Oliver Laxe se ha convertido en una de las figuras más comentadas del cine español gracias a Sirat, su aclamada película. El director gallego no para de conceder entrevistas, su nombre circula en festivales y cada vez suena con más fuerza la posibilidad de que acabe nominado a los Oscar. Además cuenta con 11 nominaciones en los Goya 2026. Pero si hay algo que ha despertado reacciones estos días ha sido una reflexión sobre el modo de hacer cine que hizo en una entrevista para la Cadena SER.
“Para mí tener proclamas muy políticas, pero luego hacer una película con Netflix, me parece una pura contradicción que anula tu discurso. Lo importante es que hagamos las películas más rigurosas y profundas posibles, y eso es lo que va a hacer que se eleve el nivel de consciencia de la gente”. Con esas palabras, Laxe cuestionaba un modelo industrial que, a su juicio, enfrenta activismo y plataformas.
Y ahí entró en escena el cineasta gaditano Jota Linares. Natural de Algodonales y director de películas que habitualmente figuran entre los éxitos de Netflix, no se ha quedado callado. Respondió en sus redes, donde arrancó así: “Oliver Laxe está viviendo su momento dorado. Se permite, de paso, recordarnos que si haces una película para Netflix no puedes lanzar proclamas políticas. También que él hace pan de semillas y los demás pan Bimbo”.
El comentario venía acompañado de una explicación directa: “Querido Oliver, te contaré qué es lo que me permite seguir manteniendo ideas políticas y expresarlas libremente a pesar de haber dirigido series y películas para Netflix: Mi clase social”. Lo decía dejando muy claro su origen humilde. Según contaba, pertenece “a una familia de clase baja de un pueblo de apenas 5.000 habitantes de la sierra de Cádiz. En casa teníamos que vigilar cada peseta que entraba y pudimos, a base de mucho trabajo, mantener siempre la dignidad y ciertas comodidades sin lujos”.
Linares expresa que cuando cumplió 18 años le fue “imposible estudiar cine porque en España era, y sigue siendo, insultantemente caro. Muy caro”. Y remataba: “Muchos acabamos siendo directores después de muchos trabajos de mierda, sacrificios y concesiones. Creo que eso me legitima para tener voz y expresarla”.
El gaditano continúa. “Te va a sorprender que te diga que me encantan tus películas. Especialmente O que arde. Pero también te aseguro que, debido a mi clase social, yo sería incapaz de mantenerme haciendo solo cine de autor espaciado en el tiempo unos dos o tres años. No me salen las cuentas, aunque veo que a ti sí”.
Una respuesta muy aplaudida
El realizador detalló además su paso por la plataforma: “He trabajado dirigiendo series para Netflix e incluso ellos me financiaron alguna película que fue imposible levantar para salas”. Aseguró haber conocido técnicos “profundamente cinéfilos y talentosos” y actores que luego le acompañaron en proyectos personales. “Somos, y te va a volar la cabeza esto, capaces de hablar del cine de Ettore Scola a la vez que ejecutar perfectamente nuestro trabajo en el mainstream”, defendía.
Por último, concluye: “Ah. Y no se hackea el sistema desde dentro con una peli de seis millones de euros con 30 publicistas trabajando a tus pies. No, querido Oliver. Eso es estar en la cúspide del mainstream”.
La respuesta ha sido celebrada por numerosos compañeros del sector audiovisual. Entre quienes aplaudieron sus palabras figuran intérpretes como Marta Hazas, Itziar Miranda, Andrea Duro o Candela Peña.
