Paqui Gago, la feminista que lo fue antes de saberlo: "La Sección Femenina eran las modernas del pueblo"

La presidenta de Sol Rural no solo ha participado en luchas por los derechos de la mujer en el entorno agrario, sino que cree en un movimiento transversal. "A quien niega la violencia de género no se le puede convencer, es una tontería, un filón, su negocio"

Paqui Gago, en un rincón de La Barca. FOTO: JUAN CARLOS TORO
Paqui Gago, en un rincón de La Barca. FOTO: JUAN CARLOS TORO

Su pueblo la volvió a reconocer durante los actos previos al 8M. Ella dice que se va de Sol Rural, que ya le toca, pero la gente no se lo cree. "Ya veréis que sí", le dice al enorme grupo de mujeres durante una convivencia previa a la entrevista en la que, con sorpresa para ella, se le regala un ramo y se recuerda su trayectoria, principalmente en esta asociación de mujeres del mundo rural de La Barca.

Paqui Gago ve bien que se llame Paqui, o Francisca, pero no Paquita, aunque hay gente "que me conoce desde chica que todavía me lo dice". Su feminismo nació en La Barca y en La Barca lo ha peleado, aunque la haya llevado por múltiples lugares para defenderlo en múltiples espacios. Paqui ha sido algo más que la maestra de la escuela de La Barca, la pedanía rural jerezana que convive con el Guadalete.

Jubilada hace ya más de una década, quien dice que no se cree que se vaya a jubilar lo dirá, seguro, porque mantiene un discurso fuerte y valiente, defendido con enorme convencimiento contagioso.

Como mujer del mundo rural, reconoce que echa de menos aquel pueblecito en el que se crió. "Se ha perdido ir a las parcelas. Entonces, no había coches. Nos íbamos en carretas. Comíamos la furta de los árboles, nos montábamos en la burrita... Se está perdiendo crecer así por estos pueblos porque la Comunidad Europea restringen los cultivos".

En aquellos tiempos de su infancia también conoció los tiempos del Franquismo. "En clase las maestras nos decían que teníaos tres padres: Nuestro Padre, Nuestro Padre Dios y Nuestro Padre Generalísimo. Yo entonces era más franquista que Franco, y llegaba a casa diciendo que tenía tres padres, que eso era para Freud".

Y en aquellos pueblos hubo un protofeminismo del que aún mantiene un recuerdo muy positivo, pero nacido dentro del propio Régimen. "La Sección Femenina de La Falange eran las modernas del pueblo, las primeras que fumaban. Yo veía que lo que decía mi abuelo, que era de izquierdas, era verdad, faltaba mucho". Pero también, en su contexto, conoció una sociedad en la que fue feliz.

"Para mí, ser feminista era que no te mandonearan. Los hombres no eran menos ni más, simplemente no les pedíamos permisos. Yo no era consciente de ser feminista". Aún en el Franquismo, ya como maestra, organizó su primera asociación de carácter feminista, la Asociación de Amas de Casa de La Barca. Era el único tipo de organización femenina que se permitía, y eso fue meses antes de la muerte del dictador.

Con esas mujeres marchó una vez a San José del Valle, donde el por entonces alcalde de Jerez Cantos Ropero ofreció una conferencia. Paqui, junto a otras mujeres de la asociación, interrumpieron la charla para decirle que había en La Barca un problema de desvío de fondos públicos en su Ayuntamiento, dependiente como ahora del Consistorio jerezano. "Sé que nada más volver a Jerez le dijo a su secretario que fuera corriendo a La Barca, que si esas mujeres me cogen otra vez, vais a salir volando".

Nos fuimos a una manifestación y el PP, con todo el respeto, nos quería detrás de ellos. Y dijimos que no, que teníamos que hacer nosotras nuestra asociación, y nos fuimos a cortar carreteras"

En esas luchas se mantuvo porque Gago cree en un feminismo transversal, "en favor del pueblo". Esas mismas mujeres que crearon Sol Rural son las mismas que, pasados los años, constituyeron la Plataforma A-2003 en favor de arreglos para la carretera. "Nos fuimos a una manifestación y el PP, con todo el respeto, nos quería detrás de ellos. Y dijimos que no, que teníamos que hacer nosotras nuestra asociación, y nos fuimos a cortar carreteras".

Además de transversal, considera fundamental un alucha "de lo global a lo local". De contacto entre barriadas rurales, y de pertenencia a organizaciones y consejos públicos más grandes. Por eso Paqui es representante en colectivos de mujeres por Sol Rural del Consejo de Diputación, el de Jerez... Es su forma de estar en política, pero no como representante por un partido, donde "hay redes clientelares", y donde lo más importante es que "si estás en esa silla, mi objetivo es quitarte a ti nada más".

