Atentos que ya viene el mamarracho de los palcos

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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Lo digo sólo una vez, la Semana Santa es imprescindible y no se debe quitar. Lo otro, lo de convertir las aceras en estrechos chiqueros de dos metros de altura y feos como cagadas de perro, es sencillamente impresentable.

Fue en la Primera Guerra Mundial donde por primera vez, que se sepa, el ejército alemán y el francés decoraron sus trincheras y hicieron una tregua espontánea el día de Navidad, por lo que desde entonces parece obligado amar al prójimo y desearle lo mejor para sus vidas. El lunes siguiente será otro cantar, pero mientras, disfrutemos del momento, carpe diem y ojalá tuviésemos todos los meses un dia de Navidad o diez minutitos en los que obligatoriamente tuviéramos que amar a nuestro vecino aunque deje la bolsa de la basura en su puerta apestando.

En nuestros predios ya se hace hasta aburrido no oír hablar de presupuestos, conflictos laborales, pacto tripartito, ruptura de Podemos, en fin, que esto es un muermo y a los que nos va la marcha, como a mí por ejemplo, los echamos de menos, criaturitas. Espero que nuestros primeros espadas hayan tenido muchas ocasiones para tender puentes durante las fiestas, entre copita y copita, polvorones y pestiños, peces bebiendo y marineritos ramiré, y me gustaría que esos puentes funcionaran al menos hasta que se guarden los polvorones de limón que han sobrado, los espumillones y las lucecitas del árbol. Aunque no las tengo todas conmigo, no veo yo mucho ambiente de abrazos y firmas entre los grupos municipales, ojalá y me equivoque.

Por las esquinas ya se oyen los pitos de carnaval y algunos empezaran a ponerse las caretas. A otros, como se decía antes, sólo les hará falta las gomillas. Otro buen momento para disfrutar de nuestras calles y a los que no lo hayan vivido les animo a que paseen por el centro de Jerez los días de carnaval, se llevarán una grata sorpresa y se divertirán.

Nuestra ciudad se está ganando a pulso ser una de las más animadas durante todo el año, saltando de fiesta en fiesta, y de mostrador en mostrador, que ya hay muchos más bares que esquinas y eso se tiene que notar en nuestra paupérrima economía.

Pero entremedias de estas dos celebraciones viene a vernos el monstruo de todos los años, los palcos de Semana Santa, más feos y molestos que la pista de patinaje de la plaza del Arenal. Lo digo sólo una vez, la Semana Santa es imprescindible y no se debe quitar. Lo otro, lo de convertir las aceras en estrechos chiqueros de dos metros de altura y feos como cagadas de perro, ademas durante al menos dos meses, es sencillamente impresentable.

Afear nuestras calles, que los forasteros que nos invaden en las Zambombas o en el Mundial de motos no paran de elogiar, para convertirlas en horribles laberintos de madera mal pintada es un crimen estético. Lo de poner palcos en varias alturas para que el resto de los vecinos que no pueden o no quieren alquilarlos no pueda disfrutar de las procesiones es una actuación impropia de quienes dicen creer en fraternidad entre hermanos y en la igualdad de los jerezanos, es cuando menos clasista y retrógrado, medieval.

Un año y otro me pregunto, ¿por qué ese empeño en parecerse a Sevilla?, ¿por qué no vuelven las antiguas sillas que permiten a todos los vecinos ver la Semana Santa desde donde cada uno quiera y pueda? Sillas que además no afean nuestras calles, permiten el negocio de las terrazas de los bares, tienen menos problemas de seguridad y solo están puestas la semana que dicen de Pasión. ¿Por qué ese despropósito de gasto cuando se puede hacer de otra manera, con menos despilfarro y casi los mismos ingresos?

¿Pues no parece que los que se rompen el pecho y se suben a la parra cuando se critica lo más mínimo de la Semana Santa son los más empecinados en devaluarla, en hacerla cateta y clasista? Porque, dejémonos de cuentos, los palcos son una expresión cateta de clasismo, más de quienes quieren que les vean en posiciones privilegiadas que quienes quieren ver mejor los pasos y penitentes. Las sillas se ven de otra forma, como esa costumbre antigua de sentarse por la noche en las puertas de las casas, más populares, mas cercanas, aunque en el fondo sean lo mismo, pero no es igual.

En definitiva, los palcos para las plazas de toros, que tienen hasta el color, lo nuestro son las sillas con sus cojines.

P.D. 1: A ver si de una vez publican las cuentas de los palcos para que todos los jerezanos nos enteremos a donde va ese dinero, que también es de todos.

P.D. 2: Me acuerdo en estas líneas y en estas fechas de Pacheco y Pilar y me arañan las tripas cuando veo tantos Aznar, Rato y Blesa en la calle y a cientos de políticos todavía en activo y con los mismos o parecidos comportamientos opinando con un rictus de honestidad y dignidad sobre lo desproporcionado de los encarcelamientos. ¿Me van a venir a decir que en las diputaciones y ayuntamientos donde estuvieron no hicieron contratos falsos para ocultar obras con intencionalidad política o contrataciones de personal para el aparato de los partidos? ¿Que la justicia es un cachondeo? No, tres pueblos más pallá.

P.D. 3: He recibido en mi casa un folleto de la parroquia de Los Descalzos detallándome euro a euro su actividad durante 2016, con pelos y señales, Sólo puedo decirles ¡¡¡ole!!! Así se demuestra la transparencia, la honestidad, sin tapujos, sin artificios. No sé, señor párroco, si la alabanza de un ateo militante como yo le puede hasta resultar molesta, pero no tengo más remedio que destacarla. Perdóneme si es así, pero repito, un ole por su forma de actuar.

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