Paco Heredia, el poeta autodidacta que "debutará" a los 84 años

El octogenario es uno de los beneficiarios del programa 'Siempre acompañados', impulsado por la Obra Social la Caixa y ejecutado por Cruz Roja, que ayuda a personas mayores de 65 años que se sienten solas

Heredia, sujetando uno de sus poemas. FOTO: MANU GARCÍA
Heredia, sujetando uno de sus poemas. FOTO: MANU GARCÍA

Todo lo que yo te escribo / no son versos ni poesías / te las mando como carta / y te las mando yo al cielo / para cuando tú las leas / para que llores o te rías / y decirte que te quiero / y que te quiero yo tanto / que puedes estar tranquila / que te sigo respetando / y yo seguiré mi vida. Heredia, 20 de abril de 2017.

En un folio, escrito a máquina, Francisco Heredia, Paco Heredia o simplemente Heredia para los amigos, escribe sus sentimientos. Lo lleva haciendo desde los años 80 del siglo pasado, desde cuando acumula unas 1.000 cuartillas que guarda con mimo en carpetas, cada una con su fecha de creación y su firma.

A sus 84 años, nunca las ha leído en público, pero lo hará el lunes 4 de noviembre, a las 20:00 horas, en la librería La Luna Vieja (calle Granados, 4, Jerez), por lo que confiesa que está nervioso, o como él dice, que le da un poquito de jindoi. “Cuando me dijeron que tenía que estar una hora… eso no lo ha hecho ni Alberti”, dice entre risas. La actividad, enmarcada en el programa Un día inolvidable de Cruz Roja, que es quien la organiza junto a la Fundación Caballero Bonald, servirá de debú para Heredia. “Lo que más me gustó fue cuando me dijeron que íbamos a estar Mónica (Luque, técnica del apartado de mayores de Cruz Roja) y yo, y hasta sentados”, añade con sorna.

Paco Heredia, con la foto de su mujer detrás, en el salón de su casa. FOTO: MANU GARCÍA

“Se murieron Alberti y Pepillo el poeta. Alberti con su gaviota, Pepillo con su toreo, yo no sé recitar, solamente se las leo”, se arranca Paco, quien dice que “ese verso lo tengo que decir”. Eso y “mandarle un beso a mi mujer para arriba y decirle: va por ti”. Heredia se quedó viudo hace más de cuatro años. Su mujer, Milagros, junto a la que estuvo 64 años, nueve como novios y 55 de casados, lo era todo para él, por eso no puede evitar que se le salten las lágrimas cuando se queda solo en su casa y la recuerda. “Me siento ahí y lo que hago es llorar”, dice, señalando el sillón que perteneció a su madre y que luego pasó a su mujer.

“La soledad es muy mala, mientras estoy acompañado lo paso bien, pero me quedo solo, empiezo a darle vueltas a la pelota, me coge el llanto y me llevo mucho tiempo en lágrima”, dice Heredia a lavozdelsur.es cuando visita su vivienda, en el modesto barrio de Picadueñas, en Jerez. En unos terrenos que pertenecen a la familia de Milagros, ella y Paco construyeron su casa con sus propias manos. “La hicimos con mucha fatiguita, yo de oficial de albañil y mi mujer de peón, siendo yo peón nada más”, señala.

La soledad es muy mala, mientras estoy acompañado lo paso bien, pero me quedo solo, empiezo a darle vueltas a la pelota, me coge el llanto y me llevo mucho tiempo en lágrima"

Pero él estaba acostumbrado a trabajar, lo llevaba haciendo desde que tuvo su primer empleo, con apenas diez años, en una pequeña bodega, a cambio de algo de comida. Después pasó por un tabanco, donde aprendió a “cantiñear”, y fue peón de albañil en varias obras, trabajó “para los americanos” de la Base de Rota e hizo el servicio militar —llegando a ser cabo primero—, pero dejó la mili “porque se ganaba muy poco y yo quería ganar más para casarme. Como repartidor de refrescos estuvo unos años hasta que entró en Sevillana de Electricidad, donde estuvo 37 años, hasta su jubilación.

“He cotizado 43 años”, dice orgulloso, a los que hay que sumar los que estuvo sin contrato. “En mi casa éramos siete hermanos y yo el mayor, se pasaba mucha hambre y había muchos piojos en la posguerra, por lo que tuvimos que trabajar en lo que fuera a cambio de comida”, recuerda Heredia, que a su edad tiene una memoria prodigiosa. “Mis padres eran tan pobres que no pudimos estudiar ninguno de mis hermanos”, explica. Él no era muy amante de los libros —“nunca me ha gustado leer, soy muy flojo y nunca he tenido tiempo”—, pero sí expresarse a través de la escritura.

Heredia, sujetando uno de sus poemas. FOTO: MANU GARCÍA

Los veranos los pasaba en una casa de Órgiva (Granada), donde tenía “muchas horas muertas” y decidió dedicarlas a componer sus propios poemas. “Estando en el tabanco me picó el gusanillo, porque el encargado del negocio era letrista de saeteros y yo leía aquello y hacía mis propias letras, me gustaba rimar”, cuenta. Luego empezó a escribir, primero hacía el borrador a mano, y luego la pasaba a máquina.

“Ahora tengo casi 1.000 cuartillas”, cuenta, una obra que guarda en su salón. Para llegar hasta él hay que subir primero por unas escaleras empinadas, que sortea gracias a una silla salvaescaleras que tiene instalada, aunque ahora está estropeada. La estancia la preside un mueble cargado de fotos y recuerdos. En el centro, una imagen de Milagros, con una vela encendida justo debajo, una tradición que mantiene desde que falleció en septiembre de 2015. “Tuve una vida de casado muy bonita”, dice, “excepto las discusiones típicas de matrimonio, pero nunca nos llevamos más de tres horas peleados. Yo la miraba, ella sonreía… y por eso tengo ocho hijos”, señala riéndose.

