La previsión meteorológica de la Semana Santa nunca es sencilla, pero en este 2026 exige una lectura especialmente cuidadosa. No basta con observar un mapa aislado: es necesario analizar tendencias y, sobre todo, entender el grado de incertidumbre que manejan los modelos. Para ello, los meteorólogos utilizan lo que se conoce como ensembles, un conjunto de simulaciones que exploran distintos escenarios posibles a partir de pequeñas variaciones en las condiciones iniciales de la atmósfera. En lugar de ofrecer una única previsión, permiten evaluar cómo podría evolucionar el tiempo en función de distintos caminos posibles.
Cuando todos los escenarios coinciden, la previsión es robusta. Sin embargo, cuando empiezan a separarse —como ocurre actualmente— significa que la atmósfera entra en una fase de transición y que el comportamiento final no está completamente definido. Eso es precisamente lo que reflejan los ensembles en estos momentos para Andalucía. A medida que se acerca el final de marzo, aumenta la dispersión entre escenarios. Esta divergencia indica que se rompe el patrón de estabilidad y que la atmósfera se vuelve más dinámica.
Además, hay tres elementos que aparecen de forma recurrente en muchos de esos escenarios. Por un lado, un aumento progresivo de la nubosidad. Por otro, un descenso moderado de las temperaturas, asociado a la llegada de masas de aire atlánticas. Y, en tercer lugar, la aparición de precipitaciones en varios escenarios, aunque sin una coincidencia total. Esto último es clave. ¿Significa esto que va a llover? La respuesta es que no se sabe, pero sí que la probabilidad de lluvia es mayor que en jornadas anteriores. En términos meteorológicos, esto se traduce en una idea clara: la estabilidad deja de ser el escenario dominante.
Qué dicen el modelo europeo y el modelo americano: coincidencias y diferencias
Para afinar la previsión, es fundamental comparar los dos grandes modelos globales: el europeo (ECMWF) y el americano (GFS). Ambos trabajan con ensembles, pero no siempre interpretan la atmósfera de la misma manera. El modelo europeo ofrece una señal más contenida y progresiva mostrando una atmósfera variable, con algunos escenarios que incluyen precipitaciones, pero sin una apuesta clara por lluvias generalizadas. Es un modelo que tiende a definir bien las tendencias de fondo: en este caso, apunta a una situación abierta, con riesgo de lluvia, pero sin concretar ni intensidad ni distribución.
El modelo americano, el GFS, introduce un matiz importante. Sus ensembles presentan una dispersión aún mayor, pero también muestran episodios de precipitación más intensos en algunos escenarios, especialmente entre el 29 de marzo y los primeros días de abril. Es decir, los americanos contemplan la posibilidad de lluvia, además de situaciones más activas en determinados momentos. Esto se ve claramente en sus diagramas: aparecen picos de precipitación muy marcados en algunos días, mientras otros permanecen prácticamente secos. Esta convivencia de extremos es lo que define la incertidumbre actual. Dicho de otro modo, el modelo europeo sugiere tendencia, mientras que el americano amplifica los posibles escenarios. Pero lo verdaderamente relevante es que ambos coinciden en lo esencial: no hay señal de estabilidad prolongada en ninguno de los dos modelos.
Si se traslada esta información a la superficie, el patrón atmosférico que dibujan los modelos es bastante reconocible. Se configura una situación con bajas presiones al oeste o noroeste de la Península Ibérica y entrada de aire atlántico desde el océano. Este tipo de configuración tiene un efecto directo sobre Andalucía. La mitad occidental queda más expuesta a la llegada de frentes, al situarse en primera línea de entrada de esas perturbaciones. Provincias como Huelva, Cádiz, Sevilla o Córdoba serían, por tanto, las primeras en notar los efectos de esa inestabilidad.
En cambio, Andalucía Oriental introduce un matiz importante. La mayor distancia respecto al Atlántico y la propia configuración del relieve pueden hacer que los frentes lleguen más debilitados o que, en algunos casos, no afecten con la misma intensidad. Esto podría traducirse en una situación algo más contenida en provincias como Málaga, Granada, Jaén o Almería, al menos en una primera fase, puesto que en escenarios más lejanos también se vislumbra cierta inestabilidad en esta zona. Sin embargo, esta diferencia no implica estabilidad garantizada. Si las vaguadas se profundizan o avanzan hacia el interior peninsular, la inestabilidad podría extenderse también hacia el este. Por eso, más que hablar de dos escenarios distintos, conviene entender que se trata de un mismo patrón con diferente grado de impacto según la zona.
Semana Santa: una tendencia clara, pero sin detalles definidos
El Domingo de Ramos, 29 de marzo, se sitúa en el centro de esta incertidumbre. Sin embargo, lo importante no es elegir uno de los cientos de escenarios, sino interpretar el conjunto. A día de hoy, los modelos permiten afirmar que no habrá una estabilidad prolongada, pero no permiten concretar el desarrollo exacto de las precipitaciones. Por eso, la conclusión más rigurosa es necesariamente matizada. No se puede decir que esté todo por decidir, porque sí existe una tendencia clara. Pero tampoco se puede hablar de una previsión cerrada. Hay un patrón definido, pero no un desenlace concreto.
Ese patrón apunta a una Semana Santa marcada por la variabilidad atmosférica. Lo más probable es una sucesión de jornadas cambiantes, con alternancia de nubes y claros y posibilidad de precipitaciones en distintos momentos, especialmente en Andalucía Occidental. Este tipo de situaciones es habitual en primavera, cuando la atmósfera se vuelve más dinámica y sensible a pequeños cambios en la circulación general. Por eso, la previsión más precisa —la que realmente determina el impacto en eventos concretos— solo puede afinarse con pocos días de antelación.
En los próximos días, la clave estará en observar la evolución de los ensembles. Si los escenarios comienzan a converger, la previsión ganará fiabilidad. Si mantienen la dispersión, la incertidumbre seguirá siendo elevada.
Como resume el físico de partículas y conocido cofrade Antonio Delgado en su último post de X, “para la Semana Santa está todo completamente por definir, con escenarios que apuntan tanto a un arranque estable como a otros con cierta inestabilidad”, una idea que encaja plenamente con lo que reflejan los modelos: un abanico abierto de posibilidades en una atmósfera todavía sin una evolución clara definida.
