De Marruecos a Jerez, con una pierna: "El deporte me ayudó a superarlo"

Ihab Ettalib es un joven marroquí que llegó a España para curarse un cáncer. Desde entonces, juega al fútbol en la Selección Española de Amputados, a baloncesto en silla de ruedas y practica ballet

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Ihab Ettalib lleva la palabra "superación" pintada en su piel parda. Tiene 19 años y le detectaron un cáncer en la pierna izquierda cuando tan solo era un chiquillo de nueve. Es natural de Marruecos, concretamente de la región fronteriza con Melilla, Nador, zona pobre que carece del material sanitario suficiente para tratar un tumor. "Allí me operaron mal y el cáncer regresó. Ese es el motivo por el que entré en España", relata.

Desde Melilla fue trasladado al hospital Carlos Haya de Málaga donde finalmente tuvieron que amputarle la extremidad afectada. Y cruzó de nuevo el mar Mediterráneo para ingresar en un centro de menores de la ciudad de Melilla. "Me dieron comida, ayuda de superación y aprendí el idioma". Pero Ettalib se encontraba solo en España, ya que sus padres viven en Nador. No obstante, el deporte le aportó una nueva familia, una nueva vida.

"El deporte me saca de los problemas, es lo mejor que hay en la vida. La compañía y conocer a gente que también tiene dificultades... Cada uno tiene su historia y aprendo mucho de ellos", incide. "El deporte me ayudó a superarlo psicológicamente", agrega. Recuerda que su peor momento fue cuando terminó la residencia en el centro de menores. Se encontraba algo perdido, sin rumbo. Pero logró encauzar su vida, de nuevo, gracias al deporte.

Durante su estancia en Melilla, Ettalib comenzó a jugar en el equipo Ciudad Autónoma de Melilla de baloncesto en silla de ruedas, con el que consiguió ascender a Primera División. A raíz de su lucha y su exitosa participación en el equipo, el CEIP Enrique Soler de Melilla, un centro educativo muy implicado con el deporte, llevó a cabo una gala benéfica donde ofertaba un puesto de trabajo en la cocina del colegio. Ihab Ettalib resultó ser el afortunado, pero con una condición: adquirir conocimientos sobre la materia. Eso fue lo que lo trajo a Jerez, al grado medio de Cocina que imparte el IES Fernando Quiñones.

Cogió sus muletas, subió al barco y arribó a la Costa de la Luz. Cuenta que, de no ser por la ONG Voluntarios por otro mundo, no podría trabajar, en un futuro, en España. La asociación, creada en 2013 por José Chamizo, ex Defensor del Pueblo Andaluz, le dio cobijo en la ciudad y le abrió todas las puertas. "Yo tenía permiso de residencia solo para estudiar". Pero Michel Bustillo, responsable en Jerez de la ONG, consiguió resolver los trámites burocráticos necesarios para que Ettalib pudiese ocupar ese puesto de cocina que le había reservado el colegio melillense.

Lleva desde marzo de 2016 viviendo en uno de los pisos que tiene la organización en Vallesequillo II, tiempo que lleva cursando el grado medio del instituto jerezano. "Estudio cocina porque me gusta, pero sobre todo porque es mi futuro". En la actualidad compagina sus estudios con la práctica del fútbol, ya que forma parte de la Selección Española de Amputados, con la que lleva jugando desde hace tres años y con la que ganó la medalla de bronce en el Campeonato de Europa en septiembre de 2015.

"Con el Ciudad Autónoma de Melilla me recorrí la península entera, pero con la selección española de fútbol para amputados he jugado en Polonia, Francia, Turquía, Alemania, Inglaterra...". Hoy tiene aparcado el baloncesto sobre ruedas al no residir en Melilla, pero aprovechó la oportunidad para practicar otro deporte. "Este año nos toca jugar la Champions en Estambul, del 1 al 10 de octubre", murmura. Es un chico inquieto y, a pesar de las adversidades, nunca borra su sonrisa. "Es un manojo de nervios", espeta uno de sus profesores del IES Fernando Quiñones. "¡Nah!, es muy bueno", continúa en un tono cariñoso. Y es que a Ettalib no le basta con jugar al fútbol y estudiar cocina, ya que acude a la escuela Flick Flock Danza de Cádiz para aprender a bailar ballet, desde hace dos meses. Ríe cuando lo cuenta.

Hasta él mismo se sorprende al contar su historia. Todo lo que ha logrado en menos de diez años es una auténtica proeza. Confiesa que en España no se ha topado con obstáculos ni con discriminaciones, sino todo lo contrario. "Me he adaptado muy bien y estoy muy orgulloso, la verdad", concluye.

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