El SOS de Ana, una senegalesa que no puede vender sus canastos durante la pandemia

Una familia que reside en Jerez, con un hijo de cinco años y otro en camino, no tiene ingresos desde que comenzó el confinamiento

Khady Fall, conocida como Ana, con uno de los canastos que vende. FOTO: MANU GARCÍA

A Khady Fall muy poca gente la conoce por su nombre en Jerez. En la ciudad que la acogió hace ya más de doce años es Ana. “Me gusta, es un nombre que me ha dado suerte”, cuenta cuando habla con lavozdelsur.es. Ana es senegalesa. Sus padres llegaron a España hace 25 años. Desde entonces, sobre todo, se han dedicado a vender canastos artesanales, originarios de su país, y todo tipo de artículos de madera, en mercadillos y ferias de la provincia. No le ha ido mal, dice, hasta ahora.

Desde que empezó el confinamiento no venden nada. La madre de Ana, Ndeye Fatou Gueye por su nombre senegalés, aunque es Eva en Jerez, está en Senegal, donde se encontraba comprando mercancía que luego pretendía vender en España, como lleva haciendo desde hace lustros. Pero no pudo volver a tiempo. Hace dos meses que no la ve. “Las fronteras están cerradas”, lamenta Ana, quien relata que su madre “va a comprar en invierno”, para poder volver con material suficiente para los meses de verano, la época más fuerte en cuanto a ventas. “Ella está muy mal”, dice Ana sobre su madre, “está confinada, aunque en Senegal no hay muchos casos”. Cuando pueda, espera mandarle algo de dinero.

Ana, para colmo, está embarazada de siete meses. Su pareja, actualmente, no trabaja, por lo que en casa no entran ingresos. Hace unas semanas consiguió un cheque de alimentos con los que pudo llenar la nevera. “No tenemos nada, el cheque me permitió comprar comida”, relata la senegalesa, que tiene un hijo que hace poco cumplió cinco años. “Le compramos una tartita, al menos, para poder celebrarlo. No tenemos muchos recursos”, apunta.

Ana, con algunos canastos fabricados en Senegal. FOTO: MANU GARCÍA

La solidaridad de sus vecinos está haciendo que Ana y su familia puedan comer, y también darle salida a los productos que antes vendían en mercadillos. Canastos, cestas de mimbre multicolores, y elementos decorativos de madera, típicos de Senegal, se amontonan en su vivienda. Los tiene a la venta, para poder ingresar algo de dinero con el que comer ella, su marido y su hijo pequeño. “Te encuentras a gente muy buena, muchos me están ayudando”, dice. “A ver si saco algo para mandarle dinero a mi madre, que le hace falta”, añade.

“Siempre nos hemos dedicado a esto”, relata Ana, “es un negocio familiar, las dos familias dependemos de esto”, dice en referencia a la suya y a su madre, que se quedó viuda hace ahora un año. Eva es la encargada de comprar las canastas, los artículos decorativos, y también pulseras, y ella le ayuda a venderlo en los puestos que montan en paseos marítimos de la provincia. “Antes iba de maravilla, pero este verano no sabemos qué va a pasar, con el coronavirus seguramente no podremos, y tampoco habrá turistas”, lamenta la senegalesa.

“No sabemos lo que hacer. Estoy con ansiedad, de pensar en todo esto y en el niño que viene en camino. No pensaba que la cosa iba a estar así. Esperaba que llegara el verano para trabajar y poder comprar pañales y leche, pero Dios lo ha querido así”, agrega Ana, que pasa los días intentando vender algún producto, y ayudando a su pequeño con la tarea. “Por WhatsApp le mandan algunas actividades”, relata. “Él lo lleva bien, juega con su prima, y no se da cuenta de todo lo que pasa”. En un par de meses llegará una nueva boca que alimentar. Ana espera que para entonces estén en mejores condiciones.

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