Manuel Sánchez nació con una especial sensibilidad que le permitió crear un mundo en miniatura con sus propias manos. Cuando Loli Ruiz dio a luz a su segundo hijo, este tuvo diversas dificultades que conllevaron múltiples operaciones. En una de ellas, Manuel se quedó ciego. "Ve luz, colores...", estima su madre. "Soy deficiente visual", espeta Manuel quitándole hierro al asunto.

Criado en Guadalcacín, este joven de 19 años cuenta que una de las veces que estuvo hospitalizado conoció a un niño que tenía una gran colección de Lego para así ausentarse de la realidad en el Hospital. "Recuerdo que iba todos los días a su habitación, que siempre estaba jugando con él". Y fue a raíz de ahí cuando Manuel empezó a coger pieza por pieza para formar lo que su cabeza quisiera. En su mente, no existían los límites.

"Con seis años ya hacía cosas buenas con mi compañero: maquetas, construcciones...". Su afición continuó creciendo en casa o incluso en el colegio. Estudió en el CEIP Tomasa Pinilla de la pedanía, donde, según narra su madre, la maestra tenía reservada una caja de Lego para que en los ratitos libres Manuel diera rienda suelta a su creatividad. "Hacía unas construcciones allí que las paseaba por todo el colegio. La señorita me decía: Es increíble lo que ha hecho tu hijo", rememora Loli. "Pero es que hizo una vez un caballo con una cola rizada... ¿Aquello? Impresionante", agrega maravillada.

"A mis compañeros le encantaban mis construcciones. Luego intentaban hacer lo mismo que yo pero no les salía igual que a mí", sonríe. "Él muchas veces me dice, búscame una pieza y yo no le entiendo. Él hace así —manosea el aire con sus dedos— y la encuentra".

En Guadalcacín, al final de la calle Zarzales se encuentra el Bar Manolín, el negocio que regentan Loli Ruiz y Esteban Sánchez, los padres de Manuel. A la izquierda del edificio, tras el gran portón de hierro, hay un pequeño patio alargado donde el pequeño de la familia hace piruetas y carreras con su triciclo tuneado. La mesa taller donde Manuel hace sus experimentos está nada más acceder por la entrada de la casa a través del patio. Allí, desde hace dos meses, tiene un cuartel en miniatura que cada vez va creciendo más y más con las ideas que se le ocurren.

"Aquí está esta moto de carreras con varios alerones y tiene un adorno, el manillar y una palanca para meter las marchas. Luego está este coche de carreras para hacer rallys de montaña. Tiene una rueda de repuesto, una bandera, el motor aquí detrás; una hélice, aquí la matrícula...". Cuando palpa sus diminutas obras de arte, Manuel es una máquina que no para de pormenorizar todas y cada una de las partes de su maqueta.

Y a medida que va tocando, continúa describiendo. "Los policías, de una operación que han hecho, han encontrado esta maleta bomba", señala él mientras manosea la réplica del artefacto a pequeña escala. Manuel ríe. ¿Cómo ha aprendido todo lo que luego ha conseguido imitar a la perfección sin la necesidad de verlo? "En las noticias escucho todo lo que está pasando y digo, pues voy a hacer una operación que he escuchado en la televisión". Más tarde, después de pasar por una exposición de barcos que se encuentra en la azotea del cuartel, se detiene con un pequeño objeto volador que, sin duda, parece lo que es: un dron. "Este sale para arriba como los harrier. Tiene aquí una cámara y un robot con radar para combatir el yihadismo", explica al tiempo en que su madre rompe a carcajadas: "Es que... está mirando por su país".

"Él muchas veces me dice, búscame una pieza y yo no le entiendo. Él hace así —manosea el aire con sus dedos— y la encuentra"

Antes del cuartel edificado con mil colores, Manuel había construido un circuito de motocross, de ahí que todavía conserve algunas de las motocicletas. "Había una rampa plana por donde pasaban las motos, que luego giraban, saltaban, iban por aquí —todo lo presenta con un juego de manos— y tenía una torre, un taller, una zona vip, la parte donde daban los premios, una zona de ventas...". Atesora una memoria asombrosa que aprovecha para producir más y más inventos que añade a su actual maqueta.

"Fíjate, sin ver y es que está dando el paso del caballo", aprecia Loli sobre un enganche que ha construido su hijo a partir de pequeñas piezas de Lego. "Es que qué habilidad tiene... Y al tractor no le falta de nada", continúa ella. Los vehículos y todo el escenario que Manuel ha montado desde cero, nace de las piezas que ha obtenido a través de diversas cajas que le han regalado familiares y amistades. No le gustan las construcciones preestablecidas, prefiere "destruirlas" y a partir de ahí sacar un coche o un barco totalmente nuevo. "Le da una forma más real", valora su madre, sin olvidar que Manuel jamás ha contemplado un turismo o un helicóptero. Pero su imaginación y creatividad van más allá e igualan lo que el resto de la sociedad percibe.

"Pero es lo que yo le digo, tirar para adelante que en todo hay solución. Y cuando haya que pedir ayuda, se pide"

"Ahora quiero hacer una maqueta muy grande, muy grande. Por mi cumpleaños todo lo que voy a pedir es Lego". A día de hoy Manuel está terminando un ciclo y todavía no tiene muy claro qué va a estudiar. "Estaba haciendo Comercio pero es algo que no le gusta. Ahora vamos a intentar que entre en otro ciclo, que haga algo donde él pueda manipular con las manos".

Loli destaca que sus oportunidades laborales son escasas: "Todo lo que mire tiene limitaciones y el profesorado tiene que estar por la labor. Te ponen muchas pegas. Pero es lo que yo le digo, tirar para adelante que en todo hay solución. Y cuando haya que pedir ayuda, se pide". Confiesa que su hijo disfrutaría en una panadería amasando y haciendo bollos con figuras atípicas. "Pero en mis ratos libres me quiero dedicar a la música", incide Manuel mientras se dirige hacia su mesa de mezclas.

"A mí la música me gusta desde siempre. Me gusta el flamenquito, el flamenquito moderno, rap flamenco, el reggaeton...", expresa al tiempo en que empieza a sonar música de discoteca por sus altavoces. Cuando Manuel cambia de pista se escucha: "Enter". Se trata de un programa especializado para ciegos con el que está aprendiendo a pinchar desde hace menos de un año. Toni Rubiales, un joven Dj jerezano, es quien le ayuda con su nueva afición.

Dice que él canta y pone música, pero que bailar no, eso a quien le guste. Si bien en la actualidad en Guadalcacín no lo conocen mucho por sus coloridas construcciones de Lego, 'Manuel del Bar de Manolín', es más famoso por la música discotequera. Tanto, que el presidente del CD Guadalcacín de fútbol sala femenino, Luis Delgado Flores, le contrató "para que le pusiera música a las niñas" —que ya son de Primera División— durante una fiesta que la pedanía llevó a cabo para celebrar su merecido ascenso.

Manuel es inquieto, cariñoso y sobre todo tiene muy buena mano y muy buen oído. "Escanearte te escanea bien; y por el sonido se las avía", señala su madre mientras sus tías se ríen. Y la música o montar piezas espanta ese malhumor que pocas veces le entra. "¿Yo? Mucha felicidad. Me encanta. Es donde echo todo el rato. Me levanto, conecto la mesa de mezclas y me lío con la música", sonríe, una sonrisa que siempre tiene de oreja a oreja.

Sobre el autor:

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Claudia González Romero

Periodista.

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