La belleza en su vertiente humanista y solidaria

El libro 'Los 7 fantásticos' diserta sobre obras de Rafael Sánchez Ferlosio, Lewis Carroll, Italo Calvino, Alejo Carpentier, Adolfo Bioy Casares, Franz Kafka y Juan Rulfo

Portada de 'Los 7 fantásticos', con imágenes de Michel Moro y edición de Pedro Tabernero.
Portada de 'Los 7 fantásticos', con imágenes de Michel Moro y edición de Pedro Tabernero.
08 de enero de 2026 a las 18:30h

El lector interesado, entre sus derechos y placeres, puede sentirse privilegiado por gozar de las ediciones que la editorial Pandora nos viene brindando desde su fundación en 1989. Por utilizar un símil futbolístico que no deja lugar a la duda, los libros editados bajo este sello pertenecen al club selecto de la Champions League. A ciencia cierta, la búsqueda de la belleza en sus insólitos y sorprendentes espacios es el eje constructivo de la editorial, junto a una armónica, perfecta y solidaria simbiosis entre el marco de las imágenes y el dominio de la palabra, o por ser más exacto, el dominio de las imágenes y el marco de la palabra.

En esta ocasión, un volumen con más de 500 páginas, titulado Los 7 fantásticos, que no son otros que Rafael Sánchez Ferlosio, Lewis Carroll, Italo Calvino, Alejo Carpentier, Adolfo Bioy Casares, Franz Kafka y Juan Rulfo, autores indiscutibles, como lo son las obras sobre las que se disertan y a la sazón se ilustran; Alfanhuí, Alicia en el país de las maravillas, El barón rampante, El reino de este mundo, La invención de Morel, La metamorfosis, Pedro Páramo.

Obras, todas ellas, en compromiso con la literatura fantástica, la imaginación a un nivel que se torna creíble, lo que viene reforzado por el trazo pictórico del artista cubano Michel Moro que aporta su abanico interpretativo con 500 imágenes. Un trabajo a priori imposible, que logra ver la luz después de casi un lustro. Michel Moro es un artista tan inquieto como polivalente.

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Una imagen de Michel Moro.

Entre sus grandes virtudes está esa capacidad por aunar tradición y modernidad, humor gráfico y compromiso, dibujo y caricatura, lo digital y lo esencialmente pictórico, sin olvidar sus estudios de Conservación y Restauración en la Universidad de las Artes de La Habana. Una dimensión tan singular como cosmopolita define su obra, pues la figura humana siempre está presente, más aún en esta obra que nos ocupa. Michel Moro ha sabido asimilar las grandes preocupaciones universales y las paradojas de la condición humana. Hay mucha firmeza y a la vez calidez en sus ilustraciones.

Un artista visual que ha colaborado en otros proyectos de la editorial Pandora. Pienso en la colección Poetas y Ciudades con su aportación en Tierra baldía en homenaje a T.S. Eliot, en “Un gozo en mi pozo” ilustrando la Canción de mí mismo de Walt Whitman o bien en la colección “Relatos del desertor del presidio”. Por tanto, estamos ante un pintor no solo de gran talento, sino con oficio, trabajo y enorme riqueza simbólica en sus creaciones.

El resultado final, a mi humilde entender, es que el lector se ve seducido para explorar los relatos que se nutren de un imaginario reconocible en la historia de la literatura y que nos vuelve a seducir con ese suplemento pictórico que nos reelabora esas mismas historias a través de la imagen. Con buen criterio, en la presentación de esta joya libresca y de otros siete magníficos títulos de la colección “Relatos del desertor del presidio”, en el Hotel Alfonso XIII el pasado 30 de diciembre, se nos orienta con tanta claridad como sensatez: “Bajo este rótulo, Los 7 fantásticos, presentamos una nueva obra de nuestra serie “Laboratorio de imágenes”.

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Una obra de Michel Moro.

