Asociaciones como Brote de vida o Adonais gestionan aparcamientos aledaños al Hontoria. Este año, por primera vez, han tenido que abonar tasas por ocupar los terrenos.

Lejos de las casetas, donde sólo llega el ruido de alguna tómbola y de las atracciones, también se vive la Feria. O mejor dicho, se trabaja. Uniformados con chalecos reflectantes y un talonario de tickets en la mano que reparten a los coches que entran pasan la fiesta muchos voluntarios que gestionan los aparcamientos aledaños al Hontoria. En muchos casos, en suelo municipal, se encargan asociaciones sin ánimo de lucro que sacan beneficios para “ir tirando” algunos meses y poder atender a la gente que se beneficia de sus programas.

“Llevo 27 años quitado de la droga, salí en el 89”, recuerda con precisión Valentín Capote, miembro del colectivo Adonais, que ubicado en El Portal lleva desde principios de los 90 rehabilitando a drogodependientes. Valentín, creyente, cuenta que ayuda a los demás para agradecerle a Dios que lo sacara de ese mundo. “Lo que el diablo destruye Dios lo une”, dice. Por eso pasa la Feria en una explanada a la espalda de los cacharritos, donde echa unas ocho horas diarias. “Mi mujer se pelea conmigo porque no la llevo a la Feria, pero ya hemos hecho turnos para ir por lo menos un día cada uno”, relata.

Valentín, que colabora activamente con Adonais, se queja de las tasas que han tenido que pagar este año. “Nos querían cobrar 2.800 euros y 600 euros más por la apertura en Urbanismo, pero al final sólo han sido 600”, cuenta. Un alivio teniendo en cuenta la previsión inicial, pero sostiene que ellos no tendrían por qué abonar esa cantidad cuando no tienen ánimo de lucro.

En Adonais, actualmente, atienden a más de una veintena de personas. “Muchas familias nos los dejan en la puerta, como si fueran perros”, señala Valentín, que cuenta que allí los arreglan, los visten y tienen hasta un programa de reinserción para presos. “Vamos a la cárcel y los traemos a nuestras instalaciones para reinsertarlos, allí no hay reinserción, eso es mentira”.

Con pequeñas cuotas y lo que reciben de otras ONG van sobreviviendo. Por eso abonar los 600 euros de tasas les ha supuesto un gran esfuerzo. “Pedimos que nos ayuden, llevamos 20 años con el parking y nunca hemos pagado”, dice Valentín, que añade: “Me pago yo mismo la gasolina, mi bocadillo y mi agua, me cuesta dinero venir, aquí nadie se lucra con esto”.

“Que Dios te bendiga”, dice a modo de despedida cuando llegan más coches al parking y tiene que atenderlos. En el de al lado, a pocos metros, hay otra explanada que gestiona la asociación Brote de Vida, que también trata con drogodependientes. Josué Sánchez, psicólogo y presidente del colectivo, cuenta que a ellos les ha costado 900 euros este año. “Al principio considerábamos que era una tasa excesiva, porque nos pedían casi 5.000 euros, pero no nos negamos a pagar, siempre que la cantidad sea justa”, dice.

Una treintena de voluntarios trabajan en Feria en el parking de Brote de Vida, que lleva 24 años gestionándolo. “No lo esperábamos porque nunca han pedido nada”, señala Josué, que entiende que “regular esta situación es bueno”, pero pide “tasas asequibles”. Ellos, en la asociación, tienen a catorce jóvenes a los que tratan y sacan de la calle, con diversos programas de internamiento que sacan adelante con los pocos recursos de los que disponen. Hasta hacen trabajos de limpieza o recogida de muebles para obtener unos ingresos extra.

“Estos colectivos nunca han tenido voz ni oportunidad de desarrollar esta labor en condiciones, ocurre cualquier desgracia y el responsable primero es el político que permite eso, no podemos mirar para otro lado”, apuntan desde Movilidad para defender la actuación del Ayuntamiento, que señala que estos aparcamientos generaron en 2015 unos 200.000 euros durante la semana de Feria.

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