75 años de la liberación de Auschwitz, el día que cerraron el infierno

Supervivientes del campo de exterminio nazi vuelven a las instalaciones. Recuerdos para los rohingya: "Su exterminio a nadie le importó"

Un momento de a visita de los supervivientes a Auschwitz. FOTO: TW
Un momento de a visita de los supervivientes a Auschwitz. FOTO: TW

Era Auschwitz un infierno en la Tierra. El más grande de los campos de exterminio de los nazis. No era el único, pero hay pocos recuerdos de cómo los seres humanos diseñaban sistemas tan macabros para acabar con la vida de otros. El esfuerzo por matar cumplía con cánones de eficiencia, como un sistema industrial. No gastaban balas porque eran más caras, y no había tantas balas como para tantos como querían matar. Las víctimas, principalmente, judíos, pero también gitanos, comunistas, socialistas, homosexuales, testigos de Jehová, personas con discapacidad... En Auschwitz murieron entre cuatro y seis millones de personas, todas, enemigos para el nazismo por el hecho de ser. Durante cinco años, llegaban cada día unos 500 vagones repletos de seres humanos.

Este 27 de enero se cumplen 75 años de la liberación por parte de tropas soviéticas. Auschwitz se encuentra en territorio polaco, área de influencia rusa tras la Segunda Guerra Mundial. El presidente polaco, Andrezj Duda, ha formado parte de una comitiva de supervivientes, que han paseado por el campo de exterminio recordando sus historias. Ancianos que en los años de su infancia pudieron comprobar qué era el horror del ser humano, hasta dónde podía llegar el odio. Y cómo "las personas no solo miran la historia y el recuerdo. Miran en busca de respuestas para preguntas de hoy". Lo dice el director del Museo de Auschwitz, Piotr Cywinski, alertando así en un discurso sobre el genocidio que han sufrido los rohingyas en Birmania y ante los abusos que se han cometido en China con los miembros de la comunidad musulmana uigur. "Hace dos años" se vivió el "genocidio rohingya" y "a nadie le importó".

En este sentido, ha dicho que el mundo también ha permanecido en un estado de indiferencia en relación a los cientos de miles de uigures que han sido internados en "campamentos de reeducación", al igual que mientras aumentó la violencia contra los judíos. El director del Museo de Auschwitz ha recordado que, durante el genocidio en Ruanda, a mediados de la década de los 90, hubo "miles de voces de protesta", mientras que "hoy hay silencio". En este sentido, ha asegurado que, en un mundo que cambia tan rápidamente, las personas necesita "algunos puntos estables de referencia" y Auschwitz, "con su horrorosa historia, puede aportar ese punto de referencia".

https://twitter.com/AuschwitzMuseum/status/1221689757555679233

La xenofobia y el racismo aumentan de la mano del aumento de la intolerancia y la violencia ideológica. En Francia, según datos del Gobierno, las agresiones antisemitas han aumentado un 27% respecto a 2018. Y las agresiones racistas en general se han duplicado en 2019 respecto al año anterior, registrando 1.142 episodios, 646 más.

"Ante esta atrocidad (de Auschwitz), la indiferencia no es admisible y la memoria resulta imprescindible, por lo que todos estamos invitados a hacer un momento de oración y de recuerdo, diciendo en el corazón 'nunca más'". Lo dijo el Papa Francisco en su homilía del domingo 26 de enero.

Edith Roth, una víctima del nazismo y, además, del doctor Menguele, el doctor de la muerte, cuenta: "Al llegar a Auschwitz nos esperaba un tren de mercancías. Los soldados de las SS abrieron las puertas y nos empujaron a su interior. Sentí que me aplastaban muchos cuerpos, apenas podía respirar, pero aún podía sentir la mano de mi madre agarrada a la mía".

"El calor era asfixiante, el hambre y, sobre todo, la sensación de humillación eran casi insoportables", cuenta. De pronto, el tren se detuvo y las puertas se abrieron. A duras penas fueron capaces de levantarse del suelo del vagón, estaban "sucias y húmedas a causa de la orina y confundidas". "Nos separaron en medio de un terrible tumulto y al cabo de un momento ya no veía a mamá. A mí y a otras mujeres nos llevaron a empujones en la dirección contraria a los hombres", relata. Aquel día fue el último que Edith vio a su padre y a su madre.

"Me llegó el turno. El hombre cogió mi brazo izquierdo con fuerza y comenzó a pincharme con el lapicero. El dolor era terrible. Después de un minuto que se me hizo una eternidad miré mi brazo izquierdo y vi un número 9130-A".

https://twitter.com/AuschwitzMuseum/status/1221677476876779521

El cautiverio duró aunque Menguele no quiso. Un día, enferma, el doctor de la muerte decidió que había llegado el momento de Roth. Si no servías para cavar fosas, te tocaba entrar en una de ellas. Así, enfilando la cámara de gas, y sabiendo cuál sería su destino, consiguió escapar de la fila.

Corría el mes de enero de 1945 cuando, "con un frío terrible", las sacaron de los barracones. Les ordenaron caminar durante varios días hasta el campo Berguen Belsen. Más de la mitad de las mujeres se quedaron en el camino. Les sentaron en el suelo sin agua ni comida. "A medida que pasaban los días, se nos fueron uniendo miles de cadáveres andantes", recuerda la superviviente de Auschwitz.

Finalmente, el 15 de abril de 1945, apenas dos días después de fallecer la prima de Edith Roth en sus brazos, escucharon por los altavoces del campo: ¡Habéis sido liberados! Edith Roth recuerda que levantó la cabeza y vio aviones con la bandera de Gran Bretaña en el vientre, mientras entraban al campo camiones y tanques británicos. Ya no sólo habían cerrado Auschwitz. Ya había acabado la guerra para ellos.

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