José María Pemán y la enseñanza

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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El primer libro de texto oficial, y obligatorio, para todas las escuelas franquistas, fue el Manual de Historia de España, Primer grado, editado por el Instituto de España en 1939. Se supone que su autora fue Mercedes Gaibrois de Ballesteros, utilizando como modelo La historia de España contada con sencillez, para los niños… y para muchos que no lo son, de José María Pemán, publicado un año antes por Escelicer, en Cádiz. En este libro explica Pemán unas teorías “curiosísimas” y a cuál más peregrina y extravagante. Por ejemplo, la idea que tiene de los moros es para echarse a temblar. Explica José María Pemán que de todos los pueblos que pasaron por la Península Ibérica, el que dejó una impronta más fuerte y duradera en el carácter del pueblo español, constituyendo su base y su fondo, fue el íbero. Este pueblo había venido del norte de África y de él procedían, no sólo los españoles, sino también los moros de Marruecos (sigue siendo la visión de Pemán). Para él, eso explicaría que los moros que invadieron España en el 711, encontraran aquí un pueblo parecido a ellos en muchas cosas y lograran entenderse perfectamente con los españoles.

Es más. Los moros “regulares” que vinieron durante la Guerra Civil, pelearon “alegres y contentos, en el gran Movimiento Nacional, al lado de los españoles”, porque se encontraban “como en su casa” y querían, “como niños, a sus jefes y oficiales” españoles, porque “son como hermanos nuestros”. Aunque Pemán se mostraba así de cariñoso con los moros de Marruecos y aunque los consideraba como de la misma familia, estaba convencido de que no éramos iguales y, por lo tanto, se preguntaba: “¿Qué es lo que ha hecho, viniendo los dos de un tronco común, tan superiores, civilizados y europeos a los españoles frente a los moros?” (Fino y diplomático el Pemán)

Como admirador de Bob Dylan, yo iba a decir que la respuesta está en el viento ya que, ciertamente, algo parecido contesta Pemán a su propia pregunta. Él nos dice que la respuesta es “toda la Historia de España” y, además, “una voluntad fuerte e incansable para afirmarnos y defendernos de todos los peligros”. Ya está. Más claro, agua. Eso es lo que nos ha hecho “tan superiores, civilizados y europeos a los españoles frente a los moros”.

-Perdona la interrupción. ¿Este es el mismo José María Pemán del busto en el teatro Villamarta?

-Sí. El mismo. ¿Quieres saber qué piensa de los partidos?

-¿De fútbol?

-No. De los otros; de los que se utilizan para las elecciones y eso. El ejemplo que nos pone Pemán es el del pueblo godo.

-¿Los godos tenían partidos?

-Mejor que te lo explique Pemán.

“La Monarquía de los godos era electiva: o sea, que al morir un rey no le sucedía necesariamente su hijo, sino aquél que era elegido por votos por los nobles y los obispos, si bien la elección solía caer en un pariente del rey muerto. Esto trae grandes inconvenientes. Como son muchos los que pueden ser elegidos rey, vienen las conspiraciones y luchas para conseguirlo y se forman bandos o partidos, que es lo peor que le puede pasar a una nación: pues los partidos en una nación son como rajas en un cristal”.

-Ya ves. Los partidos “es lo peor que le puede pasar a una nación”. Y eso que los partidos de los godos estaban formados sólo por nobles y obispos, que si llegan a participar obreros y sindicatos, ni te cuento.

-Pero en la Edad Media no se empleaban los términos obrero, sindicato…, sino campesinos, gremios…

-Y siervo, que venía a ser como un esclavo. Trabajar de sol a sol por comida escasa y por un jergón con riesgo de desahucio.

Si no fuera porque el libro de Pemán sirvió como texto en las escuelas franquistas formando, más bien deformando, a muchos españolitos durante tantos años, te diría que tiene su punto de humor; de humor negro, por supuesto. La idea que tenía Pemán de los herejes, y en concreto de los albigenses, es para partirse de risa, si no hubiera sido tan cruenta la desaparición de estos últimos. Decía Pemán: “Los ‘herejes’, entonces, eran considerados como hoy día los revolucionarios: los comunistas o los anarquistas. Eran los perturbadores del orden público. Y de hecho los ‘albigenses’ lo perturbaron grandemente con sus rebeldías, atacando las mismas cosas que atacan los revolucionarios de hoy: las iglesias, la autoridad, la propiedad y la familia. ¿Cómo asombrarse entonces de que los buenos cristianos se defendieran contra ellos?”

Dos siglos de conflictos armados te lo reduce a “perturbadores del orden público”; vamos, “comunistas y anarquistas”. Y claro, “los buenos cristianos” no podían aceptar que otras personas interpretaran la Biblia de otra manera; faltaba más.   

-Perdona que te interrumpa otra vez, pero hay que acabar este artículo. ¿Sigue siendo este Pemán el mismo del busto en el teatro Villamarta?

-Sí. El mismo. Qué pesado. Ya no te cuento más.

-¡Ah! ¿Pero hay más?

-Y tanto.

(Las frases entre comillas están tomadas de José María Pemán, La historia de España contada con sencillez, para los niños… y para muchos que no lo son, Cádiz, Escelicer, pp. 16, 17, 57 y 158)

 

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