Cuando la pandemia deriva en trastorno alimentario: “Padecemos una enfermedad, no somos culpables"

El confinamiento, la falta de expectativas, las redes sociales, el colapso sanitario y la conciencia de un presente y un futuro desalentador han sido, en el último tiempo, el caldo de cultivo ideal para la proliferación de casos de TCA entre los más jóvenes

Desorden alimenticio. Cuando la pandemia deriva en trastorno alimentario.
Desorden alimenticio. Cuando la pandemia deriva en trastorno alimentario. MANU GARCÍA

Los últimos dos años han sido difíciles para todos. La pandemia por covid sorprendió al mundo en marzo de 2020, trastocando la vida y la rutina de la mayoría de la población. Sus efectos se hicieron notar pronto en todos los aspectos de la sociedad, pero hubo uno al que afectó especialmente: la salud mental. 

Desde entonces, los medios de comunicación no paran de publicar datos y estudios donde, mediante evidencias científicas, se pone de manifiesto el aumento indiscutible de diversos trastornos psicológicos, sobre todo, de ansiedad y depresión. Tanto es así que, a finales 2020, la OMS no tuvo más remedio que acuñar un nuevo término, la “fatiga pandémica”, con el que hacía referencia al desgaste psicológico provocado por la crisis sanitaria. 

En este contexto, se fraguó un caldo de cultivo ideal para el aumento de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), tal y como apuntan pacientes y profesionales. El confinamiento, la falta de expectativas, el aislamiento social, las redes sociales, la precariedad laboral, el colapso sanitario y la conciencia de un presente y un futuro desalentador han sido algunos de los factores que han provocado un ascenso del 20% en los ingresos por TCA, así como un empeoramiento de los 400.000 pacientes diagnosticados que ya sufrían esta enfermedad en nuestro país.

“Si antes ya faltaban profesionales en la seguridad social, ahora faltan muchos más”

La pandemia no sólo ha sido nefasta para la salud mental de estos pacientes, sino que, además, ha dificultado enormemente su acceso al sistema sanitario, completamente desbordado por la crisis de la covi. “Si antes ya faltaban profesionales en la seguridad social, ahora faltan muchos más”, denuncia María Fernández, psicóloga de la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa (Adaner), que cuenta con sedes de atención psicológica gratuita en Madrid, Sevilla, Málaga y Granada, entre otras ciudades.

“La pandemia ha provocado, al mismo tiempo, un aumento sin precedentes de los casos y una disminución de los recursos, debido al colapso sanitario. El resultado es que el sistema, en muchos casos, no puede brindar a estos pacientes la atención que necesitan, porque, por ejemplo, las citas con los psicólogos son muy espaciadas y eso hace que no resulten efectivas”, señala María.

"En estos casos, las familias necesitan mucha ayuda. Son un pilar fundamental para que el paciente pueda salir adelante"

Como Adaner, son muchas las asociaciones no gubernamentales que ayudan a prevenir y tratar los trastornos alimentarios. “En estos casos, las familias necesitan mucha ayuda. Son un pilar fundamental para que el paciente pueda salir adelante, pero, para ellas, también es muy complejo enfrentar una situación tan dura: necesitan muchos recursos psicológicos y mucha información al respecto para no ser contraproducentes. Ahí también jugamos un papel importante las asociaciones”, indica esta psicóloga experta en TCA. 

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El centro de Adaner en Málaga funciona gracias a la ayuda de numerosos voluntarios.   ADANER MÁLAGA

Con ella coincide Lola (nombre ficticio, 1996), que fue una figura clave a la hora de detectar el trastorno alimentario que estaba padeciendo su hermano. “El entorno es muy importante, tanto la familia como los amigos”, subraya. “De hecho, creo que mi hermano no hubiera llegado al extremo que llegó si, cuando todo comenzó, mi madre no hubiera estado trabajando fuera y le hubiera podido prestar más atención; si yo hubiera estado viviendo en casa en lugar de estar estudiando en otra ciudad; o si mi padre le hubiera dado al tema la importancia que se merecía, en lugar de pensar que era una tontería”, piensa Lola.