Paqui Gago es una firme defensora de los organismos públicos en la lucha de la mujer, como el IAM. Y lo hace con críticas duras a quienes tratan de legitimar un discurso que las tilda de aprovechadas. "Es muy fácil mentir, pero también de ver la realidad". Por eso, estaría encantada de recibir en Sol Rural a los representantes públicos que materializan esas críticas. "No me importaría que viniera Abascal a ver lo que hacemos, y hablaría con él".

Sin embargo, sí ve más difícil convencer a quien pone en duda la existencia de una violencia estructural contra la mujer, contra la violencia de género. "No se puede convencer porque es una táctica, han encontrado un filón y decir esas cosas es su negocio”. Y va a más. “Vox es una patraña, de la iglesia. Los únicos hombres no educados por mujeres son los educados por la Iglesia, por curas, educados por hombres. Ahora se le van del PP a las filas a Vox, porque les han educado en los colegios religiosos”. Lo dice ella, que sabe de educación tras toda una vida como profesora.

FOTO: JUAN CARLOS TORO

El partido ultraderechista lleva esta guerra contra el asociacionismo femenino a rajatabla. “Ahora en Córdoba se han quejado de que Rafaela y Lourdes Pastor han gastado 130.000 euros en diez años en los Feminarios que había en la universidad. ¿Sabes lo que se montaba allí? ¿Lo que hemos disfrutado de las mejores ponentes, con catedráticas?”.

Y lo dice claro. “Te puedo jurar que no he cobrado nunca nada, sino que me ha costado el dinero. Cuando ha habido crisis, de las administraciones han ido a pagar pero no lo hacían, y he acabado poniendo dinero, se me devolvió lo que se pudo devolver más tarde”. En ese sentido, recalca: “¿Me vas a decir que hemos comido gambas? En la asociación Mujeres y Familia nos daban a lo mejor 100.000 pesetas al año, te hablo de los años noventa. Pues era una cosa en común, sabíamos lo que había, ese dinero, y teníamos las cuentas muy claritas. Íbamos juntando con un dinero, y nos íbamos a hacer convivencias al Puente Suazo, a Grazalema, donde el cura nos prestaba el convento, en La Barrosa, alquilando un chalé para muchas familiar. El Ayuntamiento ponía tambien. Si faltaban 200 pesetas a alguien para hacer lo que queríamos hacer, pues lo poníamos entre las demás. Y si de todos los días con nuestros niños, un día teníamos para gambas, ¿me vas a decir que gastamos 200 pesetas en gambas? ¿Estamos tontos?”.

Del feminismo actual admira muchas cosas, aunque otras cosas no le gustan. Le gusta “que todas hablamos igual, ya seas catedrática o no, que yo he aprendido mucho de catedráticas… Tenemos encuentros, hablamos por whatsapp y Sol Rural convoca el 8M en Jerez… Pero hay cosas que no me gustan, y las discuto con ellas. ¿Cómo vais a decir que soy un cuerpo feminizado? No, soy una mujer. Las lesbianas, gays, trans, tienen sus organizaciones, y podemos ir unidos. Pero no puede ser que lo que hemos hecho se venga abajo. Hay mujeres que han escrito un manifiesto diferente por el 8M. Querían que una mujer trans volviera a leer el manifiesto. Hay un fregado muy grande”.

Ese fregado, como dice, ha estado en la luz pública a raíz, sobre todo, de la expulsión de Lidia Falcón de Izquierda Unida a través del Partido Feminista. “En el lenguaje se ha extralimitado. Yo he dado ponencias con ella, como en el Reina Sofía de Madrid. Está retirada del feminismo desde hace mucho tiempo y tiene muchísimo carácter, es muy mandona, pero la razón para decir, la tiene”.

De entre el mundo actual y el de su niñez barqueña, se queda con el actual, pero habla de entender bien el contexto de cada tiempo. “No me sentí nunca mal, y nuestra mente va cambiando”. Y se queda con las modernas de entonces frente a los carcas de ahora. “Con la Sección Femenina aprendí a jugar al ajedrez. Eran las que fumaban. Se daban clases de política, educación física, y la soltura de movimientos que tenía no la tienen ahora. Estábamos viviendo bien, pero cuando conoces otras libertades, ves que con lo que había no teníamos bastante. No me gusta ver a gente hablando mal de cosas que no eran como dicen, que no saben”.

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