Es temporada de primeras comuniones. Una celebración que va más allá de recibir por primera vez el cuerpo de Cristo. Las familias y los propios niños y niñas tienen otros quebraderos de cabeza que dejan al plano espiritual en un segundo plano. Por moda, por tradición, por los regalos... o simplemente porque toca.
No hay fin de semana de abril o mayo que las iglesias no tengan previstas ceremonias que, según las preferencias, puede llegar a costar más allá de los templos, con los banquetes posteriores, hasta 15.798 euros de máximo. Es la cifra que marca un estudio de la Asociación Española de Consumidores, que indica que el precio total ha subido este 2026 un 21% con respecto al año pasado.
Una familia puede gastar, como mínimo, 3.200 euros y, de media, unos 6.800 euros si sumamos el traje, el banquete, el álbum de fotos o la animación.
Un sacrificio para disfrutar un día inolvidable que algunos prefieren cambiar por un viaje a Disney o la última consola del mercado. Aunque después lleguen los abuelos dispuestos a cumplir los deseos de sus nietos.

Para el atuendo, en la provincia de Cádiz muchas familias han elegido El vestidor blanco, una boutique especializada en primera comunión, ceremonia y arras para niñas, niños y bebés ubicada en la calle Real de Puerto Real. "Nosotros intentamos tener en la tienda precios asequibles para que todo el mundo tenga la posibilidad de vestir a su hijo o a su hija", dice Encarni López, dueña del negocio que abrió en 2017.
"El precio medio, con todo, incluyendo zapatos, vestido, tocado o cancán, puede rondar los 500 o 550 euros", señala esta puertorrealeña, que explica que el coste varía en función del vestido con etiquetas desde 300 hasta 450 euros. A eso, se le van añadiendo los complementos.
La emprendedora cumple nueve temporadas desde que, tras llevar dos años desempleada, decidió montar este atelier de moda infantil donde asesora y acompaña a las familias en esta ocasión tan especial. "Mi hija hacía la comunión y vi algo en este mundo que a mi me gustaba", comenta a lavozdelsur.es.

Desde entonces, trabaja en este local con espacio para aparcar —por ser el 85% de sus clientes de fuera de Puerto Real— y sin escaparate. Encarni ofrece un catálogo digital que los clientes consultan antes de ir. "Ya saben previamente el estilo que van a encontrar. Nosotros trabajamos un estilo sencillo", explica.
Para ella, esta temporada ha comenzado cargada de alegrías. "Maravillosa. Hemos tenido un volumen de venta mayor que el año pasado. No nos lo esperábamos, la verdad. Muchísimo trabajo, pero muy contenta", expresa desde la tienda desde donde no solo ofrece el vestido sino el pack completo para que las familias no tengan que complicarse la vida. Asegura que el 80% de su clientela se lleva todo para ahorrar tiempo y este año nota que hay una tendencia clara.
"Este año los tejidos rústicos como el lino o el hilo vienen pegando fuerte", explica Encarni. Aunque de sus perchas también cuelgan los clásicos, el tull de plometi, que, además, no se arruga, o el traje de marinerito.

Ya tenemos el vestido, ahora toca el lugar para el banquete. En El Puerto, una de las fincas más populares es La Cabaña, en la Hijuela del Tio Gilito. Sus jardines llevan más de 30 años siendo testigos de niños y niñas corriendo, saltando, gritando y sudando hasta el anochecer. Este restaurante con encanto es un clásico de veladas familiares. Rodeado de árboles, es un lugar amplio y tranquilo ideal para montar castillos hinchables.
Un jardín con encanto
"Abril en el catering es uno de los meses más fuertes. Este año tenemos un montón. A veces tenemos hasta 10 comuniones el mismo día. El sábado más fuerte", dice Juan Yrazoz, responsable del Grupo Grosso, con una sólida trayectoria en la provincia de Cádiz desde 1987, y gestor del lugar.
Según explica, los precios dependen de muchos factores. Del espacio, del número de comensales, del menú, de si se prefieren mesas montadas con su mantelería o un cóctel de pie, con la comida pasando en bandeja; o de la duración de la barra libre. "Normalmente, los precios rondan los 45 euros por persona", explica Juan. Así que, si, por ejemplo, se reúnen 50 invitados, la cuenta asciende a 2.250 euros.

Quienes desean un recuerdo para toda la vida, tienen que sumar, además, el álbum de fotos. Un reportaje en un enclave singular más el de la esperada fecha. Aquí se tienen en cuenta conceptos como el premaquetado, la recordatoria o el pen drive con las fotos en digital. "Lo que yo ofrezco está entre 200 y pico y 500 si se llevan dos álbumes o incluyen más páginas", explica Ana Álvarez, fotógrafa especializada en albumes de comuniones tanto en estudio como en exterior.
"Hay mucho intrusismo. Hay gente que infla los precios y luego no son álbumes profesionales. Es penoso. Yo tengo una remesa de clientes que no son míos pero que vienen para ver si yo puedo mejorar lo que le han hecho", comenta esta jerezana desde su estudio ubicado en la calle Rioja en Jerez.
Ana lleva más de 30 años desplazándose por Jerez, El Puerto o incluso fuera de la provincia gaditana para capturar momentos únicos. Tras formarse en Imagen y sonido, empezó a fotografiar bodas, llegando a crear vídeos con un estilo que aprendió de un antiguo profesor y que, por entonces, "era muy diferente a lo que se hacía aquí".
Después, dejó los vídeos y se centró en las fotos. "Ya estamos en mitad de temporada. Aunque las comuniones empiecen en abril, nosotros empezamos antes", dice Ana, que explica que muchas familias quieren enseñar el álbum el mismo día de la Comunión. "Antiguamente, el album se hacía, después, por miedo de los padres a que el traje se deteriorara. Pero ya se dio el paso", dice.

Según comparte, la tendencia desde la pandemia es realizar la sesión en exteriores y un mes antes de la fecha. "Ha habido un cambio, se ha triplicado esta forma, y como la mayoría es en exterior, estamos jugando últimamente con el mal tiempo. He tenido que trasladar algunas sesiones”, explica, la jerezana, que compagina las ceremonias infantiles con las bodas y otros encargos.
A esto hay quienes suman castillos hinchables, payasos, discomóvil, carritos de dulces, decoración temática, food trucks, gymkacas, karaoke, pintacaras, fotomatón y hasta experiencias de realidad virtual. Y que no faltan los regalos para agradecer la asistencia a los invitados. Una miniboda, que, a más de uno, se le va de las manos.


