro paso por el mundo, “somos disolución en aire y en camino”. En resumen, un libro tan breve como intenso que, además de hacernos conscientes de nuestro ser y estar, nos invita a volver a subir y bajar por esa colina del limonar que es nuestra vida.



