jordi_evole.jpg
jordi_evole.jpg

Ctxt.es sienta a Évole en una escalera de incendios: hablan de periodismo y poder.

Es raro que diga que no. Tras la presentación de CTXT en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Jordi Évole despacha con una sonrisa todas las fotos y autógrafos que le proponen, que son muchos. Quince minutos después, solventadas cumplidamente las servidumbres de la fama, se sienta en una escalera de incendios para conversar sobre el periodismo y el poder.

¿Cómo ve el periodismo en este país? Defectos y virtudes.

Creo que estamos en un momento bipolar, con una ciudadanía que quiere consumir más periodismo que nunca porque tiene muchas ganas de saber y, por otro lado, con unas empresas periodísticas, sobre todo las clásicas, en situación de quiebra económica, como se está demostrando con despidos masivos en algunos medios, unos despidos que, por otro lado, han posibilitado que nazcan nuevos medios con menos ataduras a los poderes económicos y con más capacidad de publicar aquello que los grandes medios ya no pueden publicar.

¿Quién corta el bacalao en este país: los políticos, los periodistas o las grandes empresas?

El bacalao lo corta el poder económico, por eso a veces me quejo de que en el periodismo pongamos tanto la lupa en la política y en los políticos y, a veces, tan poco en aquellos grandes empresarios que, por ejemplo, han aparecido pagando dinero -en papeles que se han publicado- a un partido que ahora mismo está en el Gobierno. Nos fijamos mucho más en el delincuente político que en el delincuente económico, el gran empresario que un día decidió dar una donación a ese partido con dinero negro. Entonces, no sé por qué tenemos esa lupa tan puesta en el mundo político y tan poco puesta en la élite económica.

Tuvo la oportunidad de entrevistar a Florentino Pérez en Salvados. ¿Quién ganó?

Nunca sé quién gana porque tampoco me tomo las entrevistas como un combate a ver quién gana y quién pierde. Simplemente, pregunto. Intento preguntar todo lo que puedo y lo mejor que sé para sacarle el máximo de información a esa persona. Y en el caso de Florentino fue una entrevista tensa, fue una entrevista en la que hubo momentos en los que yo creía que se iba a marchar. Por ejemplo, él tiene o ha tenido siempre muy mala relación con Matilde Fernández, exconcejala socialista del Ayuntamiento de Madrid, y, cuando le puse un vídeo de tres minutos expresamente grabado con ella, aquellos minutos se me hicieron interminables y creo que a él también. Porque no tenía la mirada puesta en el iPad. La tenía puesta en mi cara mientras yo intentaba mirar la decoración que había en el despacho de Florentino. No te puedo decir si le apreté más o menos. Hice lo que pude, como hago siempre. Pero insisto en que no quiero tomarme las entrevistas como un duelo. 

Su estilo como entrevistador parte de la inocencia. ¿No teme que se agote esa marca o ese estilo propio?

No sé si se agotará pero me resulta mucho más cómodo preguntar desde abajo, desde prácticamente no saber nada sobre el tema que se trate, que desde el púlpito, porque creo que la mayoría de los ciudadanos, y yo mismo, cuando me he enfrentado a la mayoría de los temas sabía muy poco de ese tema. Te documentas, haces el trabajo del periodista antes de hacer una entrevista, pero una vez que te pones, si en una entrevista das por sabidas muchas cosas puedes perder gran parte de los espectadores o de los lectores que tienes, porque quizá se han perdido a la tercera pregunta. Y en cuanto a esa locura por la opinión en la que hemos entrado en el periodismo, creo que deberíamos hacer mucha autocrítica. Y empiezo por mí mismo. Yo escribo una columna de opinión en la que, como su nombre indica, tengo que opinar. Pero muchas veces me pregunto si ese es mi papel, si es eso lo que tengo que hacer, escribir una columna desnudando mi ideología o mi pensamiento. Creo que en eso hemos caído muchísimos periodistas. Creo que deberíamos darle al pause y ver en qué estamos convirtiendo la profesión y en qué nos estamos convirtiendo nosotros. Creo que nos hemos olvidado de cuál es nuestra verdadera función, que es intentar explicar a los ciudadanos lo que pasa, sobre todo, lo que pasa por arriba, y que esa información llegue a los de abajo. Y, a veces, no sé si por compadreo con los de arriba, por no querer incomodar, o no sé por qué, esa información no la hacemos llegar de la mejor manera posible a los ciudadanos.