“En ella, la fantasía, la imaginación, lo inexplicable y extraordinario, lo sorprendente y maravilloso, en suma, son condición inexcusable para pertenecer a tan selecto club. Para formar parte de este volumen no basta con mirar la realidad y contarla. Hay que ver lo que no se ve, lo que se oculta tras ella, en su fondo, lo que no se comprende con la mera razón, lo que desafía las leyes sociales y naturales sin miedo a caer en el abismo del horror”. 

De esta suerte, nos sumergimos en un mundo sensorial, donde Sánchez Ferlosio describe un mundo que se conecta con la naturaleza, que muestra y demuestra que todo tiene alma y que necesitamos sentir, experimentar a través de los sentidos desafiando lo lógico, lo tradicional, lo simplemente categórico en esta obra donde la espiritualidad es el motor de la escritura. 

De esa literatura fantástica pasamos a un terreno limítrofe con lo surreal, que a la sazón se convertirá en un clásico incontestable, pues en Alicia en el país de las maravillas, ya la ilustración es una parte esencial desde la misma concepción. En efecto, el propio autor Charles Lutwidge Dogson dibujó personajes y pasajes de la novela en un manuscrito titulado provisionalmente Las aventuras subterráneas de Alicia. Luego, tomó el seudónimo de Lewis Caroll y encargó al ilustrador inglés John Tenniel la labor de incorporar las imágenes. Nada mejor que escapar de la realidad para explorar lo absurdo, o si se quiere, el inconfundible mensaje del matemático que muestra la coexistencia de ciencia y literatura para buscar un ideal maravilloso. De hecho, la primera ilustración de Michel Moro para Alicia en el país de las maravillas alude a que Alicia y su hermana se aburren porque el libro que leían no tenía ni dibujos ni diálogos. 

Para El barón rampante, solo cabe admitir que estamos ante una obra extraordinaria, en la que Calvino fluye con natural facilidad mezclando lo real y lo fantástico, la rebeldía contra las convenciones sociales ilustrada en subirse a un árbol y vivir en él, leer con voracidad y eso que  el barón de Rodó, Cósimo Piovasco solo contaba 12 años. La libertad y la necesidad de desobediencia ante normas e imposiciones sociales, con personajes memorables y la incesante búsqueda de identidad y libertad. El escritor Manuel Moya nos retrata prodigiosamente esta obra de Calvino. Una de las imágenes más bellas de esa parte, es el beso entre Cósimo y Úrsula, probablemente porque el amor no nace por casualidad. Escena que no escapa al trazo de Michel Moro.

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Pintura del artista cubano Michel Moro.

El reino de este mundo, también se vislumbra a través de la libertad, o por ser justo, por explorar la lucha por la libertad en contextos bien definidos, la revolución francesa y la esclavitud. Ya saben, el elemento mágico junto al componente realista que deberá desembocar a la búsqueda de libertad individual y colectiva. Nada mejor que la asociación con Cervantes que simbolizar la importancia de la libertad en la literatura. En todo caso, si la narración refleja la influencia de la historia y la cultura en la búsquedad de identidad y emancipación, su nutriente más efectivo no es otro que la lucha. Después si la santería, los ritos y conjuros aportan algo, bienvenido sea. El bestiario, la muerte toman forman de impacto en las ilustraciones. Destaco especialmente, la de “Monsieur Lenormand de Mezy entró en su habitación. Mademoiselle Floridor yacía, despatarrada, sobre la alfombra con una hoz encajada en el vientre”.

La invención de Morel es una muestra primordial de la comunión entre filosofía y fantasía, donde la realidad y ficción se entrelazan de tal manera que el detonante es averiguar qué es lo real. Un asunto además, que se desarrolla a través de un diario, justificando así la condición de escritor, acaso de fugitivo,  que llega a inmortalizarse porque su conciencia ha sido usurpada por su imagen. La literatura es fundamentalmente búsqueda, aquí del amor, la realidad, la ficción, el futurismo, la soledad, lo inalcanzable, en suma, la invención de la inmortalidad espiritual. Condición que puede apreciarse , por ejemplo, en la imagen  de “Los libros mejoran un poco esta decoración. Una puerta da al corredor; otra al salón redondo; otra, ínfima, tapada por un biombo, a la escalera de caracol”.

