"Nuestro aceite es excepcional, pero no lo sabemos vender; no hay aceite español, hay aceite de Jaén"

María del Mar Ferral lleva media vida dedicada a la agricultura. Hace unos años, junto a su padre y su hermano, se convirtió en pionera en la recuperación de la plantación de olivos en la campiña de Jerez

María del Mar Ferral gestiona, junto a su padre y su hermano, un olivar ubicado en plena campiña de Jerez.
María del Mar Ferral gestiona, junto a su padre y su hermano, un olivar ubicado en plena campiña de Jerez. MANU GARCÍA

Luis Ferral siempre ha sido agricultor. Su padre también lo fue, y su abuelo. Cuando era joven, Luís labraba tierras ajenas por el día y, al caer la noche, trabajaba un terreno propio que compró con mucho esfuerzo. Así empezó una empresa agrícola que sus hijos continuaron.

María del Mar Ferral recibe a lavozdelsur.es en una finca de 35 hectáreas donde han plantado olivos superintensivos de variedad arbequina, además de algunos almendros. “Esta finca, cuando la compramos, era un campo pelado: no había olivos, ni almendros, ni balsas, ni nada de nada”, explica la hija de Luis. “Así que estos árboles son como de mi familia: los he visto crecer y hemos peleado mucho para poder sacarlos adelante”.

"Estos olivos son como de mi familia: los hemos visto crecer".
María del Mar, cuidando sus olivos.  MANU GARCÍA

Luis Ferral tiene ahora 78 años. Antes de “jubilarse”, dado el bajo precio de la remolacha y de la vid, se reunió con sus hijos y, juntos, decidieron volver a plantar olivos en la campiña de Jerez, tal y como se hacía en el siglo XVII, antes de que estallara la fiebre del vino. “Mi padre es un ejemplo perfecto de relevo generacional”, cuenta orgullosa María del Mar. “Él nos deja hacer, pero, siempre que lo necesitamos, lo tenemos ahí para aconsejarnos”.

Los Ferral fueron pioneros en el rescate del cultivo de olivos en tierra albariza. Plantaron 60.000 y hasta patentaron su propia marca de aceite. “Este es un olivar superintensivo, más arbustivo y muy productivo”, explica María del Mar, que ha aprendido de estos árboles y de su fruto a marchas forzadas. “Una de las particularidades de la aceituna de esta zona de Cádiz es que la recogemos en septiembre para así tener un aceite de mayor calidad”, confiesa.

La finca de olivos de la familia Ferral en Jerez.
La finca de olivos de la familia Ferral en Jerez. MANU GARCÍA

“Antes lo hacíamos por la noche, pero, ahora, con un nuevo decreto impulsado por los Verdes de Europa, sólo podemos trabajar de día para evitar molestar a las aves migratorias que supuestamente anidan en los olivos”, relata esta olivarera. “El problema es que aquí, en septiembre, hace muchísimo calor. Si recogemos la aceituna a las doce del mediodía, estamos perdiendo mucha calidad. Por eso lo hacemos en las horas más frescas del día, aunque sean poquitas”, asegura.

Los olivos de los Ferral son cosechados con unas máquinas especiales, diseñadas para plantaciones de este tipo. Los camiones cargados de aceituna salen rápidamente a la almazara, “sea la hora que sea”, para que el fruto no pierda sus propiedades organolépticas. “Lo que prima es la calidad del aceite extraído”, explica María del Mar. “Estos olivos, además de ofrecer calidad, son muy productivos. Eso es también lo que nos ayuda a resistir. A los dos años y medio, ya cogimos la primera cosecha, si no, nos hubiera supuesto una inversión mayor”, reconoce.

Las aceitunas que han quedado en los olivos, ya recogidos, de los Ferral.
Las aceitunas que han quedado en los olivos, ya recogidos, de los Ferral. MANU GARCÍA

“Yo creo que el secreto de que este cultivo esté funcionando bien no es solo uno: es el árbol, es la tierra, es la climatología... Es cierto que el Levante no beneficia mucho a estos árboles, porque seca mucho la aceituna, pero también es verdad que la brisa que llega hasta la campiña aporta muchos beneficios”, cuenta esta olivarera, que desde hace más de una década no ha hecho más que informarse acerca del aceite y sus posibilidades.

