¿Existe realmente el libre albedrío? ¿Está en nuestras manos el rumbo que toman nuestras decisiones? Esta cuestión, planteada incontables veces desde que somos animales autoconscientes, es expuesta de nuevo y de manera didáctica por El dilema de las redes. Yuval Harari cuenta en su último libro cómo la mismísima Disney responde a esta pregunta en una brillantísima Del revés (Inside Out, 2015): no somos enteramente libres cuando decidimos torcer a izquierda o derecha, creemos serlo, pero en realidad una combinación de impulsos químico-eléctricos que enlazan neuronas y sinapsis, que nos vienen por defecto al nacer o las desarrollamos al crecer, toman las decisiones por nosotros. Son estos los que nos dicen lo que queremos hacer. En la sala de control no hay un yo, una voluntad, sino unos impulsos que compiten por tomar el timón.

El dilema de las redes es un docudrama dirigido por Jeff Orlowski que nos muestra, con una puesta en escena ágil y entretenida, otra sala de control de nuestras decisiones, manejada en este caso, por simpáticos y algo desastrados algoritmos, encargados infatigablemente de convertirnos en yonquies enganchados a las redes sociales. La pulsión humana de contacto con otras personas nos hace vulnerables a esta Inteligencia Artificial que, mediante la acumulación gigantesca de datos personales, aprende de forma exponencialmente acelerada a interpretar nuestros deseos como usuarios y a recomendarnos satisfacciones rápidas de estos con el objetivo último de hacer ganar dinero a sus patrocinadores.

Orlowski y sus guionistas cubren todo el espectro de amenazas latentes en las redes sociales. Todo quedaría en un simple onanismo virtual, en una intromisión inocua en nuestra psicología, circunscrita a la intimidad, si no fuera por las tremendas consecuencias sociales, económicas, políticas y de salud pública que implican. La combinación de capitalismo y tecnología de la información extiende su tela de araña sobre la geopolítica internacional, mediante el lanzamiento de fake news y la manipulación de la información. La misma esencia de la democracia liberal, la decisión soberana del votante, se ve cuestionada por la intromisión de los algoritmos en nuestras decisiones. El terrorismo hace un uso cada vez más sofisticado de esta tecnología disruptiva para darle una resonancia global a sus acciones. Y, last but not least, la adicción a las redes, como cualquier otra, nos convierte en sus rehenes y su uso por adolescentes cada vez más jóvenes durante la última década ha hecho aumentar alarmantemente el índice de depresiones y suicidios juveniles.

Hace tiempo que el documental ha dejado de ser una narración en off ilustrada con imágenes más o menos impactantes. El dilema de las redes integra intervenciones de protagonistas en primera persona de ese negocio ultramillonario del tráfico de datos, programadores, diseñadores de estrategias de captación, expertos en psicología, en monetización …etc., con fragmentos de emisiones televisivas o titulares periodísticos. El testimonio de estos jóvenes cachorros de Google, Facebook, Instagram, Snapchat o Twitter, su carácter de aparente confesión sincera junto con la inserción de escenas dramatizadas de la vida familiar estandarizada provocan la empatía del espectador. 

Este inquietante a la vez que clarificador docudrama es algo más que una advertencia. La tecnología de la información puede ser una bendición o una amenaza al mismo tiempo. El dilema de las redes se decanta más por lo segundo. Los entusiastas de las redes sociales lo considerarán una exageración, una jeremiada despechada de arrepentidos de Silicon Valley dispuestos a fastidiar la fiesta global. Los reticentes a lo digital, a la diosa tecnología, lo verán como un aviso más de que viene el lobo, que la distopía ha llegado.

En cualquier caso es imprescindible verlo. Si hay que participar en el juego, al menos deberíamos conocer antes todas las fichas.

FICHA TÉCNICA

The Social Dilemma, 2020 (93 min.). Estados Unidos. Netflix.

Dirección: Jeff Orlowski. Guion: Davis Coombe, Vickie Curtis, Jeff Orlowski.

Música: Mark Crawford. Fotografía: John Behrens, Jonathan Pope.                            

Intérpretes: intervenciones de Catalina Garayoa, Barbara Gehring, Skyler Gisondo, Chris Grundy, Sophia Hammons, Kara Hayward, Vincent Kartheiser, Marty Lindsey, Tristan Harris, Tim Kendall, Aza Raskin, Justin Rosenstein, Shoshana Zuboff, Rashida Richardson, Renee DiResta, Jaron Lanier …

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