Peatonalicemos

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, curso Antropología Social y Cultural por la UNED y el Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

Sin embargo, siempre que se habla de peatonalización sube el pan. Las políticas efectuadas para peatonalizar los centros de las ciudades suscitan en ocasiones el escepticismo de comercios y ciudadanos ante un miedo que, en realidad, no existe. 

El gobierno local estudia incluir en la Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible (EDUSI) la peatonalización de parte de la Plaza de las Angustias tal y como presentamos la semana pasada. Esta propuesta, recogida en las reivindicaciones de asociaciones de comerciantes del centro –por ejemplo, Acoje- viene a constituir otro granito de arena para el modelo de ciudad que planteamos desde Izquierda Unida Jerez.

Sin embargo, siempre que se habla de peatonalización sube el pan. Las políticas efectuadas para peatonalizar los centros de las ciudades suscitan en ocasiones el escepticismo de comercios y ciudadanos ante un miedo que, en realidad, no existe. Al contrario de lo que hace años venían diciendo aquellos que criticaban la peatonalización, esta no sólo no afecta negativamente sino que contribuye a crear una mayor afluencia de viandantes -como es lógico-, reforzando las actividades comerciales y turísticas. Además, fiel a los compromisos de movilidad y desarrollo sostenible, la peatonalización ayuda a reducir la contaminación ambiental y acústica, configurando el paseo a pie, la bicicleta y el transporte público como ejes directores.

En Jerez lo hemos visto (y lo seguiremos viendo). Una parte del centro histórico sufrió políticas de peatonalización. La ciudad, pese a sus grandes deficiencias y su denotado patrimonio y casco histórico, tiene hoy un centro más atractivo que hace unos años. Tanto para turistas como para los propios jerezanos, el centro busca reconfigurarse siguiendo el modelo de otras ciudades europeas. Sería injusto atribuir, por otra parte, la difícil coyuntura que atravesó y atraviesa el comercio del centro –especialmente visible tras la construcción de Área Sur primero y luego con la culminación de Luz Shopping- a la peatonalización. La sustitución de espacios dedicados a tiendas, por ejemplo, por otros dedicados de la hostelería es una realidad que obedece a otros patrones. Sin entrar pues en ese debate, sí que podemos buscar una configuración urbana para Jerez que se base en la de algunas ciudades de nuestro entorno, que han buscado fórmulas para reducir significativamente el tráfico y respaldar al peatón, la bicicleta y el transporte público. Una mayor peatonalización y una mayor accesibilidad a personas con movilidad reducida. La creación de estos espacios de esparcimiento facilita además la creación de una ciudad amable, cómoda y agradable.

Peatonalizar significa, por un lado, dar pie a una ordenación, movilidad y desarrollo urbano más sostenibles, y por otro, fomentar el tránsito de peatones y la revitalización urbana. Pero qué duda cabe que no nos basta con peatonalizar. Junto a este tipo de políticas es necesario proyectar modelos de movilidad sostenible adecuados a las necesidades de Jerez y la conformación de nuevos espacios peatonales también en otras zonas de la ciudad, más allá del casco histórico. Es un reto, en definitiva, que debemos emprender.

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