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Pdr Snchz es el hombre del millón de selfies. Antes y después de un mitin. Si pudiera, también lo sería durante. Todo se andará. Pedro Sánchez es un político al que, en la era de la imagen, la cámara de cualquier dispositivo electrónico le adora. Hasta en lo más agrio de su discurso, ese ‘total’ que regala para los noticiarios de las teles, parece rebosar buen rollo, talante y un 'espérame que ahora bajo y nos hacemos una foto'. “Una taza es una taza y un vaso es un vaso. Muy bien, señor Rajoy, qué gran reflexión. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Un vaso es un vaso y usted es un fracaso”. “Derogaremos la reforma laboral y será a él al primero que le haremos un despido procedente por causas objetivas”. Los mismos tics, los mismos gags. Otra vez. Da lo mismo: ovación cerrada. No tiene aquellas cejas inquietantes del bueno de Zapatero, ni el rostro de amo del calabozo de Rubalcaba. Es una cara nueva, espigada, atractiva, pero dentro de un partido pasado de rosca. Lo mismo podría ser monologuista que odontólogo. O jugador de baloncesto, su gran pasión. “Esto es como si fuera un concierto de Alejandro Sanz”, dicen dos mujeres maduras a la caza del autorretrato con ese rostro popular al que no están muy seguras de si van a votar o no el próximo 20 de diciembre. “Le daría una oportunidad, hay que mirar a las personas al final, ¿no?”

Pedro Sánchez sabe que está muy por encima de su marca. Aunque a decir verdad la marca todavía retenga. Pero es un aparato viejo, anquilosado, y él lo sabe. “Somos quienes tenemos mayor porcentaje de mujeres cabeza de lista”, afirma rotundo. El desgaste, la corrupción y las luchas intestinas han ido gangrenándolo todo, minando la credibilidad. Toca vender otra cosa. Y lo dice el CIS: el PSOE tiene 136 años de historia y se encuentra en un momento crítico electoralmente hablando. Estrujado entre el puro centro, copado por otro efebo de la política encarnado en Albert Rivera, y la izquierda-extrema izquierda, representadas esencialmente por un tipo con coleta de nombre Pablo y apellido Iglesias. Aun así, sigue luciendo músculo y un aparato fiel y bien engrasado.

La carrera a la Moncloa también tiene parada en Jerez. En la Atalaya. En el Museo del Tiempo. Qué poético todo. Y cómo lo impregna todo el morado. Algún maledicente alude al color de Podemos ante tanto globo violeta. Es el 25 de noviembre, el Día contra la Violencia de Género. Vale, entonces se justifica. “Es lo que toca”. Y Pdr Snchz, Pedro el guapo, il bello, según la prensa italiana, el político que dice que tiene que reír más, el objetivo de todos los móviles allí presentes, se dispone a darse un nuevo baño de masas. Es miércoles, día laborable en la capital europea del paro. Y hasta allí han llegado los figurantes, los clásicos meritorios del partido a nivel local y provincial, asesores, jefes de todo pelaje, los cargos intermedios y los altos cargos, los ‘mascas’. Todos arropando al “jefe supremo”. “Estamos contigo”, “presidente”, “guapo, guapoooo”, “Pedro, mira aquí…”, “espera, un selfie, Pedrooooo…”, vociferan. En la puerta hay un solitario ex trabajador de Delphi que dice sentirse “traicionado” por “estos ladrones”. Una mujer camina calle Lealas arriba y le pregunta: “¿Qué hay aquí?” Replica: “Estos son los chorizos”. Le mira, nos mira y se justifica: “Desde 2007 llevamos arrastrando esta desgracia, nos dejaron tirados, haciendo cursos que no han servido para nada”. Luego, gritará desde la calle. Su queja a viva voz llegará al oído de uno de los seguratas del evento y, raudo, ordenará a través del pinganillo: “Cerrad ya esa puerta, coño”.

