Con Juanma Moreno y Manuel Gavira luciendo la misma corbata, y con una rápida ojeada a sus papeles en el medio minuto inicial de María Jesús Montero, comenzaba un debate electoral andaluz que abrían José Ignacio García y Antonio Maíllo reclamando servicios públicos. Un debate importante para el indeciso pero que quizás no resultó tan influyente como el de 2022, aquel en que se acabó decidiendo lo que sería la mayoría absoluta del PP.
En el arranque, sobre vivienda y economía, llegó el primer enganchón. García llamaba mentiroso y mala persona a Gavira por poner sobre la mesa la idea de prioridad nacional de Vox, que viene a resumir buena parte del programa. También empezaron a engancharse Moreno y Montero. Desde el PP, claramente, la idea era recordarle a la gente quién gobierna España, el PSOE de Montero y el Por Andalucía que engloba a IU y Sumar. Un inicio que apuntaba más a la diferencia ideológica sobre la gestión, al hablar de impuestos, de modelo de futuro para la comunidad... y también de vivienda, que todos reconocían como el gran problema sin dar el golpe de cómo de verdad se va a solucionar en la próxima legislatura.
La sanidad, centro de todo: del "eso es mentira" al "eso es un clamor"
“Se han dicho muchas mentiras en Sanidad”, señalaba Juanma Moreno en el segundo bloque, aquel en que los partidos más se sabían con opciones de dañar la candidatura del actual presidente. La razón está en la calle y en el análisis electoral: la sanidad es el principal problema para los andaluces, según el barómetro del Centra, el llamado CIS andaluz. En su primera interpelación, José Ignacio García sacaba el asunto de los cribados, el gran escándalo de la legislatura: “Aún no sabemos qué pasó”.

Para Montero, “es un clamor popular”, mientras “los andaluces recuerdan perfectamente el orgullo que era la sanidad pública mientras yo era consejera”. Gavira apelaba al problema desde la perspectiva de Vox, de nuevo: “Las regularizaciones masivas” como causa de la situación, en general, de los servicios sociales. Maíllo cambiaba de tercio para hablar de Educación: “Usted desprecia el conocimiento”.
Y Moreno fue al ataque porque fue tres contra uno, de las tres candidaturas de izquierdas acusándole de despreciar a los andaluces. Uno de los argumentos de fuerza para el popular era insistir en que las privatizaciones fueron las del Partido Socialista en la Junta. “455 millones de conciertos firmados por usted”, le dijo a Montero. En este bloque llegaba uno de los momentos del debate, cuando el moderador, Xabier Fortes, le pedía a Maíllo que no consumiera el tiempo al completo para tener turno final de cierre. “Pero déjeme terminar, eso es responsabilidad mía”, respondía el candidato de Por Andalucía. El tiempo se consumía y lo cierto es que Juanma Moreno, que incluso había prometido una explicación en una interpelación, no sacó la respuesta sobre los cribados del cáncer de mama.
Catalanes vs. andaluces
Si el segundo bloque no era propicio para Moreno, el tercero era el más difícil para Montero, pues trataba de financiación autonómica, cuya propuesta ha venido firmada como ministra de Hacienda y con la que el PP ha acusado al Gobierno de favorecer a Cataluña. Es una de esas ideas que tienen potencial de calar en las mayorías.
Comenzaba en este bloque Gavira poniendo sobre la mesa un resumen de la situación electoral: que el PSOE no tendría opciones y que lo que se va a decidir es si gobierna Juanma Moreno en solitario o con Vox. Fue el primero en sacar eso que está en los análisis sesudos y en la propia calle. Vox lo recordaba para pedir que desde su partido se condicione al PP y se reedite la situación de Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Juanma Moreno lleva toda la campaña (y antes, apoyado en las encuestas) reiterando también eso, pero precisamente para alentar el miedo a esa reedición de un pacto y pidiendo votos para volver a tener una absoluta que salve a Andalucía de los pactos. Hace cuatro años, con una Macarena Olona desafiante, Moreno abrochó en la recta final esa mayoría absoluta. Y sobre eso la izquierda no quiere hablar porque percibe que, lógicamente, más que movilizar a los suyos, en la práctica podría estar llamando a movilizar al votante indeciso en favor de Moreno para parar a la ultra derecha.
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— lavozdelsur.es (@lavozdelsures) May 4, 2026
Montero previó el argumento del agravio territorial en el asunto de la financiación y se adelantó para insistir en que ahora Andalucía recibirá más que antes. “Es falso que haya un cupo catalán”. Por momentos, el debate se fue a unos términos técnicos, como cuando se sacó el asunto de la ordinalidad, que hay que recordar -porque lo cierto es que mucha gente no lo sabe- que significa que se redistribuyan impuestos en el mismo orden en el que se aportan.
Dentro de este debate, que como siempre es caótico por momentos, y más cuando son cinco las voces, servía el minuto de oro para saber bien qué prioriza cada candidatura. “Defiende lo público, vota PSOE”, iniciaba Montero. “Nos hemos unido como nos habéis pedido (...). Andalucía es el abrazo”, decía Maíllo. “Hace falta una izquierda que no defraude (...). Frente a Goliat, vota David”, contraponía García. Juanma Moreno dijo, como en toda la campaña y precampaña, que “nos metemos en un lío” si no se vota al PP, “os pido concentrar el voto”. Ese “lío” era el de Vox y Gavira, que cerraba el minuto de oro: “Nos merecemos un Gobierno que defienda la prioridad nacional”.
Con esto, el debate finalizaba sin claros ganadores ni perdedores, con todo muy medido, sin momentos brillantes, y seguramente, tampoco virales. Tendrán tiempo los partidos para repasar los errores. Unos errores que mutuamente permitieron a los adversarios entrar a ponerse zancadillas. Por ejemplo, se las puso Vox a Adelante. Y el PSOE al PP. Y el PP a Por Andalucía. Quizás pudo ser un ganador relativo José Ignacio García, uno de los líderes mejor valorados en las encuestas pero a la vez más desconocidos para el público por ser la primera vez que lidera una candidatura como esta. Aunque también puede interpretarse ganador a un Juanma Moreno que sin estar brillante -más encorsetado que en los cara a cara parlamentarios, por ejemplo, donde a menudo resulta más fresco y convincente- lo cierto es que ha contenido los arreones de la izquierda. Puede incluso considerarse ganador a Gavira, casi todo el debate a su aire, centrado en insistir en sus ideas, principalmente la de la prioridad nacional, menos participativo en las refriegas. Y tanto Por Andalucía como PSOE han estado consistentes en declararse oposición al Gobierno andaluz desde el Gobierno de España.
Los andaluces tienen ahora más argumentos para decidir qué votar, lo cual van a agradecer, especialmente los muchos indecisos que pueden redefinir el futuro de mayorías y pactos en Andalucía. Sin que se engradeciera en esta noche el noble arte del debate político. Pero con utilidad, seguramente, para muchos miles.



