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Hoy vamos a detenernos sobre una de esas creaciones, que soterradas bajo el tiempo enarbolaron una emancipación cultural sin precedentes, para acabar en colecciones particulares sin mayor utilidad que la documental.

Sin intención de desbaratar la sorpresa, vamos a intentar contextualizar con pocos datos, un escenario alejado de la imaginería rock, pop o cualquier otra denominación. Hoy le presentamos Aguaviva.

Fue Manolo Díaz, allá por finales de los 60, que habiendo superado ya su etapa de cantautor encuentra su vocación y provecho en la producción musical. Manolo tiene una genial idea, como buen hombre de orientación artística, apasionado de la poesía y el teatro, instiga la creación de Aguaviva. ¿El objetivo? Musicalizar e interpretar en teatro a los poetas malditos y creaciones propias de alto contenido político y social. Bajo la huella de la sospecha posmoderna y el optimismo de la transición. Un proyecto entre el espectáculo teatral, la performance y lo musical.

Portada del disco 'Poetas andaluces'.

Los componentes fundamentales de su primera etapa (1967-1971) son: Manolo Díaz, compositor y líder principal, al que nunca se le va a ver compartiendo escenario con el conjunto, Paloma Pardo responsable de la logística en general, y Ricardo Luque, técnico de iluminación, construcción de atrezo y decorados que acompaña necesariamente al grupo en sus actuaciones. En las voces nos encontramos con: Jose Antonio Muñoz, Carmen Sarabia, Rosa Sanz, Juan Carlos Ramírez, José María Jiménez, Teresa Aranguren y Luis Díaz.

Los músicos en escena: José María Panizo, bajista, que va a estar en el grupo durante casi toda su trayectoria (fue además, durante más de 20 años, el contrabajista de la enigmática María Dolores Pradera). En ese desfile de nombres figura también el de Johnny Galvao, un excelente guitarrista eléctrico portugués, que los acompañó en la que posiblemente fuera la etapa más brillante del grupo. Desde fines del 70 a mediados del 71, con Poetas Andaluces en listas de éxito de varios países y el lanzamiento del LP Apocalipsis.

Y es aquí dónde vamos a detenernos. Mejor dicho donde usted recibe la invitación para descubrir la obra. Solo recordarle que Apocalipsis es uno de los mejores trabajos producidos en el contexto nacional y sobre él, puede asegurarse  un trabajo de experimentación inaudito en su época. Transgresor, subversivo... Haciendo honor a su nombre la vida fluye eléctrica y constante en la obra que no deja indiferente a ningún oyente.

El tema más conocido del disco fue Me queda la palabra con palabras de Blas de Otero. Pero no podemos olvidar El niño ha muerto que esa percusión que sobrecoge a cualquiera. La emulsiva Niña de Hiroshima dónde una voz infantil nos va desvelando la explosión atómica. Por último la psicodélica La ciudad es de goma.

En definitiva una obra conceptual que ablandó el terreno para la experimentación (con mayor o menor fortuna) de las bandas posteriores.

 

Sobre el autor:

Carlos Domínguez Rico

Carlos Domínguez Rico

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