Carme se somete al primer transplante de cara en el mundo por una donante que recibió la eutanasia

Donante y receptora debían cumplir estrictos requisitos, como compartir sexo y grupo sanguíneo, además de presentar medidas antropométricas similares de la cabeza

Carme, transplantada de cara, en el centro, con profesionales del Hospital Universitario Vall d'Hebron.
04 de febrero de 2026 a las 12:32h

Un equipo formado por alrededor de un centenar de profesionales sanitarios del Hospital Universitario Vall d'Hebron ha llevado a cabo el primer trasplante parcial de cara del mundo procedente de una donante que había recibido la eutanasia y que decidió realizar este acto solidario antes de morir.

La receptora del trasplante es Carme, que este lunes ha comparecido públicamente junto a algunos miembros del equipo médico que hicieron posible la intervención. La paciente ha explicado que actualmente se encuentra “bien y contenta” tras un proceso médico de enorme complejidad.

Para llevar a cabo una operación de este calibre ha sido necesaria la implicación coordinada de especialistas de múltiples disciplinas, entre ellas cirugía plástica, trasplantes, inmunología, psiquiatría, psicología clínica, rehabilitación y la unidad de cuidados intensivos, lo que da cuenta del alcance y la dificultad del procedimiento.

El jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del centro, Joan-Pere Barret, ha detallado que Carme sufrió una grave infección tras la picadura de un insecto, que derivó en una necrosis —muerte irreversible de células y tejidos— en la cara. “Lo que podría haber quedado en una anécdota acabó siendo una experiencia horrible para ella y todos los familiares”, ha lamentado.

La infección provocó una alteración severa del habla, la respiración y la nutrición, llegando a poner en peligro su vida. Carme acudió a Vall d’Hebron para una intervención urgente que le permitiera recibir nutrientes y fue entonces cuando se le planteó la opción del trasplante facial como única alternativa viable.

La paciente ha agradecido públicamente el trabajo del equipo sanitario y ha destacado el trato humano recibido durante todo el proceso. “Han estado allí las 24 horas del día y me han tratado como si fuera de su familia, ha sido maravilloso”, ha afirmado visiblemente emocionada.

También ha tenido palabras especiales para el médico que la atendió, a quien ha definido como su “ángel de la guarda”, al ser el único profesional que le ofreció una posible solución. Además, ha agradecido “de corazón” a la donante y a su familia el gesto de generosidad que hizo posible el trasplante.

Una donación que permitió planificar la cirugía con precisión

Donante y receptora debían cumplir estrictos requisitos, como compartir sexo y grupo sanguíneo, además de presentar medidas antropométricas similares de la cabeza. Según Barret, el hecho de que la donante hubiera solicitado la eutanasia —un proceso que puede prolongarse durante semanas o meses— permitió una mejor planificación quirúrgica.

Pudimos realizar una planificación en 3D tanto de la paciente como de la donante, lo que facilitó una mejor resolución reconstructiva de los tejidos”, ha explicado el cirujano. Todo ello se realizó sin que existiera ningún vínculo entre donante y receptora.

Por su parte, el coordinador de Programas de Donación y Trasplantes del hospital, Alberto Sandiumenge, ha subrayado que se cumplió “estrictamente” la ley de regulación de la eutanasia durante todo el proceso.

Carme, receptora de transplante parcial de cara.

Una cirugía excepcional a escala mundial

El trasplante de cara es una de las cirugías más complejas que existen. Puede prolongarse hasta 24 horas y requiere una elevada experiencia quirúrgica y recursos asistenciales avanzados. En este tipo de intervenciones se trasplantan piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y hueso, con una disposición tridimensional extremadamente delicada.

Hasta la fecha, solo se han realizado 54 trasplantes de cara en todo el mundo, en una veintena de centros especializados. Entre ellos se encuentra el Hospital Vall d’Hebron, que con esta intervención vuelve a situarse a la vanguardia de la medicina reconstructiva internacional.

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F. Jiménez

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