El Gusto es Suyo

De recorrer medio mundo como chef a montar en Benamahoma 'La Casita de la Miel': "Es un ingrediente fascinante"

Juan Pablo Torres, cocinero leonés con 35 años de trayectoria internacional, encuentra en la localidad serrana un lugar donde unir su pasión por la gastronomía y la apicultura con una tienda que ha convertido en una nueva forma de vida

  • Juan Pablo Torres, propietario de La Casita de la Miel, en su tienda. -

"Aquí he acabado porque yo he querido; allí nací porque me tocó". Juan Pablo Torres Hernández resume con esta frase una vida que le ha llevado a recorrer medio mundo hasta asentarse en plena Sierra de Cádiz. Leonés de Ponferrada, ha trabajado en España, Italia, Gambia y distintos países europeos, 35 años entre fogones como chef profesional y los últimos 20 formando a otros cocineros para una multinacional. Sin embargo, cuando llegó el momento de pensar en su futuro, el destino lo llevó a Benamahoma.

La historia de cómo llegó hasta la pequeña localidad gaditana es curiosa. Durante varios años estuvo buscando un lugar en el que establecerse definitivamente y un día, mientras se alojaba en un pequeño hotel de Benalauría, en Málaga, vio un punto verde en un mapa. El nombre que aparecía junto a él era Benamahoma. Ni siquiera sabía pronunciarlo bien, pero decidió acercarse para conocerlo. En principio, solo quería descartarlo porque tenía otros planes. "Y ya no me fui nunca".

  • Detalle de varios mieleros, en La Casita de la Miel.
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En Benamahoma tiene todo cuanto quiere: una casa, un huerto, unas gallinas, vecinos con los que detenerse a conversar y un pequeño negocio especializado en una de sus grandes pasiones. La Casita de la Miel, que así se llama, no es una tienda más de productos serranos, sino de un espacio concebido para acercar al visitante la diversidad de la producción apícola de la zona y explicar qué hay detrás de cada tarro de miel que vende.

La apertura del establecimiento llegó después de un problema de ciática y de un accidente, que lo mantuvieron alrededor de un año de baja. Cuando terminó la rehabilitación se dio cuenta de que ya no estaba en condiciones de continuar con el ritmo de viajes que había mantenido durante buena parte de su trayectoria profesional. "El mundo de la miel y las colmenas siempre ha sido mi pasión, aparte de la cocina. Me pareció bien hacer un puente a la jubilación con esta tienda", cuenta Juan Pablo.

El leonés, que se define bromeando como "el chef de la miel", lleva en parte razón. Su experiencia como cocinero le ha enseñado a mirar este producto más allá de su utilización habitual como endulzante. "Es un ingrediente gastronómico de enorme versatilidad, con matices, aromas y posibilidades que todavía son desconocidos para muchos".

  • Exterior del establecimiento, en Benamahoma.
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La idea de abrir una tienda especializada surgió también de observar lo que buscaban quienes visitaban la Sierra de Cádiz. "Me di cuenta de que había tiendas que vendían miel, pero no había una tienda específica tematizada de la miel", explica. Así que decidió buscar proveedores de la zona, conocer a los apicultores y seleccionar personalmente los productos que quería ofrecer. Entre ellos están algunos de los productores que trabajan en el entorno de los parques naturales de Grazalema y Los Alcornocales. Hay que recordar que alrededor del 90% de la producción de miel de la provincia se concentra en los pueblos blancos y buena parte se envasa en Prado del Rey.

En La Casita de la Miel se pueden encontrar variedades de azahar, eucalipto, castaño, madroño, cantueso o brezo, además de diferentes mieles multiflorales. Cada una tiene sus particularidades y responde a las floraciones de las distintas épocas del año.

  • Una persona, a punto de probar una muestra de miel.
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Una de las variedades que más reivindica es la de madroño, que considera especialmente representativa de la Sierra de Cádiz, hasta el punto de considerarla "de las mejores que hay en España". También destaca la de cantueso, "una lavanda silvestre que aporta un aroma muy característico", y la de brezo, que puede ofrecer "matices que recuerdan incluso al humo".

La Casita de la Miel también cuenta con productos como polen, jalea real, propóleo y trozos de panales. Al respecto, recuerda que "a la miel hace 150 años que la estamos metiendo en botes, pero morder un panal es un viaje a nuestros ancestros. Esto hay que probarlo una vez en la vida", recomienda. De hecho, la intención de Juan Pablo es que la visita no consista únicamente en comprar, sino también en descubrir sabores y sensaciones diferentes.

  • Detalle de diferentes tarros de miel de la Sierra de Cádiz.
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Volviendo a su faceta de chef, le preguntamos por la versatilidad de la miel a la hora de elaborar platos. "Siempre me ha parecido fascinante como ingrediente", señala, y recuerda que desde los pestiños y el turrón hasta elaboraciones internacionales como el baklava o unas costillas a la barbacoa lo llevan como ingrediente.

Esa experiencia culinaria es precisamente la que quiere trasladar a una nueva iniciativa que prepara en el propio establecimiento. Está acondicionando un aula de catas donde organizará degustaciones de miel y tapas elaboradas con este producto. También ha desarrollado algunas propuestas gastronómicas propias y trabaja con mieles infusionadas, una manera de demostrar que sus posibilidades van mucho más allá de acompañar una tostada o un vaso de leche.

