Coronavirus en Sarajevo, en una imagen reciente. Autor: Izet Tahirbegović
Coronavirus en Sarajevo, en una imagen reciente. Autor: Izet Tahirbegović

"Todos los países deberían seguir una estrategia COVID-0", dicen Martin McKee y Michael Baker en The Guardian

La estrategia de control y máxima supresión de la transmisión (COVID-0) se ha aplicado ya con éxito en numerosos países como Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Vietnam o Nueva Zelanda. Su objetivo es mantener el contagio lo más residual posible y, en última instancia, eliminarlo en áreas geográficas concretas. Esta estrategia está pensada para aumentar la capacidad de identificar y trazar las cadenas de transmisión, así como de identificar y gestionar los brotes, e integrar también el apoyo económico, asistencial, psicológico y social para asegurar el aislamiento de casos y contactos. 

Cuanto más coordinado, ágil y eficaz sea este proceso, más fácil resultará acorralar e interrumpir la circulación del virus y mantener el contagio en niveles residuales. Y a la inversa, cuanto más baja sea la incidencia del virus, más efectiva resultará la estrategia y más fácil será reducir la pandemia y los diversos impactos que genera en el plano sanitario, social y económico.

Como estrategia de salud pública, la máxima supresión es distinta a la estrategia que busca acabar con la pandemia consiguiendo una infección progresiva de la población (inmunidad de grupo). Esta última puede ser una fórmula de control larga y costosa, especialmente para los grupos con mayor riesgo de contraer formas graves de la enfermedad.

La estrategia de máxima supresión también se diferencia de otras estrategias de contención o mitigación que persiguen evitar el colapso sanitario. La carencia de las estrategias de mitigación es que obvian las fases de transmisión baja o casos esporádicos, y actúan cuando el contagio comunitario ya es muy elevado y ejerce un impacto en el sistema sanitario. Esto, sin embargo, aumenta el riesgo de cronificar la transmisión y de quedar atrapados en ciclos de escaladas y desescaladas de medidas que debilitan mucho la economía, el sistema sanitario y la implicación ciudadana. En cambio, una actuación preventiva y precoz para mantener el control de la transmisión, no solo evita el colapso sanitario a todos los niveles asistenciales, también por patologías que no son COVID-19, sino que permite preservar la salud física y emocional de la ciudadanía y de los profesionales sanitarios, además de mantener la vida social.y económica, y reforzar la confianza y el compromiso del conjunto de la ciudadanía

El año pasado de Covid-19 nos ha enseñado que es el comportamiento de los gobiernos, más que el comportamiento del virus o de los individuos, lo que da forma a la experiencia de la crisis de cada uno de los países.  

Hablar de olas pandémicas le ha dado al virus demasiada presencia. Hasta hace muy poco, las aparentes olas de infección fueron impulsadas por la acción y la inacción de los gobiernos. Solo ahora, con la aparición de variantes más infecciosas, podría ser apropiado hablar de una verdadera segunda ola.

Los gobiernos elaboran sus planes de acción para este 2021 y podríamos esperar que basen sus estrategias en la gran cantidad de datos sobre lo que funciona mejor y las cosas que no funcionan tanto. Y la evidencia hasta la fecha sugiere que los países que buscan la eliminación de la Covid-19 lo están haciendo  mucho mejor que aquellos que intentan suprimir el virus. Apuntar a cero-Covid está produciendo resultados más positivos que tratar de "vivir con el virus".

Aquí hay 16 razones por las que creemos que todos los países deberían al menos considerar un enfoque de eliminación:

1. Salvar vidas. La eliminación de la transmisión del virus minimiza muertes por Covid-19. Los países que buscan la eliminación tienen tasas de mortalidad por Covid-19 que suelen estar por debajo de 10 por millón, que es 100 veces menos que muchos países que "viven" con el virus.

2. Eliminar la transmisión también protege a las poblaciones de “Long COVID19“, que causa problemas de salud persistentes en los supervivientes.

3. Eliminar es pro-equidad, minimiza desigualdades, si también se proporciona una “red de seguridad” social adecuada. Las pandemias causan casi invariablemente un daño desproporcionado a los grupos más desfavorecidos por motivos étnicos, de ingresos y de enfermedades de larga duración. La eliminación de Covid-19 puede minimizar estas desigualdades, especialmente si también se proporciona una “red de seguridad” social adecuada.

4. Países que han eliminado Covid-19 están experimentando menos contracción económica. Por ejemplo, China y Taiwán son lugares con un crecimiento económico en 2020.

5. La eliminación ha funcionado en distintos entornos. A nivel mundial, varios países están aplicando con éxito enfoques de eliminación: China, Taiwán, Vietnam, Camboya, Laos, Mongolia, Singapur, Australia y Nueva Zelanda. Son diversos en geografía, tamaño de población, recursos y estilos de gobierno.

6. El virus puede eliminarse incluso después de una transmisión local intensa. China continental demostró esto en Wuhan. El estado de Victoria en Australia también pudo eliminar Covid-19 incluso después de un período de intensa transmisión local con tasas más altas de las que se informaban en el Reino Unido en ese momento.

7. Es más fácil si más países adoptan este enfoque. Los controles fronterizos se podrán relajar. Esta apertura ya está ocurriendo entre los estados australianos y entre las islas del Pacífico y Nueva Zelanda.

8. El lanzamiento de vacunas eficaces facilitará la eliminación de Covid-19.

9. Tener un objetivo explícito de "Zero Covid" proporciona un fuerte enfoque de motivación y coordinación. La supresión no ofrece un punto final claro, dejando a los países vulnerables a resurgimientos rápidos, como se ha visto recientemente en países como Irlanda. La incertidumbre resultante hace que sea imposible planificar, con enormes consecuencias para las escuelas, los negocios, la vida familiar y mucho más.

10. Es sostenible. Los países que buscan la eliminación han tenido rebrotes pero han sido capaces de contenerlos y recuperar su estado de eliminación

11. Si el virus muta, la eliminación aún funciona. Los principales métodos utilizados para la eliminación de Covid-19 (gestión de fronteras, distanciamiento físico, uso de mascarillas, tests y rastreo de contactos) no se ven relativamente afectados por las mutaciones del virus (aunque, en teoría, los tests podrían ser menos efectivas si el virus cambiara notablemente y el control del brote sería más difícil con variantes más infecciosas).

12. También funciona si las vacunas brindan protección limitada a largo plazo, porque los métodos de eliminación podrían complementar esa limitación.

13. Puede reducir la aparición de variantes más peligrosas. Los enfoques de eliminación dan como resultado muchos menos virus circulante. En consecuencia, habrá menos oportunidades para la aparición de nuevas variantes que sean más infecciosas y que puedan escapar a los efectos protectores de las vacunas o incluso ser más letales.

14. El confinamiento debería ser menos necesario. Un confinamiento breve e intenso funciona para eliminar la transmisión, como Nueva Zelanda, ya que ha estado mucho menos tiempo bajo confinamiento que la mayoría de los países que persiguen la represión, que han tenido que entrar y salir del confinamiento durante largos períodos para evitar que sus servicios de salud se saturen.

15. Los enfoques de eliminación tiene beneficios colaterales: han reducido la transmisión de otros virus, han provocado menos hospitalizaciones y muertes

16. Proporcionar una buena estrategia provisional mientras identificamos un enfoque óptimo a largo plazo

Medidas que los grandes expertos Martin Mackee y Michael Baker plantean y que Helena Legido, @legidoquigley, nos cuenta en un magnífico hilo. 

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