La metamorfosis de Franz Kafka se introduce por un certero texto de presentación de Javier Salvago que refleja la transformación de Gregorio Samsa en un escarabajo, simbolizando la alienación y la rutina de la vida, iba a añadir “moderna”. De nuevo, la narración fantástica, en el más amplio sentido del término, para reflejarnos una deshumanización de la sociedad que, a fuerza de persistir, va a parecer un rasgo común. Imágenes textuales sustancialmente poéticas, como las gotas de lluvia cayendo sobre la chapa del alféizar; al otro extremo, sin perder un ápice de lirismo, una dama ataviada con sombrero y una boa de piel se mantiene erguida, pese a perder el antebrazo. La contradicción del viajante condenado a estar postrado y encerrado, nos lleva por una exploración de las presiones sociales sobre el individuo, así como sus responsabilidades familiares que, lejos de intervenir para ayudar en lo humanamente posible, la familia expresa el miedo, la vergüenza, el olvido. La madre y la hermana de Gregorio Samsa lo descuidan por completo y se ocupan de las tareas de casa. La indiferencia es una de las grandes protagonistas de esta novela tan extraordinaria.

Existe un cierto paralelismo al converger los autores aquí citados, en abordar asuntos de la identidad, la libertad, la lucha por la aceptación, la crítica a la pérdida de la humanidad en los actos más cotidianos bajo un estilo con membretes surrealistas. Parlelamente, las ilustraciones van retrazando el hilo argumental novelesco. El rojo, el negro, los tonos oscuros, los bastones en múltiples funciones, una sucesión de figuras humanas expresando temores, heridas, el inquietante perfil del escarabajo, un trágico voyeurismo y, la esperanza escenificada por un violín.

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Obra de Moro.

Pedro Páramo de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno es la complejidad narradora en su estado más puro de condensación. Como bien dice, el escritor Ángel Olgoso, Juan Rulfo fue lacónico en todo menos en su nombre, “tres talentos perfectamente combinados (escritor, fotógrafo y guionista), me revelaron también tres ideas capitales: la importancia de la brevedad, de encerrar todo en un universo de cien páginas sin una palabra de más; de exigirle un esfuerzo al lector para recompensarlo luego sin que se aperciba de ello; y de la reverberación que debe revolotear, como un persistente remolino de polvo, en la mente del lector tras la lectura de la obra”. No podía expresarse el mundo de Juan Rulfo con mayor precisión.

Luego, la memoria, los ecos del pasado, el entrelazar lo real y lo fantástico, explorar la vida y la muerte en el mágico e inspirador pueblo de Comala en México. La fórmula es a mayor brevedad mayor profundidad emocional. Las voces son historias, sufrimientos, melancolía, nostalgia, hasta la sensación de lugares atrapados en el tiempo. También el tejido amoroso que entrevera piernas entre piernas, la música y algunos rituales.

El alma se presenta como personaje, también las almas de los muertos que hablan entre sí. Michel Moro capta magistralmente ese fragmento clave donde el alma del protagonista se va a liberar de una atormentada existencia. Las ilustraciones de Michel Moro se acompañan siempre de una frase de las siete obras magníficas, ejerciendo de recordatorio o de invitación a descubrir dichas obras: “Y tu alma? ¿Dónde crees que haya ido? —Debe andar vagando por la tierra como tantas otras; buscando vivos que recen por ella. Tal vez me odie por el mal trato que le di; pero eso ya no me preocupa. He descansado del vicio de sus remordimientos.”

Por consiguiente, lectoras y lectores, no les queda otra. Es el momento  de “la reverberación que debe revolotear, como un persistente remolino de polvo, en la mente del lector tras la lectura de la obra”.

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Albert Torés

Albert Torés

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