 

“Además, que él sea chico, ha sido un lastre, porque todo el mundo cree que este tipo de trastornos solo afectan a las chicas”

“Además, que él sea chico, ha sido un lastre, porque todo el mundo cree que este tipo de trastornos solo afectan a las chicas”, precisa esta joven. “Sus amigos nunca se tomaron en serio esta enfermedad, ni siquiera cuando él dejó de ir a clase. Creo que esa falta de comprensión por parte de la gente de su edad, de su entorno, le hizo, de alguna manera, empeorar. Hay que tener en cuenta que el TCA es un trastorno social: cuando ves que esa misma sociedad que te ha inducido a caer en la enfermedad, te vuelve a dar la espalda, entras en un bucle terrible”, cuenta Lola.

“Hay muchos factores de riesgo, pero la sociedad juega un papel muy importante en los TCA”, corrobora la psicóloga María Fernández. “Los pacientes con trastornos alimentarios, además de ser muy sensibles a las presiones sociales, suelen ser personas con mucha necesidad de control, muy autocríticos, muy exigentes consigo mismos y que llevan muy mal la frustración”, resume esta profesional de Adaner. 

"La pandemia ha sido un caldo de cultivo ideal para el TCA"

“Por eso la pandemia ha sido un caldo de cultivo ideal para el TCA: el virus es algo totalmente descontrolado, que ha trastocado y cambiado la vida de estas personas sin que ellas pudieran hacer nada. Entonces, una forma de ‘canalizar’ y ‘evadir’ esa falta de control sobre sus vidas ha sido caer en ciertas conductas alimentarias, como la bulimia o la anorexia”

La fotógrafa Cristina Otero (1995) sabe muy bien qué significa caer en un TCA como una forma errónea de evadir otros problemas. Ella lleva diez años luchando contra su propia mente para salir de esta enfermedad. Hace poco, la reconoció por fin públicamente en uno de sus post de Instagram, donde cuenta con más de 70.000 seguidores. “Desde hace un tiempo, tengo mi TCA bastante controlado; pero, en momentos tan complicados como los que hemos vivido durante la pandemia, es muy fácil volver a recaer”, reconoce Cristina.

Un autorretrato de la fotógrafa Cristina Otero (1995), que ha padecido un TCA durante diez años. En obras como esta expresa su percepción de la enfermedad.
Un autorretrato de la fotógrafa Cristina Otero (1995), que ha padecido un TCA durante diez años. En obras como esta expresa su percepción de la enfermedad.

“Para mí fue fundamental recibir una buena atención psicológica y contar con el apoyo y la paciencia de mi familia”, confiesa. “Es muy importante aprender que nosotros padecemos una enfermedad, no podemos sentirnos culpables por ello. Yo sé que esta enfermedad ha hecho sufrir mucho a mi entorno, pero no es mi culpa, ni la culpa de nadie que tiene un TCA”, subraya, con profunda convicción, Cristina.

"La gente te dice: ¡Come! o ¡Lo que tienes que hacer es dejar de vomitar! Ojalá fuera así de fácil"

“La sociedad, muchas veces, no nos comprende. La gente te dice: ¡Come! ¡Lo que tienes que hacer es dejar de vomitar! Ojalá fuera así de fácil. Es como decirle a un alcohólico que lo que tiene que hacer es dejar de beber”, explica Cristina. La psicóloga María Fernández coincide con ella: “Para las personas con TCA, ponerse delante de un plato de comida es ponerse delante de un enemigo. Hay que entender el calvario que viven”, afirma.

A Cristina, además del tratamiento y del apoyo de la familia, le ayudó mucho poder expresar lo que sentía a través de la fotografía: “Tengo la suerte de tener una profesión que me ayuda a exteriorizar lo que siento: la frustración, el miedo, el dolor… La fotografía me ha ayudado muchísimo a sortear los intentos de recaer. Cuando fui consciente de que vomitar, en realidad, no me ayudaba a ‘evadir’ mis problemas, sino que lo que hacía era empeorarlos, me refugié en la fotografía, que sí es un buen método de evasión”, cuenta esta joven fotógrafa, conocida, sobre todo, por sus autorretratos.

