La Universidad de Cádiz ha puesto en marcha el proyecto Bicharraco, una iniciativa con la que pretende avanzar en la conservación y la gestión pesquera del cazón en el Golfo de Cádiz mediante investigación científica aplicada y una colaboración estrecha con el sector. El programa nace con la intención de cubrir lagunas de conocimiento sobre las especies comercializadas bajo esta denominación y convertir esa información en herramientas útiles para el día a día de la actividad pesquera.
La iniciativa está coordinada por la profesora Remedios Cabrera, del departamento de Biología de la Universidad de Cádiz, y se desarrolla a través del grupo RNM-950: Pesca, Biodiversidad y Conservación de los Recursos Vivos Marinos. Además, cuenta con financiación de la Fundación Biodiversidad, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y la Unión Europea a través de los Fondos Europeos Marítimos para la Pesca y la Acuicultura (FEMPA).

"Nace de una necesidad muy clara: faltaba información detallada sobre los tiburones y rayas del Golfo de Cádiz, especialmente los comercializados como cazón", explica Cabrera sobre el origen del proyecto. La investigadora añade que "sin datos es muy difícil gestionar bien un recurso", por lo que considera imprescindible unir conocimiento científico y experiencia profesional para mejorar la toma de decisiones.
Uno de los principales retos detectados es que bajo el nombre comercial de cazón pueden agruparse varias especies distintas. "No siempre se diferencian correctamente. Esto dificulta aplicar una gestión ajustada a cada especie", señala la coordinadora. En su opinión, esa situación impide disponer de una fotografía exacta de las capturas y complica cualquier planificación futura basada en evidencias.

La primera fase del programa se centrará en varios objetivos concretos. "Queremos mejorar la identificación de especies, entender su uso del hábitat y generar datos que permitan estimar capturas sostenibles, siempre en colaboración con el sector pesquero", resume Cabrera. Según indica, la creciente exigencia en materia de sostenibilidad y trazabilidad hace especialmente necesario abordar ahora este estudio con información local precisa.
Para ello, Bicharraco elaborará materiales visuales destinados a lonjas y puntos de desembarque. "Serán guías de identificación con claves visuales, centradas en rasgos fáciles de reconocer", explica la responsable del proyecto. También subraya que "no se plantean como una carga añadida, sino como una herramienta de apoyo para mejorar la identificación y disponer de información más precisa".
La investigación también analizará desembarques históricos y aplicará modelos predictivos para comprender la evolución de las capturas y anticipar tendencias. Cabrera sostiene que una mejor base científica permitirá "tomar decisiones más precisas, centradas en las especies que realmente lo necesiten, evitando medidas generalizadas y mejorando la eficacia de la gestión".
El crecimiento, la reproducción y la alimentación
Otro de los ejes del trabajo se centrará en aspectos biológicos como el crecimiento, la reproducción y la alimentación de estas especies de elasmobranquios. Sobre su estado de conservación, la profesora recuerda que "a nivel global, organismos como la IUCN indican que algunas especies pueden ser vulnerables". Sin embargo, añade que "a nivel local, aún hay incertidumbre, lo que refuerza la necesidad de generar información específica para esta región".
La participación del sector pesquero será esencial durante todo el proceso. "Participan en muestreos, aportan conocimiento práctico y facilitan datos reales del día a día", destaca Cabrera. A su juicio, pescadores y lonjas "son fundamentales, sin su colaboración no sería posible obtener información real para las capturas".
El proyecto incorpora además una dimensión económica y gastronómica vinculada al peso del cazón en Cádiz. "Una mejor trazabilidad aporta transparencia y confianza, aspectos cada vez más valorados en el mercado", afirma la investigadora. También considera que una identificación más precisa beneficia al consumidor, ya que "permite saber mejor qué está consumiendo y garantiza que proviene de una gestión sostenible". De cara al futuro, Cabrera confía en "tener una base sólida de conocimiento que permita una gestión más precisa, beneficiosa tanto para la biodiversidad como para el sector pesquero".



