La maternidad no solo cambia rutinas, prioridades y formas de ver el mundo. También podría tener un impacto directo en algo mucho más profundo: la esperanza de vida. Así lo apunta un reciente estudio científico que ha puesto el foco en una cuestión tan cotidiana como el número de hijos.
La investigación, llevada a cabo por la Universidad de Helsinki y el Instituto de Investigación Médica de la Fundación Minerva, y publicada en la revista Nature Communications, sugiere que la historia reproductiva de las mujeres deja una huella duradera en su biología.
El dato más llamativo es que las mujeres con dos o tres hijos tienden a vivir más tiempo y presentan patrones de envejecimiento más favorables que otros grupos. Una conclusión que abre nuevas líneas de debate sobre cómo las decisiones vitales pueden influir en el cuerpo más allá de lo evidente.
Un seguimiento durante décadas
Para llegar a estos resultados, los investigadores analizaron a casi 15.000 mujeres gemelas nacidas entre 1880 y 1957. Todas ellas respondieron a un cuestionario en 1975, y desde entonces su evolución ha sido seguida de forma periódica.
Este amplio seguimiento permitió detectar que no solo importa cuántos hijos se tienen, sino también cuándo. En concreto, los embarazos que se produjeron entre los 24 y los 38 años se asociaron con un envejecimiento más saludable y una mayor longevidad.
Los datos muestran además una tendencia clara: las mujeres con dos o tres hijos obtenían mejores resultados que aquellas con familias más numerosas. De hecho, tener más de cuatro hijos se vinculó con una menor esperanza de vida y un envejecimiento biológico más acelerado.
Uno de los hallazgos que más ha sorprendido a los científicos es que las mujeres sin hijos también presentaban signos de envejecimiento más rápido en comparación con aquellas que tenían pocos descendientes.
Aun así, los autores del estudio advierten que este resultado podría estar condicionado por otros factores, como el estado de salud o el estilo de vida, que no pudieron analizarse en su totalidad.
Llamamiento a la prudencia
La directora del estudio, la epigenetista Miina Ollikainen, ha querido lanzar un mensaje claro: estos datos no deben interpretarse como una guía para tomar decisiones personales.
“Una persona biológicamente más envejecida respecto a su edad cronológica tiene mayor riesgo de fallecer”, explica. Y añade: “Nuestros resultados demuestran que las decisiones vitales dejan una huella biológica duradera, medible mucho antes de la vejez”.
Además, recuerda que el contexto social actual es muy distinto al de las generaciones analizadas, por lo que las conclusiones deben leerse con cautela.
En paralelo, cada vez más expertos ponen el foco en otros factores cotidianos —como la alimentación— que también pueden marcar la diferencia cuando se trata de vivir más años.
