En nuestros colegios e institutos no se educa para la igualdad

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Juan Miguel Garrido Peña

Miembro de la Asociación de Hombre Igualitarios de Andalucía. (A Rocío siempre, antes, después y luego)

Un colegio de Cádiz.
Un colegio de Cádiz.

Hay dos libritos de pequeño formato, fácil lectura y bajo precio, de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adiche, que deberían estar presentes en todas las bibliotecas de nuestros colegios e institutos para que pudieran ser leídos por el alumnado. Sus títulos son “Educar en feminismo”, y “Todos deberíamos ser feministas”. Ellas y ellos lo agradecerían. También el profesorado debería leerlos.

En el epílogo de uno de los libros de esta escritora “El peligro de la historia única”, la filosofa catalana Marina Garcés, se hace la siguiente pregunta, ¿de cuantas historias está hecha una idea?. Y yo me pregunto, de cuantas historias está hecha la idea de la educación en igualdad entre hombres y mujeres, que se imparte hoy en las escuelas.

Pertenezco desde hace años a las Asociaciones de Madres y Padres de un colegio de primaria y un Instituto de Secundaria, soy miembro del Consejo Escolar, participo activamente en la educación pública, por lo que tengo algún conocimiento de cómo se educa en igualdad de género, en los centros andaluces. Y he de decir, que salvo voluntariosos/as y muy meritorios/as docentes, la educación en igualdad entre hombres y mujeres, no deja de ser más que una obligación impuesta por la Administración Educativa, quien tampoco cree mucho en ella, a incluir en los Proyectos Educativos de Centros, y en los Planes de Igualdad.

Documentos programáticos a los que en pocas ocasiones se echa cuenta, y curso tras curso, sirven para cumplir el expediente, adornar Planes de Centros, y Webs Educativas, pero que rara vez se materializan.

La coeducación se convierte así en una asignatura de paja, y no en una materia troncal y transversal que impregna y determina la enseñanza del resto de disciplinas. Enseñar historia sin contar la historia de la discriminación secular de las mujeres, es como contar la historia de Estados Unidos, sin hablar de la discriminación racial, hablar de las civilizaciones, sin decir que estas fueron concebidas por hombres, para hombres, ignorando a las mujeres, o hacerlo de literatura sin contar a alumnos y alumnas, los porqués de la diferencia abismal, entre el número de escritores y escritoras de renombre, o como muchas escritoras tuvieron que esconderse bajo seudónimos masculinos para poder publicar, porque sus editores no lo permitían si conocían que eran mujeres, es contar una historia única, creadora de estereotipos, y roles que conducen a más desigualdad.

A nuestros hijos e hijas en los colegios e institutos se les habla de igualdad, se les dice que los hombres y las mujeres son iguales, pero no se les enseña que en nuestra sociedad esa igualdad no existe, que las niñas y las mujeres lo tienen más difícil que los niños y los hombres, que tienen peores trabajos, cobran menos, y trabajan más, porque son ellas las que además, han de ocuparse principalmente de las tareas de la casa. O que en España, y en Andalucía, nacer niña hoy, es sinónimo de ser ciudadana de segunda, de tener menos posibilidades, y padecer más discriminaciones que los niños.

Los Proyectos educativos de nuestros colegios e institutos contienen pomposas declaraciones en favor de la coeducación, del uso de un lenguaje no sexista, e inclusivo, y sin embargo pocos y pocas son los/as docentes que cuando se dirigen a su alumnado, dicen niños y niñas, todos y todas, o utilizan genéricos que engloben y representen  a los/as dos. No se hace ese esfuerzo porque no se cree en la necesidad y conveniencia de hacerlo.

Los alumnos y alumnas andaluces siguen siendo educados en la misma historia  única, no se les explica la construcción cultural y social que son los géneros, que nada de lo que creen propio y natural de niños o de niñas lo es, y que en ello está la base de las desigualdades y violencias que sufren las mujeres. Tampoco se les educa en sexualidad, ni en la diversidad de orientaciones.

Cada 25 de Noviembre se trabaja en clase, y se realizan participativos y bien intencionadas actividades contra la Violencia de Género, pero no se explica al alumnado que aquella no es consecuencia de la maldad de unos, dos o tres individuos aislados, sino de una violencia estructural consecuencia del dañino y violento concepto de masculinidad en el que somos educados.

Los niños siguen jugando al futbol, y ocupando la mayor parte de los espacios de los patios de recreo, mientras que ellas han de conformarse con ser meras espectadoras, y ocupar los lugares que ellos dejan, sin que nadie se preocupe de evitar esta discriminación, ni de cambiar un modelo de juegos injusto, que sigue favoreciendo al niño sobre la niña, la fuerza y la competitividad, sobre la solidaridad, la habilidad, y las emociones.

Si realmente queremos la igualdad entre hombres y mujeres, y el fin de las violencias machistas, tenemos que cambiar las mentalidades. Es urgente y necesario que en los claustros, equipos de ciclos, y demás órganos educativos la educación deje de ser una incómoda invitada, y se reflexione sobre aspectos, como los sacados a las luz en un reciente informe de la Asociación Americana de Psicología, que dice, algo que ya sabíamos, pero que no deja de ser aterrador y alarmante, que los hombres cometemos el 90% de los homicidios, y representamos el 77% de las víctimas de homicidio, somos el grupo con mayor riesgo de  ser víctimas de delitos violentos, o que tenemos una posibilidad de 3,5 veces mayor de morir a causa de un suicidio.

Podemos seguir engañado y engañándonos pero estos datos nos deberían hacer pensar en la necesidad de cambiar el modelo de masculinidad y feminidad en el que educamos, dejar de hablar de igualdad, y empezar a fomentarla, basada en una educación en valores y principios igualitarios para niños y niñas sin distinción, olvidando los estereotipados y maliciosos conceptos de géneros, que tanto daño causan. Es la única forma de ir construyendo un futuro más igualitario, justo, y menos violento hacía las mujeres, y en definitiva un mundo mejor.

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