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Nos queda la imagen de un hombre íntegro, inteligente, sensible y comprometido pero insatisfecho con su país.

Trumbo (Trumbo, Estados Unidos, 2015): director: Jay Roach; guión John MacNamara; fotografía: Jim Denault. Música: Theodore Shapiro; reparto: Bryan Cranston, Diane Lane, Helen Mirren, John Goodman, Roger Bart, Michael Stuhlbarg, Louis C. K., Dean O’Gorman, Elle Fanning…

Dalton Trumbo (1905-1976) fue uno de los más cotizados guionistas de Hollywood desde los años cuarenta hasta bien entrados los sesenta del pasado siglo. Fue un miembro destacado de la clase intelectual, académica y artística norteamericana que comulgó con las ideas del New Deal (nuevo contrato) del president Roosevelt para sacar de la pobreza a las capas más castigadas por la crisis y reordenar el sistema financiero de los Estados Unidos tras la Gran Depresión, entre los años 1933 y 1938. Durante la Segunda Guerra Mundial, con el sacrificio humano de la Unión Soviética en la lucha contra el nazismo, algunos de ellos, fue el caso de Trumbo, se afiliaron al Partido Comunista.

Fueron tiempos duros para aquellos que de alguna manera cuestionaron el estilo de vida americano porque los colocaba peligrosamente fuera de la corriente principal, ya no eran uno de los nuestros. La Guerra Fría propició el miedo, la desconfianza y la delación de supuestos enemigos del país, disidentes, sindicalistas, artistas homosexuales con tendencias socialistas e incluso de comunistas infiltrados. La Caza de Brujas del Senador McCarthy en los años cincuenta contra personalidades públicas con ideología socialista, liberal o comunista (compañeros de viaje), tuvo un amplio apoyo de las clases populares que habían interiorizado ese miedo al diferente.

Trumbo es una narración pormenorizada de los años en los que el escritor sufrió desprecio, prisión y ostracismo social por ser la cabeza visible del grupo de los 10 de Hollywood, escritores de la industria cinematográfica que se negaron a contestar las preguntas del Comité de Actividades Antiamericanas porque atentaban contra la libertad de conciencia defendida por su constitución.

El director Jay Roach (1957) ha dirigido algunas comedias (la saga de Austin Powers) y alguna película para la productora HBO con la política americana como tema, pero Trumbo es hasta ahora su película más relevante y premiada. Utiliza un guión de John MacNamara, basado en la biografía escrita por Bruce Cook, para presentar a un Dalton Trumbo con atributos de héroe: es la lucha del individuo frente a los aplastantes poderes de la maquinaria del estado. Posibles zonas oscuras de su biografía quedan apenas sugeridas o eliminadas. Es lo que se dice una biopic en toda regla.

Los diálogos son excelentes, tanto en las escenas de intimidad familiar como en aquellas intervenciones públicas o conversaciones con colegas o miembros famosos de la comunidad cinematográfica hollywoodiense. El equilibrio entre las dos facetas de Trumbo, de personaje público, mundano y controvertido y de ciudadano corriente, familiar y trabajador, están muy bien entrelazadas en la película.

Tras ver la película, nos queda la imagen de un hombre íntegro, inteligente, sensible y comprometido pero insatisfecho con su país; pero sobre todo un trabajador irredento, un escritor febril, que a veces se debate entre la lealtad y el compromiso social y su necesidad de reconocimiento como autor.

Este retrato de Trumbo no sería tan vívido sin el trabajo de Bryan Cranston. Extraordinariamente matizada y compleja su actuación nos conmueve, le da al personaje un vuelo dramático, épico y tierno a la vez. Un registro bien diferente al del Sr. White de Breaking Bad.

El resto de los actores es otro espectáculo: Diane Lane, como Cleo Trumbo, está estupenda; Helen Mirren encarna a la columnista de cotilleos Hedda Hopper y se come literalmente a sus partenaires en sus escenas; otro tanto se podría decir de John Goodman, como uno de los hermanos King.

Los actores que encarnan a estrellas como John Wayne, Edward G. Robinson o Kirk Douglas (David James Elliot, Michael Stuhlbarg y Dean O`Gorman), a productores onmipotentes como Louis B. Mayer (Richard Portnow), o directores como Otto Preminger (Christian Berkel) son muy convincentes en sus recreaciones. Hay toda una alfombra roja desplegada ante nosotros que hace de Trumbo una película muy atractiva para los mitómanos también.

Trumbo es una película muy edificante sobre los excesos del poder sobre el individuo, sobre la manipulación de la opinión pública y sobre la valentía y coherencia ética de algunas personas. Como biopic ilumina el lado heroico del personaje histórico, obviando contradicciones o errores.

Curiosamente, mientras Dalton Trumbo cumplía condena en la penitenciaría de Ashland, Gary Cooper, un testigo colaborador con el Comité de Actividades Antiamericanas, se metía en la piel del sheriff Kane, abandonado por sus convecinos de Hadleyville (Hollywood?), y se enfrentaba a la banda de forajidos que aterroriza a la ciudad, en Solo ante el peligro.

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