 

La Casita de la Miel es también un reflejo de su manera de entender la vida, hasta el punto de reconocer que "no tengo aquí un plan de vida porque ya estoy al final de mi carrera profesional". Y en Benamahoma ha encontrado una forma distinta de seguir trabajando, esta vez sin aeropuertos, hoteles ni viajes constantes. "Yo aquí tengo mis gallinas, mi huerto, mis vecinos. Aquí es donde soy feliz realmente".

"Aquí he acabado porque yo he querido; allí nací porque me tocó". Juan Pablo Torres Hernández resume con esta frase una vida que le ha llevado a recorrer medio mundo hasta asentarse en plena Sierra de Cádiz. Leonés de Ponferrada, ha trabajado en España, Italia, Gambia y distintos países europeos, 35 años entre fogones como chef profesional y los últimos 20 formando a otros cocineros para una multinacional. Sin embargo, cuando llegó el momento de pensar en su futuro, el destino lo llevó a Benamahoma.

La historia de cómo llegó hasta la pequeña localidad gaditana es curiosa. Durante varios años estuvo buscando un lugar en el que establecerse definitivamente y un día, mientras se alojaba en un pequeño hotel de Benalauría, en Málaga, vio un punto verde en un mapa. El nombre que aparecía junto a él era Benamahoma. Ni siquiera sabía pronunciarlo bien, pero decidió acercarse para conocerlo. En principio, solo quería descartarlo porque tenía otros planes. "Y ya no me fui nunca".

  • Detalle de varios mieleros, en La Casita de la Miel.
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En Benamahoma tiene todo cuanto quiere: una casa, un huerto, unas gallinas, vecinos con los que detenerse a conversar y un pequeño negocio especializado en una de sus grandes pasiones. La Casita de la Miel, que así se llama, no es una tienda más de productos serranos, sino de un espacio concebido para acercar al visitante la diversidad de la producción apícola de la zona y explicar qué hay detrás de cada tarro de miel que vende.

La apertura del establecimiento llegó después de un problema de ciática y de un accidente, que lo mantuvieron alrededor de un año de baja. Cuando terminó la rehabilitación se dio cuenta de que ya no estaba en condiciones de continuar con el ritmo de viajes que había mantenido durante buena parte de su trayectoria profesional. "El mundo de la miel y las colmenas siempre ha sido mi pasión, aparte de la cocina. Me pareció bien hacer un puente a la jubilación con esta tienda", cuenta Juan Pablo.

El leonés, que se define bromeando como "el chef de la miel", lleva en parte razón. Su experiencia como cocinero le ha enseñado a mirar este producto más allá de su utilización habitual como endulzante. "Es un ingrediente gastronómico de enorme versatilidad, con matices, aromas y posibilidades que todavía son desconocidos para muchos".

  • Exterior del establecimiento, en Benamahoma.
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La idea de abrir una tienda especializada surgió también de observar lo que buscaban quienes visitaban la Sierra de Cádiz. "Me di cuenta de que había tiendas que vendían miel, pero no había una tienda específica tematizada de la miel", explica. Así que decidió buscar proveedores de la zona, conocer a los apicultores y seleccionar personalmente los productos que quería ofrecer. Entre ellos están algunos de los productores que trabajan en el entorno de los parques naturales de Grazalema y Los Alcornocales. Hay que recordar que alrededor del 90% de la producción de miel de la provincia se concentra en los pueblos blancos y buena parte se envasa en Prado del Rey.

En La Casita de la Miel se pueden encontrar variedades de azahar, eucalipto, castaño, madroño, cantueso o brezo, además de diferentes mieles multiflorales. Cada una tiene sus particularidades y responde a las floraciones de las distintas épocas del año.

  • Una persona, a punto de probar una muestra de miel.
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Una de las variedades que más reivindica es la de madroño, que considera especialmente representativa de la Sierra de Cádiz, hasta el punto de considerarla "de las mejores que hay en España". También destaca la de cantueso, "una lavanda silvestre que aporta un aroma muy característico", y la de brezo, que puede ofrecer "matices que recuerdan incluso al humo".

La Casita de la Miel también cuenta con productos como polen, jalea real, propóleo y trozos de panales. Al respecto, recuerda que "a la miel hace 150 años que la estamos metiendo en botes, pero morder un panal es un viaje a nuestros ancestros. Esto hay que probarlo una vez en la vida", recomienda. De hecho, la intención de Juan Pablo es que la visita no consista únicamente en comprar, sino también en descubrir sabores y sensaciones diferentes.

  • Detalle de diferentes tarros de miel de la Sierra de Cádiz.
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Volviendo a su faceta de chef, le preguntamos por la versatilidad de la miel a la hora de elaborar platos. "Siempre me ha parecido fascinante como ingrediente", señala, y recuerda que desde los pestiños y el turrón hasta elaboraciones internacionales como el baklava o unas costillas a la barbacoa lo llevan como ingrediente.

Esa experiencia culinaria es precisamente la que quiere trasladar a una nueva iniciativa que prepara en el propio establecimiento. Está acondicionando un aula de catas donde organizará degustaciones de miel y tapas elaboradas con este producto. También ha desarrollado algunas propuestas gastronómicas propias y trabaja con mieles infusionadas, una manera de demostrar que sus posibilidades van mucho más allá de acompañar una tostada o un vaso de leche.

 

La Casita de la Miel es también un reflejo de su manera de entender la vida, hasta el punto de reconocer que "no tengo aquí un plan de vida porque ya estoy al final de mi carrera profesional". Y en Benamahoma ha encontrado una forma distinta de seguir trabajando, esta vez sin aeropuertos, hoteles ni viajes constantes. "Yo aquí tengo mis gallinas, mi huerto, mis vecinos. Aquí es donde soy feliz realmente".

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