Los plagios del Asta Regia de Ruiz Mata

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José Solís de los Santos

El escritor jerezano José Ruiz Mata, en el centro, presentado días atrás su obra sobre Asta Regia.
El escritor jerezano José Ruiz Mata, en el centro, presentado días atrás su obra sobre Asta Regia.

Acusan de plagio a José Ruiz Mata en su libro Asta Regia, pero solo ha sido reo de lesa ortotipografía. El palabro lo usó Francisco Rico en una columna que parecía más un capotazo a los presuntos plagios de la tesis del presidente Sánchez, que una ragañina académica por faltas de ortografía también presuntas. El caso es que el autor de este Asta Regia ha debido poner comillas en los fragmentos que reproduce literalmente de otro autor, que con todo derecho se queja. Aduce el estudioso que la literalidad del plagio se demuestra incluso en el empleo de la expresión, harto manida, ‘valor añadido’, utilizada por ambos. Pero Ruiz Mata menciona a este estudioso no solo al principio del párrafo donde trata ese asunto, sino también en nota a pie de la página 126, ponderando la excelencia de sus investigaciones.

Sabemos por la réplica de José Ruiz Mata en el reportaje que motiva este escrito, que esos datos de cuyo plagio se le acusa los ha tomado directamente de conferencias o conversaciones, y el carácter oral de esa transmisión, más que el plagio, creo que bien se vislumbra por el empleo común de dicha expresión manida. El acusado reconoce contrito haber faltado en la cita bibliográfica, que no ha manejado, y promete incluir en una segunda edición por orden alfabético esas publicaciones. O sea, se cumplen los requisitos del sacramento de la penitencia: arrepentimiento y propósito de enmienda.

Pero el libro Asta Regia de José Ruiz Mata no es un trabajo fin de estudios ni un ensayo académico, aunque lo parezca; esencialmente, es una obra divulgativa y reivindicativa de un escritor y activista cultural que ha publicado esta vez su libro en su propia editorial, y no en autoedición, aunque el gasto sea mismo. Esta editorial jerezana lleva un nombre alusivo al término jurídico de derecho de gentes, terra nullius, que lo contrapone conceptualmente a la República de las Letras, precedente histórico del mundillo académico y universitario al que su promotor se ufana de no pertenecer aunque lo respeta cada vez más, de ahí que José Ruiz Mata haya procurado ser de lo más exhaustivo en la documentación y registro de las fuentes antiguas y la bibliografía moderna.

Por otro lado, si abrir una librería por estos pagos es digno de un empresariado verdaderamente heroico, el negocio de la edición de libros adquiere tintes de abnegada fatalidad taurina. Quiero decir con esto que el libro, profusamente ilustrado con fotografías, mapas y cuadros sinópticos, le ha costado su dinero, como también corrió a su costa la presentación y convidada en una hacienda de Mesas de Asta, con asistencia de autoridades de los municipios interesados y de la Diputación Provincial.

En el libro se incurre en un desliz ortográfico en que no se ha reparado, al menos, en esta controversia que nos ocupa. Esta antigua ciudad prerromana es con hache inicial, Hasta, tal como se registra en la más antigua inscripción latina hallada en Hispania sin la menor duda sobre su autenticidad, con fecha de 19 de enero del año 189 a. C. Esta hache reproduce una aspiración en su pronunciación que los escribientes del general Lucio Emilio Paulo Macedónico (ca. 224-160 a. C.) debieron percibir al margen de cualquier tipo de hipercorrección a la que se ven sometidas las inscripciones latinas de aquella época.

Caso análogo de aspiración inicial tenemos en el nombre indígena de Hispal, que solo entraría en la Historia siglo y medio después de la mano de otro general, Gayo Julio César (12 de julio de 101-15 de marzo de 44 a. C.). Y esta digresión de lingüística histórica, que se pudiera muy bien excusar, incide en la mencionada vertiente parenética del libro de José Ruiz Mata, quien a través de la Plataforma Asta Regia puede conseguir que las administraciones públicas emprendan las excavaciones de este importante yacimiento arqueológico. Imáginemos el avance en los estudios históricos que produciría el hallazgo de una “Piedra de Rosetta” que allanaría la interpretación de las lenguas prerromanas de la Península. También comportarían estos hallazgos la refutación, me temo, de las teorías que jalonan el Asta Regia de Ruiz Mata, esgrimidas en otras publicaciones, pero ni aquellas ni estas se han hecho acreedoras ni de la crítica ni de la acusación de ninguno de sus detractores: seguimos, pues, mirando el dedo y no la luna, sea sabio o insensato quien nos la señale.

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