Simplificando, en Salvados hay dos formatos: tema y personaje. Cuando es personaje, es el de arriba hablando al de abajo y, cuando es tema, son los de abajo los que hablan a los de arriba. ¿Cree que últimamente optan más por la fórmula de los de arriba hablándole a los de abajo?

No sabría decirte si habla más el de arriba al de abajo o si los de abajo exponen sus quejas a los de arriba. Intentamos equilibrar, que haya desde el gran nombre (Varoufakis, Pablo Iglesias o Rivera) hasta… Te pongo un ejemplo. En el tercer programa de esta temporada explicamos la historia de un pueblo de cien habitantes de Huesca que en los años sesenta fue desahuciado porque querían hacer un embalse. Hubo dos familias de ese pueblo que resistieron veinte años en la soledad más absoluta. Los demás vecinos se fueron y los de la compañía eléctrica bombardeaban las casas que se iban vaciando para que aquella gente quedase aislada y se pirase. Aguantaron hasta que en 1983 les enviaron a la Guardia Civil y se tuvieron que largar. Hemos encontrado una historia que demuestra una injusticia. Ese pantano al final no se hizo por una declaración de impacto medioambiental de la Unión Europea, pero hecha desde el Ministerio de Medio Ambiente del Gobierno español. Y hemos encontrado al técnico que hizo esa declaración de impacto. Y el tío nos explica todas las presiones que recibió para que aquella declaración de impacto en vez de negativa fuese positiva. Es como mirar por la mirilla y ver cómo funciona la Administración por dentro, con un caso pequeñísimo, que sí es un caso de los de abajo hablándoles a los de arriba.

Es un pueblo de cien habitantes pero creo que es una historia de injusticia universal. Y nos gusta fijarnos en esas historias igual que nos gusta tener en un bar de Nou Barris a Albert Rivera y a Pablo Iglesias. De la historia de este pueblo estoy mucho más enamorado que de cualquier programa que pueda hacer esta temporada, por pequeña que sea o por poca audiencia que haga. Me da igual. Quiero hacer llegar esa historia al máximo de espectadores posible para que se den cuenta de cómo ha funcionado o de cómo a veces sigue funcionando este país, cómo los grandes poderes ejercen su presión para cargarse un pueblo y para hacer que cien familias tengan que cortar sus raíces para nada, para que no se haga un pantano. Y que incluso el tío que estaba en el ministerio, el redactor de aquel informe, te diga: “Yo sufrí mucho con este tema”. Sufrió hasta el punto de que lo largaron del ministerio. Pero logró que, gracias a su integridad, aquella declaración fuese inamovible. Y que no pudiese venir ningún poderoso a decir: “Pónmela positiva, porque yo voy a hacer el pantano sí o sí”. “Pues no, señor, hay una democracia, unos señores que han votado… Y unos técnicos que han decidido que aquí no va un pantano porque esto es un paraje que hay que proteger. No va a haber un pantano por más cabezón que usted se ponga, por más pasta que usted tenga. No”. A mí esas historias me siguen cautivando y me siguen maravillando. 

¿Cómo se gestionan las presiones del poder?

A mí las presiones me ponen cachondo. Y creo que tienen que existir. Hay unos directivos que tienen por encima un consejo de accionistas, y pueden tener sus intereses, lo entiendo, pero siempre y cuando no me acaben condicionando un tema que tengo supercontrastado, que periodísticamente está para salir y para publicarse. Aunque entiendo que me hagan preguntas y tener todo el arsenal de respuestas. Pero también reconozco que a mí me llegan muy pocas de esas presiones porque creo que se encargan de que no me lleguen, saben que soy un bocazas e igual lo cantaba. Siempre digo que nuestra única fuerza es la gente que nos ve. Esa fuerza, que nos permite tener un buen presupuesto para hacer un programa como el que hacemos, tener un buen equipo, nos permite otra cosa, trabajar con libertad, incluso en contra de la opinión que puedan tener los señores que ponen la pasta en la cadena o de los señores que se anuncian en la cadena. Para mí la cuadratura del círculo es hacer un programa sobre las eléctricas, crítico con las eléctricas, y que en la pausa del programa se anuncie Endesa. No tiene que ser incompatible una cosa con la otra. Es que tiene que ser así: tú pones publicidad en un medio porque te interesa que ese mensaje tuyo llegue al máximo número de personas posible. En nuestro caso, para llegar al máximo número de gente posible nuestra fórmula es una fórmula crítica, periodismo crítico, y tú, empresa x, no tienes que condicionar mi contenido, entre otras cosas, porque, si lo condicionas, poco a poco la gente dejará de creer en nosotros, verán que nos bajamos los pantalones. Por tanto, quien pone dinero en la cadena ha de ser capaz de entender que eso no significa cambiar la línea editorial de esa cadena. Esto, que no parece muy complicado, en otras épocas se ha entendido mejor en este país. Ahora debemos hacer pedagogía para que se entienda.

