Una mañana en la playa de La Muralla para estrenar fase en remojo

El Puerto es una de las localidades de la provincia que ha estrenado la temporada estival aprovechando el paso a la fase 2 de la desescalada, que permite baños en playas. Así se ha vivido en una de ellas

Primer día de playa en El Puerto, este pasado lunes. FOTO: JUAN CARLOS TORO
Primer día de playa en El Puerto, este pasado lunes. FOTO: JUAN CARLOS TORO

A mediodía de la primera jornada con el baño permitido en las playas, Eduardo dirige a los coches que llegan a la de La Muralla, en El Puerto, hacia un hueco libre del aparcamiento exterior. Con su chaleco reflectante amarillo, a juego con sus zapatillas de deporte, y una mascarilla negra, pasa toda la mañana ahí, para ganarse unos euros. Hasta marzo trabajaba de cocinero, pero justo el día 14, cuando entró en vigor el estado de alarma, se quedó parado. Con la incertidumbre de qué pasará en verano, aprovecha las horas que su mujer trabaja en un restaurante cercano para ejercer de aparcacoches.

“Vengo cuando estoy en paro, como ahora, que no tengo ayudas y estuvimos un mes y medio sin ingresos, lo que tardó mi mujer en cobrar el ERTE”. Cuando dice esto, un joven que acaba de estacionar su vehículo le da una moneda y sonríe. Luego interrumpe la conversación para guiar a unas mujeres que llegan en otro coche con un niño pequeño. Así pasa las horas, “esperando” a su mujer. “Pasad buena mañana”, se despide.

Al entrar en La Muralla, una de las playas portuenses que mejor se lleva con el Levante, ya que “respeta” más que en otras zonas por su singularidad, un panel informativo incluye un decálogo con las normas elaboradas por el Consistorio. Las playas de El Puerto han habilitado accesos dobles, uno para entradas y otro para salidas, para evitar el cruce de personas en las pasarelas de madera, y el uso de aseos de forma individual, aunque no se recomienda su utilización. “Una vez que entre un usuario, tenemos que esperar dos minutos antes de desinfectar”, cuenta Soledad, empleada del servicio de Playas de El Puerto.

Jose desinfecta la ducha y lavapiés, una labor que repite tres veces al día. FOTO: JUAN CARLOS TORO

“La limpieza es la misma que otros años, pero ahora hay un tiempo de espera”, añade. En el primer día de la llegada de bañistas no están “muy agobiados”, confiesa. El aluvión, espera, llegará con el paso de las semanas. Jose es compañero de Soledad y el encargado de desinfectar las pasarelas, las duchas y lavapiés con una solución de lejía con agua. “Los exteriores se higienizan tres veces al día”, explica. “Hay que apelar al sentido común de la gente para que respete la distancia de seguridad en la playa”, añade el empleado municipal, quien cree que por lo general, se cumple.

Este rincón, donde la playa se esconde entre rocas en el antiguo Fuerte de Santa Catalina, no presenta mal aspecto en el primer día de la fase 2, que permite el baño en las playas. El hecho de que no sea jornada lectiva para los escolares, al ser lunes de Feria —aunque el Ayuntamiento trasladó el festivo local a septiembre, Educación lo mantuvo—, hace que haya gran presencia de menores. Francisco y Marioli han aprovechado para bajar con sus hijos, de diez y doce años, y las respectivas abuelas.

Francisco Crespo y Marioli Sancho son abogados y, como la actividad judicial está prácticamente paralizada, tienen tiempo para disfrutar de las primeras horas de playa en familia. Los letrados portuenses, que tienen cerrado el despacho que regentan a medias desde que comenzó el estado de alarma, se quejan de la falta de medios en el sector de la Justicia. Mientras, aprovecharán para ayudar a sus hijos con la “teletarea” o para “descubrir otros oficios”, ya que han pintado la casa durante este tiempo.

Francisco y Silvia, con sus hijas, disfrutando de un baño en La Muralla. FOTO: JUAN CARLOS TORO

“Queremos quedarnos a comer, pero supuestamente solo hay que estar cuatro horas”, confiesa Francisco. “Nos hemos aprendido lo que se puede hacer hoy, la semana que viene ya iremos aprendiendo”, añade Marioli. Al agua deben entrar de uno en uno, o acompañando a algún menor en todo caso. Las abuelas lo saben y van con un nieto cada vez a refrescarse a la orilla. En estos primeros días con bañistas locales intentarán bajar todos los días que puedan. Cuando se abran las “fronteras” provinciales, se lo pensarán. “El temor es que haya un rebrote en verano”, dice Sancho.

En un espacio alejado de las posibles aglomeraciones, Silvia y Francisco disfrutan de su primer día de “libertad” junto a sus hijas. Ella, sentada en la orilla en una silla de playa, él de pie, recién salido del agua. “Estábamos locos por coger la calle”, dice Francisco García, quien cuenta que viven en un piso de 50 metros cuadrados del que apenas han salido durante el confinamiento, salvo para trabajar o para pasear a alguno de sus tres perros.

Él es celador en el Hospital de La Línea y, tras unas primeras semanas complicadas, ahora no hay contagiados en el centro hospitalario. “Demasiado bien ha estado, porque nos daban mascarillas que duran cuatro horas para todo el mes y nos vestíamos con bolsas de basura”, relata. “Le han hecho el test a futbolistas y a nosotros mira o que han tardado…”, dice.

Silvia Garay, mientras chapotea en la orilla, es de las que teme que cuando lleguen los meses fuertes de verano “ya no haya miramientos” y no se respete la distancia social en las playas. “Eso traerá turismo y generará empleo, es peligroso pero qué vamos a hacer”, expresa. “Hay que tener conciencia y respetar el distanciamiento”, agrega. Ellos, como medida de precaución, han buscado un lugar poco transitado. Al día siguiente, repetirán. La nueva normalidad empieza a asomarse. "Ya se ve la luz al final del túnel".

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