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Charles y Ray Eames revolucionaron el siglo XX con sus diseños entre los que se encuentran algunos juguetes convertidos hoy en objetos de culto.

Él era un arquitecto al que no dejaron terminar sus estudios. Lo expulsaron de la universidad por sus ideas “modernas” y a finales de los años 30 se incorporó como profesor a la Academia de Artes Cranbook (la escuela estadounidense referente del diseño en el siglo XX e impulsada por los Saarinen). Ella era una pintora californiana que estudiaba en la escuela. Allí se encontraron. Como alumna suya colaboró con él y con Aero Saarinen en un concurso de mobiliario lanzado por el MOMA en 1940. Lo ganaron en dos categorías. A partir de ahí las vidas de Charles y Ray Eames van de la mano, en lo profesional y en lo personal.

Más allá de sus obras en el ámbito de la arquitectura y el diseño para adultos, siempre me han entusiasmado las creaciones para niños del matrimonio Eames: juguetes, mobiliario, películas. No son los únicos artistas, arquitectos y diseñadores que han buscado inspiración en los niños que tenían cerca y han volcado su arte y creatividad en el mundo infantil. Algún día asomarán por aquí las marionetas que Paul Klee fabricaba para su hijo Félix, los juguetes que se diseñaron en la Bauhaus o el circo de Calder.

Decía Charles Eames que, "los detalles no son detalles, de ellos están hechas las cosas" y será por eso que sus diseños tienen el poder de llenar de magia el día a día, atendiendo a esas pequeñas cosas que conforman lo cotidiano. No es casualidad que como imágenes para ilustrar su juego House of Cards, escogieran imágenes familiares para todos y que sin darnos cuenta nos conectan con esos detalles y no nos dejan indiferentes: carretes de hilo, elementos de la naturaleza, patrones repetitivos... De esta manera un juego de construcción sencillo formado por cartas que se ensamblan para  montar castillos de naipes se convierte en algo más y la experiencia de jugar con él es un ejercicio de creatividad más completo, donde la propia estética de las cartas es un importante estímulo sensorial.

Los primeros juguetes en los que trabajaron los Eames fueron unas máscaras de gran tamaño, para adultos y niños, y que respondían a la motivación que según ellos guiaba siempre su trabajo: fabricar objetos que querían para ellos mismos o para sus familiares y amigos. Desarrollaron así una colección de máscaras enormes de animales completos o sus cabezas que empezaron usando a nivel doméstico y acabaron convirtiéndose en su primer juguete producido en masa.

Posiblemente después de House of Cards (que desarrollaron en distintos tamaños para trabajar la escala), el juguete más conocido de los Eames es The Toy, que llegó a protagonizar una portada de la revista LIFE en 1951. Este juguete, del que después se desarrolló un modelo más pequeño, consistía en grandes paneles cuadrados y triangulares de diferentes colores que se unían con conectores para dar lugar a construcciones de gran tamaño. Permitía montar casas dentro de las que se podía jugar, escenarios para teatros o elementos decorativos, utilizables tanto en interior como en exterior. Un juguete de construcción versátil con el que volvieron a encandilar a niños y adultos.

Los Eames desarrollaron también juguetes que conectaban con la naturaleza. Además de su colorida cometa en la que jugaban con la geometría, uno de sus juguetes más sorprendentes es su Máquina Solar. Este juguete diseñado en 1957 y en apariencia “inocente”, representa uno de los primeros intentos de convertir la energía solar en electricidad. Más allá del valor de resolver el problema de conversión de la luz del sol en energía eléctrica con una célula fotovoltaica, el diseño del juguete con discos, estrellas y elementos móviles de colores ensamblados formando una combinación armónica, lo convierten en un juguete todavía más especial. Otro juguete estimulante que confirma la importancia de cuidar el diseño y los detalles.

Los autores de algunos de algunos de los muebles más icónicos en la historia del diseño del siglo XX, también supieron volver la mirada a los niños en este ámbito y buscando un asiento que fuera versátil, divertido y casi un juguete idearon el taburete elefante. Diseñado en chapa de madera allá por 1945 no se fabricó a gran escala hasta el siglo XXI, cuando Vitra lo hace en homenaje a Charles Eames en el centenario de su nacimiento. Hoy en día muchos habréis visto en revistas, tiendas o incluso en alguna casa estos elefantes de todos los colores, convertidos en un símbolo del diseño de calidad.

Si queréis disfrutar del talento de los Eames desde casa no dejéis de ver además algunas de sus películas y cortos, con internet hoy lo tenemos fácil. Muy recomendable disfrutar con los niños de su 'Tocata para trenes de juguete', de su 'Tops' (un corto donde las peonzas son las protagonistas) o de su 'Powers of Ten', un increíble viaje de lo macroscópico a lo microscópico que os asombrará y os llevará en 9 minutos a sentiros pequeños y luego grandes (a los niños les encanta).

Para los Eames los “juguetes no son en realidad tan inocentes como parecen. Los juguetes y juegos son el preludio de ideas serias”. Por eso hay que concederles la importancia que tienen y apostar por el juego de calidad en todas sus dimensiones, incluyendo un diseño cuidado donde los detalles se pongan en valor. Las cosas feas ya nos rodean sin quererlo nosotros. Busquemos armonía en los juguetes porque eso nos hará más felices. Un amigo me lanzó un día el reto de buscar una foto donde Ray y Charles Eames no estuvieran sonriendo. Imposible. Todas sus fotos contagían alegría. Debían ser felices.

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