¿Es más libre para hacer periodismo ahora que tiene poder que cuando no lo tenía?

El poder que tenemos es muy relativo. Viene avalado por la cantidad de gente que nos ve. Ese es nuestro único poder. El día que nos deje de ver la gente seguramente será más difícil estar en una cadena comercial y nos tendremos que buscar la vida por otros canales. Ese poder del que hablas yo lo quiero ejercer para explorar dónde están los límites, para seguir incomodando, para no apalancarnos. El peor final de Salvados sería que un día por la calle nos dijesen: “Os habéis apalancado. No nos estáis dando lo que nos dabais. No os lo estáis currando”. El día que perdamos las ganas, la ilusión que tenemos ahora por arrancar otra temporada, el día que perdamos eso, mejor que cerremos. Y el mejor final para un programa como Salvados sería que nos echasen.

¿Por qué ha participado en la presentación en sociedad de CTXT. Contexto y Acción?

Contexto es de esas cosas milagrosas que suceden a veces en el mundo del periodismo y que te hacen reenamorarte de este oficio. Que cuatro locos que podían haberse ido a vivir la vida hayan decidido apostar por el periodismo y nos hayan descubierto nombres como Gerardo Tecé -que escribe unas columnas de puta madre-, o grandes clásicos como José Luis Cuerda –si este fuese otro tipo de país habría un premio llamado José Luis Cuerda-, los viñetistas, la calidad fotográfica que se puede apreciar, el humor gráfico –soy un fan incondicional de La Boca del Logo, veo cosas geniales en esos trazos negro sobre amarillo-… Un milagro. Me siento pequeñito cuando veo esa capacidad de generar con pocos recursos. Yo soy un privilegiado en este oficio. Puedo seguir haciendo lo que hago no te digo con comodidad, porque curramos mucho, pero sí con medios, porque sigue habiendo un gran grupo detrás que ha decidido apostar por nosotros, que sigue apostando y que ha decidido que cada programa tiene un precio que nos permite irnos a Latinoamérica a grabar, a Nueva York, a Atenas, a Rumanía, adonde haga falta, y lo podemos hacer  con una cierta comodidad, económica, porque lo demás son incomodidades.

¿Optimista o pesimista?

Yo necesito ser optimista en la vida. Igual soy un ingenuo, pero cuando suceden milagros como tener una publicación como la vuestra y que como lectores podamos disfrutar de una publicación como la vuestra o milagros como que en un prime time de una televisión  comercial se haya colado un programa como Salvados, donde podemos hacer, a día de hoy, lo que nos apetece y lo que creemos que tenemos que hacer aunque a alguno pueda incomodar mucho, me siento un privilegiado y sería cínico decir que está todo fatal. Hay cosas que están fatal pero de tanto en tanto hay cosas que te hacen creer en el futuro.

¿Quiénes son sus referentes en periodismo?

Soy muy nacional. Tengo pocos referentes internacionales. Lo siento mucho. Mi referente más internacional es García Márquez. Y mis referentes nacionales podríamos ubicarlos en diferentes ámbitos. He mamado mucho de Iñaki Gabilondo, le he escuchado mucho y creo que, casi sin querer, uno aprende cosas, como una lluvia fina. He tenido la suerte de trabajar con un reportero que nos dejó hace muy poquito, Xavier Vinader, que fue el único periodista exiliado en democracia, forzosamente, por un juicio periodístico rocambolesco a finales de los setenta. Soy un gran lector de las crónicas y los artículos de Josep Martí Gómez. Y muy fan también de Enric González. Podría decir más, pero de momento esos cuatro.

Recientemente El Terrat ha dejado de producir Salvados. ¿Cómo van a funcionar a partir de ahora?

De momento vamos a seguir produciendo Salvados, que es lo que sabemos hacer, y empezar a caminar como empresa. A partir de ahí, detrás de Salvados hay un equipazo que seguro que tiene muchas cosas en la cabeza y otros objetivos que ojalá podamos canalizar a través de Producciones del Barrio, que es como hemos llamado esta movida. No sé que pasará. Es una aventura que nos reilusiona pero que también da mucho vértigo.

Pincha aquí para ir al enlace original de esta publicación.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído