gentes del sur

Pamela Palenciano: "Los chavales todavía no han entendido que sus privilegios como varones no son sus derechos"

Actriz, comunicadora y activista feminista jiennense, con decenas de miles de seguidores en las redes y un buen puñado de odiadores, acaba de publicar 'No me des la chapa. Feminismo para adolescentes' mientras acumula 23 años en teatros y aulas con su monólogo 'No solo duelen los golpes'

  • Pamela Palenciano posa con su nuevo libro, tras la entrevista con lavozdelsur.es. -

Pamela Palenciano Jódar (Andújar, 1982), actriz, comunicadora y activista feminista, con decenas de miles de seguidores en las redes sociales y un buen puñado de odiadores –públicos y anónimos—, acaba de sacar un libro, No me des la chapa (Nube de Tinta, 2026), en el que habla con adolescentes muy cercanos, se mira a sí misma y trata de hacer autocrítica de su trabajo y sanar viejas heridas.

Con su monólogo No solo duelen los golpes, en escena y en las aulas desde hace 23 años, ha ayudado a muchísimas jóvenes a reconocer espirales de violencia machista y salir de ellas, pero también con el que ha sufrido cancelaciones y amenazas de muerte. Ahora, con el libro, y coincidiendo con su propio cambio vital, vuelve a sufrir cancelaciones, pero esta vez desde su propio mundo, al poner sobre la mesa ciertos errores cometidos por el movimiento feminista –ella incluida-, al abordar la manera de hablar de estos temas con los varones jóvenes.

Pregunta. ¿Crees que, en general, las personas adultas le dan demasiado la chapa a la chavalería?

Respuesta. Escuchando a la chavalería durante 23 años, lo que me llega es que están hasta las narices de que el profe de turno, el director de turno, el padre o la madre, le suelten la chapa. Sienten una presión enorme. Todo el rato se están diciendo: "Cómo es que a mí nadie me escucha", "yo no le importo a nadie", "siempre soy el malo de la película, que no hay quien me aguante…". Hay una queja generalizada entre chicos y chicas, desde los más canis hasta los más pijos, hasta los más nerds: "Al mundo adulto no le interesamos". De ahí, la rabia contra ese mundo adulto. Contra nuestro adultocentrismo. Que es algo que no reconocemos fácilmente. No tenemos con ellos y ellas un diálogo de ida y vuelta, sino un monólogo de la persona adulta hacia las criaturas. En primera persona. Yo llevo veintitrés años haciendo eso, dando chapas.

  • Pamela Palenciano, tras la entrevista con lavozdelsur.es.
  • -

P. A la juventud siempre se la está poniendo en entredicho. Que si la flojera, que si el nihilismo, que si el abuso de las pantallas.

R. Hombre, después de la pandemia para acá, ha habido una ruptura muy bestia. Y creo que hemos sido bastante crueles. Las generaciones anteriores, al menos, sentíamos que había un avance, un progreso, aunque nos criticaran por ser jóvenes. Pero ahora… Qué queremos que haga esta generación de hoy si está todo congelado por un mensaje supercruel que se repite todo el rato: que no hay trabajo, que hay crisis climática, que hay crisis económica. Es normal que piensen que para qué van a estudiar y esforzarse. Creo que debemos tener un poquito más de compasión con esta gente.

P. Desde los institutos se está alertando de un aumento del machismo en las aulas.

R. Entre chavales y chavalas. Sí, ha vuelto. Y muchas chicas abogan ahora por ser las típicas mujeres estereotipadas, sumisas… las tradwifes. Pero esa es la rebeldía, porque llevamos en las aulas veintitantos años, muchas feministas, mujeres y hombres, con el tema de la igualdad, dando chapas. La respuesta ha sido esta.

"Es verdad que hemos salvado a muchas niñas; pero a los chavales les hemos dejado hecho una mierda"

Y por eso yo me he planteado el libro como autocrítica. Que quizás nos hemos equivocado en las formas. Es verdad que hemos salvado a muchas niñas y que les hemos dado un discurso maravilloso a muchas chicas que se han empoderado. Pero a los chavales les hemos dejado hecho una mierda. Hay veces que escucho hablar a un hombre y me digo: "Este escuchó mi monólogo, se enfadó conmigo y ahora lo que está haciendo es despracticando el feminismo".

La cagué mucho con ellos, en masculino. Les metí mucha caña sin ver que eran menores de edad. Y ahora en YouTube me critican mucho por haber retrocedido. Pues qué guay retroceder y hacer autocrítica, ¿no? Pero es que cuando nació mi hijo, la vida me dio un vuelco. Tener un hijo varón es otra historia. No porque vaya a justificar sus comportamientos, pero sí por ver la masculinidad como algo que hay que trabajar.

