El campo andaluz ya ha fijado fecha para volver a las calles. El próximo 29 de enero, agricultores y ganaderos se concentrarán ante las subdelegaciones del Gobierno en todas las capitales andaluzas en rechazo al acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur. La convocatoria, impulsada por Asaja, COAG y cooperativas agro-alimentarias de Andalucía, se enmarca en una jornada de movilización a nivel nacional y europeo y marca un punto de inflexión tras meses de inquietud y debate interno en el sector.
La pregunta, sin embargo, no es por qué el campo protesta ahora, sino por qué no lo ha hecho antes con mayor contundencia, especialmente en Andalucía. Según fuentes agrarias y ganaderas consultadas por lavozdelsur.es, la respuesta no está en la falta de oposición al acuerdo: "Es la suma de factores económicos, productivos y estratégicos que han condicionado los tiempos y las formas de la protesta".
El acuerdo con Mercosur se percibe en el sector como una amenaza estructural, pero su impacto no es uniforme: "No todos los sectores se van a ver perjudicados de la misma manera", explican las fuentes consultadas, que subrayan que los efectos más inmediatos recaerán sobre la ganadería y el sector lácteo, precisamente los ámbitos en los que países como Uruguay y Paraguay concentran buena parte de su producción.
"La urgencia la tiene más el norte"
Esta realidad explica, en parte, que la urgencia se haya manifestado antes en otras comunidades. “La urgencia la tiene más el norte”, señalan, donde la carne y la leche tienen un peso económico y social mucho mayor. En Andalucía, con una estructura agraria más diversificada, el impacto se percibe como más desigual y, en algunos casos, menos inmediato, lo que ha retrasado una respuesta masiva.
No obstante, el acuerdo con los países sudamericanos genera inquietud más allá de la ganadería. El sector del azúcar es uno de los ejemplos más citados. La desaparición de la remolacha en Andalucía coincide con la entrada de azúcar procedente de Brasil, que, según denuncian las fuentes, ya está llegando incluso con aranceles a un precio inferior al de producción nacional. “Con aranceles y todo, entra más barato”, advierten, anticipando el escenario que podría abrirse si esas barreras comerciales desaparecen.
También aparecen en el horizonte otros cultivos extensivos, como leguminosas, que en países como Brasil o Argentina se producen en macroexplotaciones de miles de hectáreas. Allí, explican los agricultores consultados, el concepto de pequeño productor es radicalmente distinto al europeo: explotaciones de 400 o 500 hectáreas se consideran modestas frente a fincas que alcanzan las 20.000 o incluso 30.000 hectáreas, con economías de escala imposibles de replicar en el modelo agrario andaluz.
A este análisis sectorial se suma un factor determinante que rara vez se tiene en cuenta fuera del campo: el calendario agrícola. El trabajo en el campo no admite demoras. Las fuentes recuerdan que, durante las últimas semanas, muchos agricultores se encontraban en momentos clave del ciclo productivo, como la siembra o el abonado. “Si se te pasa la fecha, no garantizas cosecha”, explican, subrayando que abandonar la explotación en esos momentos puede suponer perder el año. Esta realidad ha llevado a muchos productores a priorizar la actividad agrícola antes de intensificar las protestas. En el campo, apostillan, la movilización depende en el momento del año.
Añadamos otra variante decisiva: el coste económico de las protestas más duras. Bloquear carreteras con tractores o maquinaria agrícola conlleva sanciones administrativas que rondan los 1.000 euros por vehículo, una cantidad que muchos agricultores no están en condiciones de asumir tras años de aumento de costes, caída de precios y márgenes cada vez más estrechos. Este riesgo ha pesado especialmente a la hora de descartar, por ahora, acciones como cortes prolongados de tráfico, optando por concentraciones autorizadas y movilizaciones controladas.
Mercosur, otros frentes abiertos y la espera del momento político
El acuerdo con Mercosur no es, además, el único problema que afronta el campo andaluz. En el caso de los cerealistas, las fuentes consultadas señalan que el daño más inmediato procede de las importaciones del entorno del Mar Negro, especialmente de Ucrania. España se ha convertido en uno de los principales importadores de cereal de esa zona, lo que ha hundido los precios por debajo de los costes de producción.
En comarcas como la campiña de Sevilla, parte de la cosecha permanece almacenada sin salida comercial, una situación que genera una presión económica inmediata y desplaza el foco de preocupación hacia conflictos ya en marcha. “Nos está haciendo más daño ahora mismo el cereal que viene del Mar Negro que Mercosur”, reconocen, aunque matizan que el acuerdo con América Latina sigue siendo una amenaza de fondo.
Pese a esta acumulación de frentes, el rechazo al acuerdo es profundo y se articula en torno a una crítica central: la falta de reciprocidad. Los agricultores denuncian que, mientras la Unión Europea impone exigencias cada vez más estrictas en materia medioambiental, sanitaria y fitosanitaria, se plantea la entrada de productos procedentes de terceros países que no estarían sujetos a las mismas condiciones. Las fuentes hablan abiertamente de una contradicción estructural. Por un lado, se obliga al productor europeo a reducir materias activas, asumir mayores costes y cumplir una normativa cada vez más compleja. Por otro, se abre el mercado a producciones elaboradas con estándares distintos. Esta percepción de competencia desleal es uno de los principales motores del malestar en el sector.
En este contexto, las organizaciones agrarias han optado por dosificar la protesta y concentrar fuerzas en un momento considerado clave. El 29 de enero aparece como una fecha estratégica, coincidiendo con el proceso de ratificación del acuerdo en los parlamentos nacionales. "Ahí se va a ver de qué pie cojea cada uno", señalan las fuentes consultadas, que confían en que ese debate político permita señalar responsabilidades concretas.
La movilización convocada pretende ser el inicio de un ciclo de presión que podría intensificarse si el acuerdo avanza sin cambios. El campo andaluz, insisten las fuentes, no ha permanecido inmóvil. Ha medido tiempos, riesgos y costes antes de dar el paso. Entre el impacto desigual de Mercosur, el calendario agrícola, el temor a las sanciones y otros conflictos abiertos, la protesta ha sido contenida, pero no inexistente.
Ahora, con la convocatoria ya sobre la mesa, el sector busca visibilizar un rechazo que lleva tiempo gestándose. El 29 de enero será una primera prueba de fuerza contra un modelo que, según denuncian los hombres y mujeres del mundo agrícola y ganadero, "utiliza al campo como moneda de cambio en acuerdos comerciales que se negocian lejos del territorio y sin garantías reales de reciprocidad".
