El Gobierno ha vuelto a evidenciar sus tensiones internas en plena crisis. El Consejo de Ministros extraordinario de este viernes se ha retrasado más de dos horas tras un fuerte desacuerdo entre PSOE y Sumar por las medidas a incluir en el decreto anticrisis. La intención de los socios minoritarios es introducir la congelación de alquileres y el control de los márgenes empresariales ante la subida de precios provocada por la guerra en Irán. Sin embargo, el PSOE no lo ve claro. La principal razón: el temor a que formaciones como Junts -podría estar en el listado el propio PP, potencialmente socio para un caso así- tumbe el decreto en el Congreso, lo que dejaría al Ejecutivo en una situación aún más delicada.
La reunión ha comenzado sin un acuerdo cerrado, con las negociaciones prolongándose dentro del propio Consejo. Sobre la mesa, una posible salida: dividir el paquete en dos decretos, separando las medidas con mayor consenso de las más controvertidas. Mientras tanto, sí hay decisiones que avanzan sin grandes fricciones. Entre ellas, la rebaja del IVA de los carburantes del 21% al 10%, junto a una reducción del impuesto especial sobre hidrocarburos. Se espera también bajada de impuestos de luz y gas. Está previsto que el presidente, Pedro Sánchez, comparezca tras la reunión para detallar el plan. El pulso interno ha sido evidente hasta el último minuto, con Sumar presionando para incluir las medidas de vivienda e incluso con ministros esperando en salas separadas durante la negociación.
El escenario político tampoco ayuda. El PP ha acusado al Ejecutivo de “copiar” sus propuestas, especialmente en materia fiscal, y ha cargado contra lo que considera un “gobierno roto”.
Todo ocurre en un contexto de inestabilidad parlamentaria, sin presupuestos y con dificultades para asegurar mayorías, y ante una guerra de consecuencias desconocidas, sobre todo al tener el timón Donald Trump, imprevisible, que lo mismo dice está a punto de acacar el conflicto que luego no niega un interés en poner pies de soldados en el suelo iraní, como decía Netanyahu hace unas horas. El decreto busca paliar los efectos de la guerra, pero ha dejado al descubierto una realidad incómoda: las profundas divisiones dentro del propio Gobierno.