P. ¿Entonces cómo afrontamos eso ahora?

R. Hace falta, justamente, aparte de la autocrítica, un diálogo, mucha más escucha por parte nuestra. Y la gente adolescente está haciendo su tarea. Hace falta que la gente adulta bajemos de nuestro sitio para poder comunicarnos con ellos desde otro lugar.

Hoy se habla mucho de las terapias del niño interior porque sana la herida de cuando éramos pequeños, pero de la adolescencia casi no se habla porque es una etapa de limbo. A partir de los 18, como ya se puede votar y se puede trabajar, sí que hay un interés por parte del sistema. Pero entre los 11 y 18, el mundo no les mira. El mundo mira a la infancia. La infancia como riesgo, la infancia como producto y negocio.

"El libro es un legado para mis hijos; para que puedan entender que cuando mamá no estaba era porque mamá estaba haciendo esto"

P. En el libro cuentas experiencias tuyas muy íntimas y profundas. Imagino que crearlo ha sido casi como un exorcismo.

R. Para mí, el libro es un legado para mis hijos. Para que mis hijos puedan entender que cuando mamá no estaba era porque mamá estaba haciendo esto. Les he faltado físicamente por haber estado peleando para cambiar el mundo a la adolescencia. Como para decirles, "perdón, hijos, perdón". Pero sí, también es un exorcismo, una catarsis. Necesitaba hacer autocrítica de mis cagadas y de ver que en el feminismo hay muy pocas voces con ganas de mirarse para dentro.

P. Eso te ha causado problemas.

R. Me está costando mucha cancelación sutil y veto invisible, con muchas compañeras feministas que no están de acuerdo con mi postura. Me está costando que me digan que este planteamiento le hace el juego a la ultraderecha. Como cuando en el Congreso de los Diputados dije públicamente que el feminismo la ha cagado con los varones.

Como que me han dicho: "Una mujer que ha salvado tantas vidas con su monólogo, que de repente recule de esa manera...". ¡Pero si yo solo estoy diciendo que nos hemos equivocado en dos cosas! Uno, que hemos sido muy adultocéntricas todas, yo la primera. Y dos, que hemos sido poco estratégicas al hacer pública nuestra división como movimiento, como con el tema trans o el tema prostitución. Y mientras tanto, un montón de adolescentes perdidos con nuestros discursos.

  • Cubierta del nuevo libro de Pamela Palenciano.
  • -

P. Hoy día es fácil cancelar a alguien.

R. Sí. He vivido en El Salvador, el país más violento del mundo, pero si en España supuestamente somos primer mundo y no somos tan violentos, ¿por qué he tenido que hacer monólogos con la policía en la puerta? Porque el ayuntamiento ha tenido miedo de que llamaran por teléfono para decir: "Si va la Palenciano, la vamos a reventar". Eso es cultura de la cancelación. Pero que, de forma sibilina, me cancelen compañeras… eso sí que me ha dolido.

P. Me refería al miedo que muestran muchos hombres a verse cancelados por decir algo públicamente, por tomar posición respecto a un tema concreto sobre las mujeres.

R. Lo que pasa es que los chavales todavía no han entendido que sus privilegios como varones no son sus derechos. Claro que todos tenemos derecho a caminar solos de noche, pero ¿quién se caga de miedo? ¿Tú, por ser hombre, o nosotras las mujeres? Eso es un privilegio. Y eso es lo que no hemos sabido trasladarles.

P. ¿Por qué has decidido darle al libro una estructura no lineal?

R. Esto fue una idea más de Noelia Morgana, que es la que me acompañó a escribirlo, mi doula literaria. Ella me propuso que cada capítulo fuera como un cuadro. Y que mi yo adolescente atravesara todo el libro. Y yo quise que mi hija Lía atravesara el libro, porque es con quien más me he equivocado, siendo mi hija no biológica. Además, eso de ir dando rodeos, palante y patrás, es mi forma, algo que fui incorporando a mi forma de hacer teatro después de vivir tantos años en El Salvador, donde te hablan como en espiral, sin ir directos al grano.

P. El libro no es un manual, no es un ensayo, no es ficción, no es teatro, no es autobiografía, pero lo vas mezclando todo.

R. La editorial quería un manual que fuera feminismo para adolescentes. Pero de entrada le dije que no iba a saber crearlo. Prefería algo que saliera de mis entrañas y de mi propia experiencia.

P. ¿Quién te gustaría que lo leyera?

R. Cuando empecé a escribirlo, me imaginaba una mesa redonda con una familia sentada leyendo el libro en colectivo. Esa fue mi imagen todo el rato. Sé que a un adolescente, por sí solo, no le atraería algo así. Pero al menos, que fuera como una lámpara de sal encima de una mesa, una especie de farito para la gente adulta. Sin sentar cátedra de nada. Que alguien pueda decir: "Bueno, si esta tía ha vivido todo esto que cuenta, quizás me pueda acercar, aunque yo no esté de acuerdo".