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The symptom, parte de un autoretrato de Cristina Otero.

“Yo creo que las redes sociales tienen un peso muy importante en los TCA"

Como ella, el 90% de las afectadas por TCA en España son mujeres. En concreto, entre el 4% y el 5% de las chicas de entre 12 y 21 años de nuestro país sufre un trastorno de la conducta alimentaria, según Ita Salud Mental. “Yo creo que las redes sociales tienen un peso muy importante en los TCA. Los trastornos alimentarios tienen un carácter muy social. Cuando tu por Instagram ves que las vidas de todos los demás son aparentemente perfectas y la tuya no, es fácil caer en problemas de salud mental”, advierte Cristina.

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Los grandes atracones son otro síntoma de TCA.  MANU GARCÍA

Daniel (nombre ficticio, 2005) tiene smartphone con perfil en WhatsApp, Instagram o Snapchat desde los 10 años. Él ha sido testigo directo de los efectos adversos que pueden tener las redes sociales en las conductas de los adolescentes. “Hace un año y medio, mi mejor amiga empezó a vomitar todo lo que comía. Yo fuí el que dió la voz de alarma a sus padres”, cuenta, todavía muy afectado por la situación en la que se encuentra su compañera de clase.

"Ella quería ser ‘popular’ en clase y se sentía mal cuando veía a otras chicas en redes sociales que parecían ‘más exitosas’ que ella"

“Carla (nombre ficticio, 2005) lo pasó muy mal al principio de la pandemia. Tuvo muchos ataques de ansiedad porque no sabía cómo gestionar la situación”, asegura Daniel. “A eso se le sumó el hecho de que no estaba contenta con su vida ni con su cuerpo. Ella quería ser ‘popular’ en clase y se sentía mal cuando veía a otras chicas en redes sociales que parecían ‘más exitosas’ que ella. Todo eso hizo que empezara a vomitar, porque así sentía que tenía control sobre algo”, relata su mejor amigo.

“Cuando otra amiga me contó lo que Carla estaba haciendo, dudé mucho, pero, al final, decidí hablar con sus padres, porque me dolía mucho verla así. Ahora está ingresada en un centro y, poco a poco, se va recuperando, aunque sé que tiene mucho camino por delante”, augura Daniel. “Es muy duro volver a clase y ver su pupitre vacío. Piensas: ‘Tal vez podríamos haberla ayudado antes para que no llegara a ese extremo’, pero es muy complicado cuando todo el rato estás viendo en las redes sociales cuerpos ideales y vidas perfectas”, resume, compartiendo una opinión similar a la Cristina Otero.

En Andalucía, unas 70.000 personas padecen anorexia, bulimia o algún otro trastorno alimentario, según la asociación TCA Andalucía. Esta misma entidad publicaba en junio de 2021 que los TCA se incrementaron un 40% en dicha comunidad autónoma durante la pandemia. Las asociaciones provinciales y autonómicas denuncian la falta de recursos y profesionales en la seguridad social para prevenir, detectar y atender los casos de forma temprana. Por el momento, advierten, la respuesta de las autoridades competentes es nula o insuficiente.

Sobre el autor:

Marta Sánchez Gento

Titulada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Granada. Empecé escribiendo en varias revistas de flamenco y en suplementos culturales, y fui becaria en el Instituto Cervantes de Madrid y de Toulouse. Recibí una beca Iberoamérica para estudiar durante un semestre en la Universidad de Buenos Aires y allí conocí otras formas de hacer periodismo. He formado parte del equipo de Contenidos de Bodeboca y de su Magazine Vignerons, y también he puesto voz al programa 'Entre tu orilla y la mía' de Radio Corazón Tropical.

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