Mis padres eran tan pobres que no pudimos estudiar ninguno de mis hermanos, trabajábamos por comida durante la posguerra"

Desde la muerte de su mujer, Paco pasa muchas horas en casa de su vecina, Carmen, también viuda, a la que acompaña dándole conversación y jugando al dominó o a las cartas. En la vivienda de Carmen fue donde conoció a Mónica Luque, técnico de Cruz Roja, que poco después le realizó una entrevista para comprobar si se podía beneficiar del programa Siempre acompañados, que pretende ayudar a personas mayores de 65 años que están o se sienten solas.

“Paco tiene asignado un voluntario, Luis, que supuestamente vendría para jugar al dominó, pero lo ha liado un poco y se van los dos a casa de Carmen. Allí los tres se lo pasan pipa”, comenta Luque. Desde entonces han pasado casi dos años y Paco no solo se beneficia del programa de Cruz Roja, sino que él mismo ejerce como voluntario acompañando a su vecina.

.Jerez tiene 6.842 hogares donde vive una sola persona de 65 años o más. El 15,3% de la población del municipio se encuentra en esta franja de edad. Los barrios de La Serrana y San Benito acogen al 30% de estos hogares, por eso el programa Siempre acompañados se ha impulsado, en primer lugar, en estas barriadas, para luego ampliarse a la zona Sur. A nivel estatal, el Padrón Continuo del Instituto Nacional de Estadística (INE) recoge que, a 1 de enero de 2018, en España existían 8.908.151 personas mayores, que representan el 19,1 % sobre el total de la población.

Paco Heredia, con Carmen Nieves y Mónica Luque, en el salón de su casa. FOTO: MANU GARCÍA

Paco es una de esas personas, en su caso octogenaria, que viven solas y que agradecen enormemente la compañía que le hacen las trabajadoras y voluntarias de Cruz Roja que lo visitan. “El tiempo que estoy en reunión lo paso de maravilla”, dice Heredia, que se las apaña solo con las tareas domésticas. “Le he dicho a mis hijas que no las necesito. Cuando las necesite, sucumbiré a que vengan, pero mientras no”, dice. Pero, eso sí, confiesa: “Estoy más tiempo en casa de Carmen que en la mía”. Sus hijos, de hecho, la llaman a ella cuando quieren localizarlo. “Me tienen calado, no puedo escaparme”, cuenta entre risas.

El proyecto Siempre acompañados está impulsado por el programa de Personas Mayores de la Caixa, a través de su obra social, y además de en Jerez se desarrolla en Santa Coloma de Gramenet, Terrassa, Girona, Tàrrega, Tortosa, Palma, Logroño y Lleida. En el municipio jerezano colaboran el Ayuntamiento y Cruz Roja Española, y en la zona Sur se desarrollará en colaboración con el Proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural (proyecto ICI), además de otras entidades sociales.

La intención del programa 'Siempre acompañados' es recuperar esa forma que tenía la sociedad de cuidar del vecino, de las antiguas comunidades”, explica Carmen Nieves

“La intención es recuperar esa forma que tenía la sociedad de cuidar del vecino, de las antiguas comunidades”, explica Carmen Nieves, técnica de la delegación de Acción Social del Ayuntamiento de Jerez, quien señala que se trata de un “trabajo comunitario” en el que participan prácticamente todas las áreas municipales y numerosas organizaciones sociales de la ciudad. “El proyecto se construye como un grupo de acción social”, señala. Mónica Luque, de Cruz Roja, añade que “cada actividad que se organiza se hace a través de este grupo de acción social”. Ella, como Nieves, apunta que la idea es rescatar el espíritu de “los antiguos encuentros vecinales”.

“Es una experiencia muy bonita”, dice Olga Marín, voluntaria de Cruz Roja después de haber realizado sus prácticas en la organización. Ella, graduada en Trabajo Social, cuenta que “se aprende mucho de los beneficiarios de los programas, que comparten contigo su lado más íntimo de una forma muy natural”. Marín, por ejemplo, ha participado en la actividad Mayores talentosos, que busca impulsar las potencialidades de las personas mayores, destacando “la metodología de desarrollo comunitario que empiezas a construir entre todas las personas” que forman parte del programa.

Olga Marín, voluntaria de Cruz Roja, y Carmen Nieves, técnica del Ayuntamiento, junto a Paco Heredia. FOTO: MANU GARCÍA

Paco es una de la veintena de personas que ya participan en esta iniciativa en Jerez, la única ciudad de Andalucía que alberga la actividad Siempre acompañados, y en la que colaboran trece voluntarios que buscan “impulsar relaciones de apoyo y bienestar entre las personas mayores a través de una intervención que las empodere, que comprometa a la comunidad y que sensibilice a la ciudadanía, con el objetivo de reducir las situaciones de soledad en las personas mayores”.

Heredia, además, se presta a todo. “A nada digo que no”, confiesa. Por eso también participó en el vídeo que promociona la campaña y en otra actividad, llamada Entrelazando vidas, gracias a la que se carteaba con un menor migrante acogido en centros de acogida de la ciudad. “Me buscaron un nieto”, dice Paco, “tengo 17 y me buscaron otro”. Con un joven de Marruecos se estuvo enviando cartas un tiempo, sin conocerse. “Le gustaba el fútbol, pero quería ser barbero”, cuenta. “Yo le contestaba en verso y así cumplía. A mí siempre me ha gustado cumplir”.

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