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El pasado 3 de diciembre partió hacia el espacio una de las misiones más innovadoras en la historia de la Agencia Espacial Europea, LISA Pathfinder, que a su vez es la que allanará el camino para el proyecto LISA, uno de los más ambiciosos previsto para la próximas décadas. Y no es para menos. El objetivo es abrir una nueva puerta en el estudio del Universo a través de la observación de las ondas gravitacionales, algo que ya predijo hace un siglo Albert Einstein pero que todavía se mantiene en el terreno teórico, puesto que hasta el momento los diferentes esfuerzos por detectarlas de forma directa no han arrojado resultados concluyentes. LISA será, para entendernos, un observatorio espacial de ondas gravitacionales.

“Hablamos de una forma de estudiar el Universo completamente nueva. El problema es que estas ondas son tan débiles que su detección es muy complicada. De hecho, hay observatorios de ondas gravitacionales terrestres y a día de hoy no han conseguido detectarlas, aunque debido a los últimos avances tecnológicos parece que estamos muy cerca”, señala el jerezano Ignacio Mateos (1978), doctor en Ingeniería Electrónica e investigador en el Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC). Ignacio, Nacho entre familiares y amigos, participa en el proyecto encargándose del desarrollo de la instrumentación que mide diferentes perturbaciones en el satélite, como los campos magnéticos, la temperatura o las partículas procedentes del Sol y del cosmos, que pueden provocar que el experimento se vaya a pique. En concreto, se ha encargado especialmente de la parte magnética.

El científico jerezano Ignacio Mateos, posando. FOTO: JOSÉ LUIS JAIME.

Actualmente, el satélite -una versión en miniatura de lo que podría ser LISA-, que despegó de la Guayana Francesa a bordo de un cohete Vega, va camino del llamado punto Lagrange L1, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección al Sol. “El 11 de enero ya tendremos datos magnéticos del satélite, esto es lo que se llama el commissioning, una fase de preparación antes de llegar a la fase donde comenzarán los experimentos científicos, previstos para principios de marzo”, explica Nacho. En total, los experimentos de la misión LISA Pathfinder durarán seis meses, si bien podrían prorrogarse hasta el año. Durante ese tiempo se pretende demostrar que es posible monitorizar la distancia entre dos masas mientras están en caída libre a través del espacio, y que estas variaciones de distancia pueden mantenerse con una estabilidad cercana a la esperada cuando son atravesadas por una onda gravitatoria, que sería bastante menor que el tamaño de un átomo de hidrógeno. Pero para la definitiva misión LISA habrá que esperar, al menos, hasta el año 2034.

“Estos son trabajos a muy largo plazo. Los grandes proyectos toman su tiempo debido a temas de validación tecnológica y presupuestos. Hoy en día se dedica gran parte del proyecto a la reducción de riesgos. Así que antes de lanzar un satélite al espacio tenemos muchos y largos test de validación y madurez tecnológica, y eso ralentiza todo. Pero al final la velocidad para concluir un proyecto depende obviamente del presupuesto, y el porcentaje actual a nivel europeo para LISA -participan agencias de Alemania, Reino Unido, Italia, Francia, Suiza y Países Bajos- no es suficiente”, apunta Nacho. Y es que si bien en una parte del proyecto cuentan con la colaboración de la NASA, la agencia espacial estadounidense, que comenzó codo con codo con la europea, decidió salir hace unos años de la misión LISA también por motivos presupuestarios.

LISA Pathfinder y Rosetta: dos misiones, dos tipos de atención mediática

 

LISA Pathfinder es una de las últimas misiones lanzadas por la Agencia Espacial Europa, y a pesar de su importancia, quizás no ha sido tan mediática como Rosetta por algo tan llamativo -e incluso cinematográfico- como posar una sonda, la Philae, sobre un cometa. “Hay misiones que rompen en mayor medida la barrera del conocimiento. Rosetta es una misión muy espectacular en el sentido científico y mediático, pero a nivel del aporte científico, LISA es una de las más importantes. De hecho, el anuncio de la detección directa de una onda gravitacional es una papeleta casi segura para el premio Nobel”, considera Nacho.

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