Pamela Palenciano Jódar (Andújar, 1982), actriz, comunicadora y activista feminista, con decenas de miles de seguidores en las redes sociales y un buen puñado de odiadores –públicos y anónimos—, acaba de sacar un libro, No me des la chapa (Nube de Tinta, 2026), en el que habla con adolescentes muy cercanos, se mira a sí misma y trata de hacer autocrítica de su trabajo y sanar viejas heridas.

Con su monólogo No solo duelen los golpes, en escena y en las aulas desde hace 23 años, ha ayudado a muchísimas jóvenes a reconocer espirales de violencia machista y salir de ellas, pero también con el que ha sufrido cancelaciones y amenazas de muerte. Ahora, con el libro, y coincidiendo con su propio cambio vital, vuelve a sufrir cancelaciones, pero esta vez desde su propio mundo, al poner sobre la mesa ciertos errores cometidos por el movimiento feminista –ella incluida-, al abordar la manera de hablar de estos temas con los varones jóvenes.

Pregunta. ¿Crees que, en general, las personas adultas le dan demasiado la chapa a la chavalería?

Respuesta. Escuchando a la chavalería durante 23 años, lo que me llega es que están hasta las narices de que el profe de turno, el director de turno, el padre o la madre, le suelten la chapa. Sienten una presión enorme. Todo el rato se están diciendo: "Cómo es que a mí nadie me escucha", "yo no le importo a nadie", "siempre soy el malo de la película, que no hay quien me aguante…". Hay una queja generalizada entre chicos y chicas, desde los más canis hasta los más pijos, hasta los más nerds: "Al mundo adulto no le interesamos". De ahí, la rabia contra ese mundo adulto. Contra nuestro adultocentrismo. Que es algo que no reconocemos fácilmente. No tenemos con ellos y ellas un diálogo de ida y vuelta, sino un monólogo de la persona adulta hacia las criaturas. En primera persona. Yo llevo veintitrés años haciendo eso, dando chapas.

  • Pamela Palenciano, tras la entrevista con lavozdelsur.es.
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P. A la juventud siempre se la está poniendo en entredicho. Que si la flojera, que si el nihilismo, que si el abuso de las pantallas.

R. Hombre, después de la pandemia para acá, ha habido una ruptura muy bestia. Y creo que hemos sido bastante crueles. Las generaciones anteriores, al menos, sentíamos que había un avance, un progreso, aunque nos criticaran por ser jóvenes. Pero ahora… Qué queremos que haga esta generación de hoy si está todo congelado por un mensaje supercruel que se repite todo el rato: que no hay trabajo, que hay crisis climática, que hay crisis económica. Es normal que piensen que para qué van a estudiar y esforzarse. Creo que debemos tener un poquito más de compasión con esta gente.

P. Desde los institutos se está alertando de un aumento del machismo en las aulas.

R. Entre chavales y chavalas. Sí, ha vuelto. Y muchas chicas abogan ahora por ser las típicas mujeres estereotipadas, sumisas… las tradwifes. Pero esa es la rebeldía, porque llevamos en las aulas veintitantos años, muchas feministas, mujeres y hombres, con el tema de la igualdad, dando chapas. La respuesta ha sido esta.

"Es verdad que hemos salvado a muchas niñas; pero a los chavales les hemos dejado hecho una mierda"

Y por eso yo me he planteado el libro como autocrítica. Que quizás nos hemos equivocado en las formas. Es verdad que hemos salvado a muchas niñas y que les hemos dado un discurso maravilloso a muchas chicas que se han empoderado. Pero a los chavales les hemos dejado hecho una mierda. Hay veces que escucho hablar a un hombre y me digo: "Este escuchó mi monólogo, se enfadó conmigo y ahora lo que está haciendo es despracticando el feminismo".

La cagué mucho con ellos, en masculino. Les metí mucha caña sin ver que eran menores de edad. Y ahora en YouTube me critican mucho por haber retrocedido. Pues qué guay retroceder y hacer autocrítica, ¿no? Pero es que cuando nació mi hijo, la vida me dio un vuelco. Tener un hijo varón es otra historia. No porque vaya a justificar sus comportamientos, pero sí por ver la masculinidad como algo que hay que trabajar.

P. ¿Entonces cómo afrontamos eso ahora?

R. Hace falta, justamente, aparte de la autocrítica, un diálogo, mucha más escucha por parte nuestra. Y la gente adolescente está haciendo su tarea. Hace falta que la gente adulta bajemos de nuestro sitio para poder comunicarnos con ellos desde otro lugar.

