Ya no hay dineros públicos para las cofradías

Lejos queda ya la desmesurada relación de Pacheco con las hermandades. Ahora, sin dinero para nada, políticos y prebostes de este importante segmento de la sociedad jerezana se contentan con la foto

Cospedal y Mamen Sánchez, en el palco presidencial de la Carrera Oficial, el Martes Santo de 2017. FOTO: MANU GARCÍA
Cospedal y Mamen Sánchez, en el palco presidencial de la Carrera Oficial, el Martes Santo de 2017. FOTO: MANU GARCÍA

Ahora que se cumplen cuarenta años de los ayuntamientos democráticos, viene que ni pintado echar la mirada atrás y analizar el presente en cuanto a las relaciones de las hermandades y los munícipes que han venido gobernando la ciudad. No cabe duda que la figura de Pedro Pacheco fue la más trascendente para el impulso que tuvo el colectivo cofrade. Esa mano tendida, más que mano todo el brazo, hizo posible un avance significativo de las hermandades, tanto en sus aspiraciones como ante la sociedad jerezana. Se salía de una época en la que lo cofrade era casposo, del anterior régimen, una reminiscencia de la otra España encorsetada y purista. Incluso en esa época de la dictadura, algún que otro alcalde no tragaba con esto de la Semana Santa.

Pero he aquí que los nuevos gobernantes locales cayeron en la cuenta de que detrás de los rimbombantes nombres de los prebostes que mandaban en las cofradías había una masa social que por aquella época de hace 40 años estaba implicada tanto por afición, devoción y una espiritualidad sencilla que trabajaba duro para hacer realidad una Semana Santa, que si bien no llegaba a lo que es hoy, sí ponía de manifiesto que la calle estaba con las hermandades y que estas eran lo único que en cierto modo estructuraba la sociedad local.

Desde aquel primer ayuntamiento, del que formaba parte algún veterano cofrade, el mundo cofrade se constituía en un activo de la ciudad que había que trabajarse, tanto como fuente de votos como espacios donde el concepto de democracia podía calar hondo. No en vano, las hermandades desde su génesis fueron los únicos colectivos vinculados a la Iglesia que votaba la elección de sus dirigentes. Estos no tenían la proyección social de hoy en día, pero ya empezaban a representar a la variopinta y políticamente muy diversa masa social de cada cofradía.

Los llamados mecenas empezaron a echarse a un lado, mecenas que por cierto son los artífices de las grandes joyas cofradieras que disfrutamos en la actualidad. No cabe el menosprecio a estos que con sus dineros crearon un soberbio patrimonio. La etapa más floreciente de Pacheco fue desmesurada con cesiones de terrenos, casas de hermandad, subvenciones y muchas otras dádivas que provocaron un agrio debate político contrario al pujante mundo cofrade del que el exalcalde no renunciaba, con el convencimiento de estar invirtiendo en un segmento social que, si bien no respondió en votos al esfuerzo político que se echó en sus espaldas, al menos le daba notoriedad.

La llegada de los gobiernos posteriores, ya fueran coaliciones o en mayorías absolutas, no se atrevieron a meter las narices más allá de sacarse fotos, pasearse por las hermandades o recibirlas en la planta noble del Consistorio, que también fue y es importante. Si bien los ‘regalos’ cayeron, en contraposición se trabajaba la sonrisa y el mejor recibimiento junto con ayudas en especie, pero con moderación. El simple hecho de que cualquier hermano mayor y su junta pudiese hablar de tú al regidor o regidora, que le daban la mano o un par de besos en el rostro más conocido de la ciudad, parece que llenaba el ego de muchos de esa nueva hornada de hermanos mayores. Además, van a la casa de las cofradías a rendirles pleitesía y pasearse ante los hermanos del día a día en una acción que ciertamente enorgullece al colectivo.

En el hoy, la principal colaboración se ciñe a la Carrera Oficial, en la que el gobierno de turno no mete las narices más allá de aconsejar y asumir el montaje, excepto en la etapa de García-Pelayo, que tuvo la valentía u osadía, según se mire, de dar un paso atrás que se podría calificar de histórico diciendo no a pagar el montaje aludiendo a la situación económica, casi la misma ruina que recibió la actual regidora que sí se hizo cargo, reorganizando los servicios municipales de Infraestructura. La foto sigue valiendo como moneda de cambio, un quid pro quo en el que yo te doy, pero me permites que difundamos que soy tu amigo/a. Ya no hay dineros públicos para las cofradías. Es que no hay dinero para nada.

Sobre el autor:

Carlos Orihuela

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