Los miembros de Popol Vuh.
Los miembros de Popol Vuh.
De aquella recopilación de narraciones míticas y religiosas del pueblo maya guatemalteco, llamada Popol Vuh, terminó por hacerse eco una banda de Munich allá en los años 70. Una agrupación de especial consideración debido a la innovación y originalidad que supuso su música, en relación a los sonidos electromecánicos que imperaban en el país del Körnerbrötchen y la Weizenbier. Y aunque los hitos de ambas expresiones culturales son incomparables, Popol Vuh (la banda), fue la inspiración para una gran parte de la juventud alemana, reunida entorno a la extraña expresión de música popular que parecía resurgir de la devastación absoluta. Popol Vuh, mal llamado la biblia maya, relata la creación del mundo, así como algunas leyendas de aquel histórico pueblo. Porque… quién iba a decirles a nuestros amigos de Centroeuropa, que terminarían recurriendo a los míticos héroes gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué, nadando en el averno para recuperar la cabeza decapitada de su padre y mantener el orden. Las aventuras de Popol Vuh comienzan en a finales de 1969, momento en el que el genio Florian Fricke, Holger Trulzsch y Frank Fiedler se unen para formar un grupo radicalmente opuesto a la banalidad y el glam tardío de importación. Con la intención de ofrecer un espacio musical de convergencia entre la unidad inmaterial de la música y el macrocosmo del hombre, nace una banda con serias influencias de la filosofía oriental y la meditación mística. Así Popol Vuh explorara y desarrolla el componente terapéutico de su música erigiéndose como una de las primeras bandas new age. El esnobismo volvía a estar más vivo que nunca. La originalidad e innovación del kraut tomó dos caminos ya de sobra conocidos: la electrónica pseudo-lúdica y la electrónica pseudo-trascendental. Ambos suponen la renovación de la instrumentación y las melodías imperantes, pero ambos fracasan en sus premisas. El primero cae en la aburrida musik-maschine, el segundo acabó por generar la ambientación en las sesiones de relajación de los más prestigiosos geriátricos europeos. Pero todo eso estaba aún por llegar. A principios de los años 70 aún se creía que el kraut podría sanar la falta de creatividad y talento generacional que ya comenzaba a distinguirse.

Eran tiempos dónde el usuario recibía órdenes estrictas acerca de cómo debía escuchar el vinilo que acababa de adquirir —“escúchelo en total silencio”, “No tome alcohol o ingiera alimentos previamente a la sesión” (véase la genial “Kailash, Pilgerfahrt zum Thron der Götter”)—, dónde los conciertos se convertían en velatorios y la jovialidad en un problema de madurez. Nos enfrentábamos a algo muy serio. Empezábamos a quedarnos sin ideas. E incluso ciertas regiones de nuestra querida Europa renacían directamente con la cruz de la necedad. En fin… Hoy probablemente pensemos en aquella bendita falta de ideas. Pero considere que los finales de los 60 supusieron un bonito epílogo de la historia pretecnológica europea. Fue tan monumental el desarrollo musical y cultural, que su propio expansionismo no tenía más remedio que agotar tal eclosión de virtuosismo. Con más de 22 álbumes de estudio, Popol Vuh, cuenta con una dilatada carrera que se vio truncada con la muerte de Florian en 2001. Su obra más famosa es Hosianna Mantra (1972), un álbum etéreo y de gran originalidad en la historia de la música moderna. Florian Fricke, a los teclados, reunió a un conjunto de excelentes guitarristas (muchos de ellos provenientes de otras bandas menores de progresivo) y un cantante de ópera, con la intención de sintetizar las tradiciones de la música sacra de Europa y Asia. El resultado es una música es clara, aparentemente sin esfuerzo, modelada y rebosante de himnos y mantras entrelazados. Una obra lógicamente intelectual y espiritual que, sin embargo, careció de mayor relevancia fuera del círculo hippie. Fue el inicio de la conceptualización de la música popular, la música “para” que hoy ocupan las recomendaciones de Spotify. La música para relajarse, las canciones para la fiesta, las canciones para estudiar… Un nuevo paso en la mercantilización y el desarrollo industrial. El new age tiene también ese componente instrumental, pero bienvenido sea si con ello Fritz decide poner como guarnición a su Wienfrankfurt algo de yuca.

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