Hoy se habla mucho de las terapias del niño interior porque sana la herida de cuando éramos pequeños, pero de la adolescencia casi no se habla porque es una etapa de limbo. A partir de los 18, como ya se puede votar y se puede trabajar, sí que hay un interés por parte del sistema. Pero entre los 11 y 18, el mundo no les mira. El mundo mira a la infancia. La infancia como riesgo, la infancia como producto y negocio.

"El libro es un legado para mis hijos; para que puedan entender que cuando mamá no estaba era porque mamá estaba haciendo esto"

P. En el libro cuentas experiencias tuyas muy íntimas y profundas. Imagino que crearlo ha sido casi como un exorcismo.

R. Para mí, el libro es un legado para mis hijos. Para que mis hijos puedan entender que cuando mamá no estaba era porque mamá estaba haciendo esto. Les he faltado físicamente por haber estado peleando para cambiar el mundo a la adolescencia. Como para decirles, "perdón, hijos, perdón". Pero sí, también es un exorcismo, una catarsis. Necesitaba hacer autocrítica de mis cagadas y de ver que en el feminismo hay muy pocas voces con ganas de mirarse para dentro.

P. Eso te ha causado problemas.

R. Me está costando mucha cancelación sutil y veto invisible, con muchas compañeras feministas que no están de acuerdo con mi postura. Me está costando que me digan que este planteamiento le hace el juego a la ultraderecha. Como cuando en el Congreso de los Diputados dije públicamente que el feminismo la ha cagado con los varones.

Como que me han dicho: "Una mujer que ha salvado tantas vidas con su monólogo, que de repente recule de esa manera...". ¡Pero si yo solo estoy diciendo que nos hemos equivocado en dos cosas! Uno, que hemos sido muy adultocéntricas todas, yo la primera. Y dos, que hemos sido poco estratégicas al hacer pública nuestra división como movimiento, como con el tema trans o el tema prostitución. Y mientras tanto, un montón de adolescentes perdidos con nuestros discursos.

  • Cubierta del nuevo libro de Pamela Palenciano.
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P. Hoy día es fácil cancelar a alguien.

R. Sí. He vivido en El Salvador, el país más violento del mundo, pero si en España supuestamente somos primer mundo y no somos tan violentos, ¿por qué he tenido que hacer monólogos con la policía en la puerta? Porque el ayuntamiento ha tenido miedo de que llamaran por teléfono para decir: "Si va la Palenciano, la vamos a reventar". Eso es cultura de la cancelación. Pero que, de forma sibilina, me cancelen compañeras… eso sí que me ha dolido.

P. Me refería al miedo que muestran muchos hombres a verse cancelados por decir algo públicamente, por tomar posición respecto a un tema concreto sobre las mujeres.

R. Lo que pasa es que los chavales todavía no han entendido que sus privilegios como varones no son sus derechos. Claro que todos tenemos derecho a caminar solos de noche, pero ¿quién se caga de miedo? ¿Tú, por ser hombre, o nosotras las mujeres? Eso es un privilegio. Y eso es lo que no hemos sabido trasladarles.

P. ¿Por qué has decidido darle al libro una estructura no lineal?

R. Esto fue una idea más de Noelia Morgana, que es la que me acompañó a escribirlo, mi doula literaria. Ella me propuso que cada capítulo fuera como un cuadro. Y que mi yo adolescente atravesara todo el libro. Y yo quise que mi hija Lía atravesara el libro, porque es con quien más me he equivocado, siendo mi hija no biológica. Además, eso de ir dando rodeos, palante y patrás, es mi forma, algo que fui incorporando a mi forma de hacer teatro después de vivir tantos años en El Salvador, donde te hablan como en espiral, sin ir directos al grano.

P. El libro no es un manual, no es un ensayo, no es ficción, no es teatro, no es autobiografía, pero lo vas mezclando todo.

R. La editorial quería un manual que fuera feminismo para adolescentes. Pero de entrada le dije que no iba a saber crearlo. Prefería algo que saliera de mis entrañas y de mi propia experiencia.

P. ¿Quién te gustaría que lo leyera?

R. Cuando empecé a escribirlo, me imaginaba una mesa redonda con una familia sentada leyendo el libro en colectivo. Esa fue mi imagen todo el rato. Sé que a un adolescente, por sí solo, no le atraería algo así. Pero al menos, que fuera como una lámpara de sal encima de una mesa, una especie de farito para la gente adulta. Sin sentar cátedra de nada. Que alguien pueda decir: "Bueno, si esta tía ha vivido todo esto que cuenta, quizás me pueda acercar, aunque yo no esté de acuerdo".

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