Las carabelas portuguesas llevan semanas conquistando la costa gaditana. Desde que comenzaran a llegar temporales —llámense Emma, Félix o Giselle— se están avistando en playas de Cádiz capital, El Puerto, San Fernando o Chiclana, ¿pero qué efectos provoca una picadura de este animal? La Physalia physalis, que es su nombre científico, no es una medusa, sino un cnidario hidrozoo sinfonóforo, que habita en aguas tropicales y a la que la sobreexplotación pesquera y el cambio climático está trayendo a las costas españolas, ya que aunque se está haciendo una habitual de la zona Atlántica, lo normal es que se avisten en el Cantábrico y el Mediterráneo.

Las carabelas portuguesas están compuestas por organismos que se encuentran unidos entre sí —llamados zooides— y que se asocian para sobrevivir. Estos animales se desplazan impulsados por el viento, usando su cuerpo como si fuera una vela, y recorren así largas distancias, sobre todo cuando hay fenómenos atmosféricos como tormentas y grandes lluvias. Una picadura de carabela portuguesa “puede provocar intenso dolor, problemas respiratorios e incluso una parada cardiaca. La neurotoxina, secretada por sus tentáculos, tiene una alta toxicidad”, resume un artículo publicado en 2010 en la Revista Clínica de Medicina de Familia. Los filamentos de la carabela proyectan un veneno que puede afectar a personas sensibles a su toxina, e incluso puede provocar la muerte en casos extremos. Los expertos recomiendan no tocarla, aun después de muerta, ya que la toxina sigue presente hasta 48 horas después de su fallecimiento.

Las picaduras pueden ser muy dolorosas y raramente mortales, aunque se han dado casos. El contacto con una carabela portuguesa provoca un dolor intenso y la formación de ampollas, que pueden derivar en dolores abdominales, de pecho, de cabeza, musculares e, incluso, ocasionar espasmos, entumecimiento de partes del cuerpo y debilidad general, además de secreciones nasales y ojos llorosos. Pero, ¿qué se puede hacer si se sufre una picadura de carabela portuguesa? Hay que evitar cualquier contacto para prevenir una segunda picadura y retirar con pinzas los restos de tentáculos que hayan podido quedar adheridos a la piel. Los expertos recomiendan aplicar agua salada en la zona afectada —nunca agua dulce—, posteriormente agua caliente —a unos 45 grados centígrados— durante 15 o 20 minutos. Los ojos, en caso de haber sido afectados, hay que lavarlos con abundante agua a temperatura ambiente, durante al menos 15 minutos, aunque se recomienda acudir al centro médico más cercano, ya que es una zona más delicada.

Lo que no hay que usar es vinagre para intentar aliviar el dolor, de ninguna de las maneras, ya que puede aumentar la reacción con las toxinas que desprende la carabela y también provocar hemorragias. Tampoco hay que rascar la zona afectada, ya que no hará más que activar los cnidocitos restantes. “No se debe frotar la zona afectada ni con arena ni con la toalla”, reseña el artículo mencionado de la Revista Clínica de Medicina de Familia, donde se señala que “la aplicación de hielo puede aliviar, pero hay que tener la precaución de hacerlo con una bolsa de plástico para evitar el contacto con agua dulce”. La publicación especializada agrega que pueden servir para tratar la picadura “soluciones tópicas de bicarbonato de sodio y sobre todo de lidocaína”, que ayudan a “evitar la descarga de más toxina por las células (nematocistos) de sus tentáculos”.

El Instituto Nacional de Toxicología aconseja no mover la zona afectada y extraer los restos que puedan quedar en la piel con agua del mar o salada, o bien con celofán, crema de afeitar y cuchilla. "El hielo calma el dolor de las picaduras fisalias o carabela portuguesa", apunta la institución adscrita al Ministerio de Justicia, que desaconseja echarse agua dulce o arena, porque causará "la estimulación de la ruptura y la eyección de las cápsulas que tienen el líquido que provoca los picores". "Las medidas en muchas playas para prevenir su efecto no solo son ineficaces, sino que pueden ser contraproducentes, ya que rompen al animal en pequeños trozos, algunos de los cuales contienen esta sustancia, que puede llegar a la orilla y afectar a los bañistas", asegura el biólogo David Álvarez en declaraciones a El País, que incluye a la carabela portuguesa entre las especies "realmente peligrosas para el ser humano", ya que son casi transparentes y pueden ser difícilmente perceptibles si quedan varadas en la orilla de la playa.

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