Hay un grupo de señoras mayores procedentes del colectivo de mujeres Pozo de la Víbora, de Picadueñas. Llevan toda la mañana de ruta con motivo del 25-N y ahora toca mitin. “No parece mala persona”, dice la presidenta Mariló Fernández. Y apostilla: “Su partido ha tenido muchísimas cosas, pero igual que lo han tenido otros. También me agrada Ciudadanos. Bueno, le agrada a todo el mundo. Lo que hace falta es trabajo, que hay mucho paro”. “Yo nunca he sido muy de Pedro Sánchez pero creo que es el mal menor viendo lo que hay”, asegura con convicción un joven que hasta hace poco militaba en Juventudes Socialistas. Dos jovencitas de apenas 20 años, con chalecos de una ONG, aguardan ansiosas a hacerse un selfie con su líder. “Formamos parte de la ONG que creó Felipe González, o sea que formamos parte del PSOE, y por supuesto que confiamos en Pedro, ahora le diremos que se afilie”. No hay más discusión. Un líder intergeneracional: lo mismo gusta a las abuelas que a las nietas. El yerno perfecto. El candidato sin discusión.

En el interior, con más de media hora de retraso sobre lo inicialmente previsto, ‘El cambio que une’ figura por todas partes mientras suena una descafeinada sintonía del PSOE que se mueve entre el hilo musical de un aeropuerto y la musiquilla de una llamada en espera en Vodafone. Los mítines ya son lo que eran. No hay banderas ni ese crescendo atronador cuando llegaba el candidato entre la multitud. Debe de estar media provincia paralizada: alcaldes/as y cargos políticos de muchos ayuntamientos han acudido en tropel a la llamada de su candidato. No se mueve ni un papel en los despachos oficiales. De nuevo lo institucional y lo orgánico incomprensiblemente mezclados en día laborable. Pero es campaña. Todo vale. Nadie sabe ya ni donde vive. Lo mismo la alcaldesa, Mamen Sánchez, habla del 20-N para referirse al 20-D que Miriam Alconchel, número 2 al congreso por Cádiz, habla de “este jueves” cuando quiere decir “este miércoles”. Las dos se ceban con el PP, como no podía ser de otra manera. La diputada saliente le demanda a su líder que derogue la reforma de la administración local de Rajoy, “ni es racional, ni es sostenible”, y Alconchel, en una clave mucho más política, de partido, le recuerda que “estás en una ciudad y una provincia que ha sufrido muchísimo en estos últimos cuatro años por culpa del PP”. Por ello, haciendo gala de su condición de secretaria general del PSOE jerezano, le insiste: “Pero es una tierra sabia, ya hemos ganado las últimas europeas, las autonómicas, las municipales, y tú serás nuestro próximo presidente del Gobierno”.

“Nuestra patria no está en Suiza ni Andorra; nuestra patria está en las aulas de los colegios públicos, en las becas, en las residencias de mayores… Nuestra patria es la Igualdad”, proclama nada más subir al entarimado el candidato socialista a la presidencia del Gobierno. A continuación, dedicará el grueso de su discurso a su auténtico ‘target’: las mujeres. Alegato intenso contra la violencia machista, compromisos de Gobierno, lucha contra la brecha salarial entre hombres y mujeres, e incluso igualdad en materia de pensiones para viudas y jubiladas. “Voy rápido que me dicen que a menos cuarto tenéis que ir a recoger a los niños”, espeta en el arranque, atento a las necesidades imperiosas del pueblo llano. Incluso promete derogar, a petición de su amiga de "pandilla", la ley de racionalización y sostenibilidad de la administración local. "Daremos más financiación a los ayuntamientos. Es necesario". El discurso pasa rápido.

Antes que él también ha intervenido la jefa de los socialistas en Cádiz, Irene García, que ha dedicado los ataques más feroces a un PP que “no puede ser ejemplo de regeneración democrática”. “¿Hasta dónde llega el poder del señor Arenas en Andalucía? Es una desgracia y una vergüenza para la provincia lo de esta senadora”, alude a la exalcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, candidata al Congreso e implicada en la pieza jerezana de la Gürtel. Lo de Pedro Sánchez, tras ella, se antoja corto. Él sabe que más que aburrir con retórica, consignas y milimetrados discursos debe posar. Bajar al ruedo y darle a sus fans lo que esperan: contacto, sonrisas y selfies. Pero él también sabe que solo con eso no será suficiente. Si solo bastara con eso en política nadie tendría dudas ahora mismo, con permiso de Rivera, de quién es el rey. Pdr Snchz, el visionario que entendió que para que la calle te atienda tienes que estar donde está la calle: ya sea pateándose España, pisando el suelo entre apretones, llamando a un programa basura en directo, o yendo al plató de El Hormiguero a “divertirse”. A Pedro Sánchez otra cosa no pero piel, que diría Floriano, le sobra.“ No ha estado mal, pero habrá que pensárselo mucho, ¿no?”, concluye un abuelete con gorra y bastón al finalizar el acto.

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