El fentanilo ya está entrando en las prisiones españolas de manera casi indetectable. Según CSIF, debido a una respuesta completamente insuficiente por parte de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Este opioide sintético —o derivados aún más potentes— se impregna en papeles junto al cannabis sintético, conocido en los centros penitenciarios como 'pescaíto'. Una vez dentro, esos papeles se recortan en pequeñas tiritas que los reclusos fuman mezcladas con tabaco. El resultado: sobredosis, agresividad, desórdenes...
Lo que describe CSIF no es una amenaza teórica. El año pasado, tres reclusos fallecieron en la prisión de Algeciras por causas relacionadas con este tipo de sustancias, y los resultados de las autopsias tardaron meses en llegar. Incidentes graves se han registrado también en Puerto III y, hace apenas unas semanas, en Huelva. El patrón se repite: consumo de estas sustancias, efectos imprevisibles y trabajadores penitenciarios atrapados en medio del caos.
El problema es que cada "papelito" puede contener una mezcla diferente. Fentanilo combinado con otras drogas, adulterado con lejía, disolvente u otras sustancias tóxicas en proporciones variables. Esa variabilidad hace que los efectos de cada dosis sean completamente impredecibles, lo que dificulta enormemente la respuesta del personal sanitario ante una sobredosis. No hay protocolo que cubra todas las combinaciones posibles si no se sabe qué se está combatiendo. Una droga, el fentanilo, que es una auténtica epidemia en Estadaos Unidos.
La única respuesta: un manual de 2024 "absolutamente insuficiente"
CSIF ha lamentado que la única medida adoptada hasta ahora por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias haya sido la publicación, en septiembre de 2024, de un manual sobre cómo manipular el fentanilo. Una guía que el propio sindicato califica de "absolutamente insuficiente y desactualizado". Y el riesgo no es solo para los presos. Una exposición accidental por inhalación, contacto dérmico o ingestión indirecta supone, según CSIF, "un riesgo real e inmediato para el personal funcionario encargado de las labores de incautación, registro y custodia". Es decir, quienes trabajan en las cárceles se juegan la salud cada vez que manipulan correspondencia sin saber lo que contiene.
Por eso, el sindicato ha dirigido un escrito formal a la Secretaría General exigiendo un protocolo específico, actualizado y homogéneo que no se limite a la manipulación de la sustancia, sino que aborde directamente cómo impedir su entrada en los centros. Uno de los argumentos más contundentes del sindicato tiene que ver con la tecnología. Se suele repetir que estos papeles impregnados son "imposibles de detectar, al ser incoloros e inodoros". CSIF lo rebate de forma directa: "Sabemos que existe tecnología que sí permite interceptar la droga, lo que pasa es que falta voluntad política para llevar a cabo el desembolso presupuestario necesario para ello", señalan desde el área de Prevención de Riesgos de CSIF Prisiones. La solución, por tanto, no sería técnicamente imposible.
Las propuestas del sindicato abarcan tres frentes. El primero, la prevención: actualizar la guía de 2024 e incorporar medios electrónicos para interceptar estas sustancias antes de que crucen los muros. El segundo, la detección: inspecciones rigurosas de toda la correspondencia y paquetería que entra en los centros. El tercero, la respuesta rápida: medidas médicas específicas para tratar sobredosis y un aumento de plantilla que garantice el correcto funcionamiento de los centros.
En resumen, más formación, más personal y más recursos técnicos, acompañados de una revisión de la legislación penitenciaria. CSIF no pide nada extraordinario. Pide que el sistema esté a la altura de una amenaza que ya está dentro de las cárceles españolas, impresa en un papel que parece una carta cualquiera.