En 2013, los Ferral decidieron lanzar su propia marca de AOVE, “aunque no pudimos continuar con el proyecto porque era muchísimo tiempo y muchísimo dinero”, declara María del Mar, que fue la encargada de asistir a numerosas ferias internacionales para la promoción de este producto. “El aceite de oliva de España es excepcional, pero el marketing es horrible. Tenemos un producto extraordinario, pero no lo sabemos vender: no hay aceite español, hay aceite de Jaén”, afirma rotunda.

Los olivos arbustivos superintensivos de arbequina en Jerez.
Los olivos arbustivos superintensivos de arbequina en Jerez. MANU GARCÍA

“Por ejemplo, en una feria en Birmingham, me preguntaban que de dónde era el aceite. Cuando yo decía que era de Cádiz o de Jerez, nadie se ubicaba. Sin embargo, si decía que era de un lugar cercano a Tarifa, todo el mundo lo conocía, por el windsurf”, cuenta decepcionada María del Mar. “A veces pienso que tenemos productos tan buenos, que los europeos nos tienen un poco de miedo y quieren que seamos así de torpes en el tema del marketing para que no podamos hacerles una buena competencia”, asegura. “Hay aceites italianos, sin embargo, que se venden como si fueran Channel Nº5. Contra eso, hoy día, los españoles no podemos competir”.

En el último año, los agricultores gaditanos han denunciado que el sector olivarero provincial atraviesa momentos muy difíciles, tanto por sus características geográficas particulares, como por la situación general de la agricultura en España. “La última reforma de la PAC va a hundir a muchos agricultores y va a perjudicar muchísimo el bolsillo de los consumidores”, advierte María del Mar. “El otro gran problema de la agricultura en este país, a mi entender, es que no se permite crecer a los productores: parece un crimen que un agricultor quiera avanzar, invertir y crear su propia empresa agrícola. Por no hablar de los ganaderos, a los que se les está haciendo la vida imposible”, reivindica esta agricultora jerezana.

María del Mar, durante la entrevista en su finca de Jerez.
María del Mar, durante la entrevista en su finca de Jerez. MANU GARCÍA

María del Mar denuncia, además, que los agricultores sufren “una publicidad horrorosa” en materia medioambiental, “cuando, en realidad, somos un sector sumamente controlado por las Administraciones”. En su finca, procuran realizar una agricultura sostenible, por eso cuentan, entre otras cosas, con una balsa para la recogida de lluvia. “Cuando hay años de mucha sequía, como este que se viene, lo único que reivindicamos es que nos dejen regar para mantener a los árboles, que, sin agua, se nos mueren”, explica.

Pese a las dificultades, los Ferral piensan dejar en herencia estas tierras a sus hijos, tal y como hizo su padre con ellos. “Yo he estado sola en muchas reuniones, pero cada vez hay más mujeres que asumen el relevo generacional”, reconoce María del Mar. “También las hay que están empezando a estudiar agronomía o que no tienen miedo a coger un tractor”, asegura. Ella es un buen ejemplo en el que se miran muchas otras que, cada día, pelean por sacar adelante una tierra que cada vez parece más difícil de cultivar.

Sobre el autor:

Marta Sánchez Gento

Titulada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Granada. Empecé escribiendo en varias revistas de flamenco y en suplementos culturales, y fui becaria en el Instituto Cervantes de Madrid y de Toulouse. Recibí una beca Iberoamérica para estudiar durante un semestre en la Universidad de Buenos Aires y allí conocí otras formas de hacer periodismo. He formado parte del equipo de Contenidos de Bodeboca y de su Magazine Vignerons, y también he puesto voz al programa 'Entre tu orilla y la mía' de Radio Corazón Tropical.

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