La shisha, también conocida como pipa de agua, vuelve a situarse en el centro del debate sanitario tras un nuevo estudio que advierte de sus riesgos. Lejos de la percepción generalizada de que es menos dañina que el tabaco convencional, la investigación apunta a que su consumo puede provocar intoxicación por monóxido de carbono incluso en condiciones que muchos consideran seguras.
El trabajo científico ha comprobado que ni fumar al aire libre, ni hacerlo durante poco tiempo, ni siquiera ser fumador pasivo en interiores evita los efectos nocivos de esta práctica. Una conclusión que desmonta algunos de los mitos más extendidos en torno a la shisha, especialmente entre la población joven. Los expertos alertan de que el monóxido de carbono, un gas tóxico que se genera durante la combustión del tabaco, puede acumularse en el organismo y provocar síntomas de intoxicación incluso tras exposiciones breves.
Riesgos invisibles incluso en exposiciones breves
Uno de los aspectos más preocupantes del estudio es que el riesgo no se limita a un consumo prolongado. Según los resultados, una sola sesión corta de shisha puede ser suficiente para generar niveles peligrosos de monóxido de carbono en el cuerpo.
Además, el hecho de fumar en espacios abiertos no elimina el problema. Aunque el aire libre puede dispersar parte de los gases, no impide que el usuario inhale cantidades significativas de sustancias tóxicas. La investigación también pone el foco en quienes no fuman directamente. La exposición pasiva en interiores puede derivar igualmente en intoxicación, lo que amplía el alcance del problema a quienes comparten espacios con fumadores.
En este contexto, los expertos reclaman mayor concienciación, especialmente en entornos frecuentados por jóvenes, donde la shisha se ha convertido en una práctica habitual. El estudio concluye así que no existe una forma segura de consumir shisha, ya que incluso exposiciones puntuales o indirectas pueden tener efectos perjudiciales.
Especial impacto en jóvenes y entornos sociales
El estudio subraya que estos riesgos afectan especialmente a los jóvenes, un grupo en el que el consumo de shisha se ha popularizado en contextos sociales y de ocio. La percepción de que se trata de una alternativa más “suave” o menos perjudicial que el cigarrillo tradicional ha contribuido a su expansión, pese a que la evidencia científica apunta en sentido contrario.
Los investigadores insisten en que el monóxido de carbono es un gas especialmente peligroso, ya que puede pasar desapercibido y afectar al transporte de oxígeno en la sangre, con consecuencias potencialmente graves para la salud. Este nuevo aviso refuerza la necesidad de informar sobre los riesgos reales asociados a la shisha, desmontando la idea de que su consumo es seguro bajo determinadas condiciones.
